Retrato hablado: Julio Cortázar, escritor

Hijo de diplomático, tuvo tres nacionalidades y, como sucede con los grandes genios, la infancia del inventor del cronopio es la de un niño precoz, que de tan prematuro habría de despertar la desconfianza de la madre

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29/12/2013 00:30 Luis Carlos Sánchez

CIUDAD DE MÉXICO, 29 de diciembre.- Absolutamente seductor y atractivo, personaje entrañable de la cultura latinoamericana, activista político y un hombre que contiene “diferentes escritores” en uno mismo. Amante del box y del jazz, capaz de confiar en el azar, y de una vitalidad comprometida con el desarrollo y progreso de los pueblos latinoamericanos, además de lector incansable y curioso; todo eso fue Julio Cortázar.

Cortázar, dice la escritora de origen argentino Sandra Lorenzano, “no sólo es el escritor, también es el personaje entrañable y muy significativo de la cultura latinoamericana, de lo que fue la búsqueda de la literatura en general en América Latina a partir de la década de los sesenta”. El tributo hacia el escritor argentino comenzó este año cuando se cumplió medio siglo de la aparición de su famosa Rayuela, pero será en 2014 cuando el mundo se vuelque en torno a su figura para conmemorar el centenario de su nacimiento. 

Su presencia sigue siendo tan vital como en la existencia misma. Lorenzano agrega que se trata de un personaje “absolutamente seductor y atractivo, esa pasión suya por el mundo de la cultura, un mundo sumido en la realidad, de un tipo que se dejaba llevar por el azar —elemento fundamental de su vida y su literatura—, de perderse por las calles, su compromiso con las luchas sociales latinoamericanas, un tipo fascinante, muy vital”.

El trabajo paterno como diplomático, llevó a Julio Florencio Cortázar Descotte nacer en la ciudad de Ixelles, Bélgica, un 26 de agosto de 1914. Como sucede con los grandes genios, la infancia del inventor del cronopio es la de un niño precoz, que de tan prematuro habría de despertar la desconfianza de la madre. Enfermizo, viviendo en una casa enorme, cayó en cama en reiteradas ocasiones, en ese lugar germinaría también el espíritu literario del pequeño Cortázar, que sin más, se reponía acompañado de la “excesiva” servidumbre, su madre y los libros.

Tantos que casi resultó lógico el salto hacia la escritura… aunque, sin duda, había talento. La anécdota la recuerda Gonzalo Celorio, quien revisando la biblioteca personal del escritor en París, encontró un ejemplar de Confieso que he vivido “animosamente subrayado”, especialmente un pasaje en que Pablo Neruda refiere su precoz llegada a la literatura y tras escribir un primer poema que enseña a su padre, éste le pregunta de dónde lo ha copiado. Cortázar escribirá, al margen de aquella página: “También me pasó a mí. También mi madre creyó que yo plagiaba”.

Cortázar eligió la carrera de maestro normalista, que concluyó en 1932, y de profesor en Letras en 1935. A esa actividad, siempre combinada de manera amateur con la literatura, dedicó cinco años en la localidad bonaerense de Chivilcoy, entre 1939 y 1944. A partir del siguiente año, Cortázar se mudó a Mendoza y comenzará a despuntar su trabajo literario; en 1946, de regreso a Buenos Aires publica el cuento Casa tomada en la revista Los Anales de Buenos Aires, que dirigía Jorge Luis Borges.

También por entonces escribe diferentes poemas. Darío Jaramillo Agudelo dirá en un texto publicado en la Revista de la Universidad de México: “Hay dos Cortázar sucesivos. Él lo dice. Uno, al que se le acaba el mundo en la Argentina, otro que resucita en otra parte, todavía sin salir de la Argentina. El primero es un maestro formal, discípulo de don Arturo Marasso. El otro es un niño travieso que juega a la rayuela y nos contagia a todos, que escribe para poder respirar e inventa formas de respiración con su escritura”.

Divertimento, su primera novela será escrita en 1949; en 1950 escribe la segunda, El examen, y para 1951 publica Bestiario, una colección de ocho relatos que empiezan a prefigurar el siguiente Cortázar: “El Cortázar que se salió del molde, por lo demás, está cada vez menos interesado en los límites entre los géneros literarios”, señala Jaramillo.

Se marcha a París

Pero 1951 será un año clave en la vida de Cortázar que, cansado y contrariado con el gobierno de Perón, decide marcharse a París, donde prácticamente vivirá hasta su muerte. Muchos escritores han hecho de París su refugio, pero quizá Julio Cortázar entrañe como nadie al escritor latinoamericano en “la ciudad luz”, ahí está ambientada su famosa Rayuela, publicada doce años después de su llegada, y ahí también parten historias con el mundo de las letras y el contacto con otras mentes brillantes como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes u Octavio Paz.

El Instituto Cervantes permite vivir esos encuentros vía electrónica. En su sitio www.paris.rutascervantes.es, ofrece diferentes recorridos protagonizados por los escritores en lengua española que en algún momento han tenido contacto con París. En la ruta de Carlos Fuentes, construida por Florence Olivier, aparece el encuentro entre el autor de Aura y Cortázar.

Es 1960 y los dos escritores del llamado boom latinoamericano se verán las caras por primera vez. En el número 9 de la Place du Général Beuret, Fuentes confunde al argentino con su propio hijo: “Pibe, quiero ver a tu papá”, “Soy yo”, contesta el barbado. Más nutrido aún es el recorrido que permite seguir la  novela que protagoniza La Maga: se trata de 27 lugares, que abarcan una distancia de cinco mil 282 metros, y que termina en la tumba de Cortázar en el Cementerio de Montparnasse.

Instalado en Europa, en 1960, Julio Cortázar publica Los Premios, en 63, Rayuela que estará destinada a convertirse en el primer gran éxito del boom. También de ese año serán sus Historias de cronopios y de famas. También por aquellos años, la actividad política de Cortázar crece. En 1968 se convierte en defensor de la Revolución Cubana.

“En la década de 1960, Cortázar descubre la Revolución Cubana, y vive, según declara reiteradamente, el dolor profundo del que advierte su escasa conciencia política, y experimenta, lo afirma, su “camino a Damasco”. Entonces, para la mayoría de los escritores, artistas e intelectuales de América Latina, el castrismo conjunta la modernidad del espíritu”, escribiría Carlos Monsiváis.

Después, a partir de 1973, con los golpes de Estado en Chile y Uruguay, Cortázar luchará contra la represión política, que a partir de 1976, llegará también sobre Argentina, a donde realizará su último viaje en 1983. Ese año también, François Mitterrand le otorga la nacionalidad francesa y pasará sus últimos años entre sus dos casas en París. Julio Cortázar muere el 12 de febrero de 1984, a causa de una leucemia.

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