Un año negro para el ballet Bolshoi

El mundo de fantasía de ratoncitos, cisnes y muñecos que bailan con gran destreza se vino abajo este año para desentrañar la gran cloaca que existe dentro del sofisticado mundo del ballet, que para muchos es sinónimo de belleza y perfección.

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24/12/2013 17:27 Rosario Manzanos/ESPECIAL

CIUDAD DE MÉXICO, 25 de diciembre.- Seis años de condena en prisión para el bailarín  Pável Dimitrichenko parecen nada comparados con el daño que le ocasionó a Serguei Filin, director artístico de la reconocidísima compañía de ballet del Teatro Bolshoi de Rusia.

En un emotivo testimonio, Filin, atacado por dos maleantes en enero de este año, que rociaron con ácido sulfúrico su rostro y en especial sus ojos, declaró que a pesar de la docena de operaciones a las que se ha sometido “ni siquiera ha logrado todavía distinguir el rostro de sus hijos”.

Pável, resentido con Filin por cuestiones artísticas y amorosas, contrató a dos rufianes para darle una “leccioncita” a Filin: Yury Zanitsky —un ex convicto y desempleado— hizo el atentado y Dimitri Lipatov lo esperó dentro de un auto en marcha para darse a la fuga.

Este tipo de venganzas son cotidianas en Moscú, pero casi siempre están relacionadas con los bajos fondos de la mafia rusa.

El mundo de fantasía de ratoncitos, cisnes y muñecos que bailan con gran destreza se vino abajo para desentrañar la gran cloaca que existe dentro del sofisticado mundo del ballet, que para muchos es sinónimo de belleza y bonhomía.

Nada de eso, porque en las grandes compañías de ballet como el Bolshoi existen crimen, venganzas, mafia, corrupción, lesiones y hasta el intento de homicidio como parte de la vida cotidiana, muy a pesar de que por su belleza sus integrantes parezcan seres salidos de los cuentos de hadas.

Conflicto como modus vivendi

El Bolshoi se ha caracterizado desde hace cerca de 30 años por ser un espacio conflictivo, de traiciones en donde las historias de bailarinas vengativas que ponen vidrio molido en las zapatillas de sus compañeras, bailarines amargados que colocan relojes despertadores en la zona de platea para que suenen en los momentos más significativos de los ballets y técnicos locos que abren rampas para que los intérpretes se maten, no sólo no son leyendas sino que están a la orden del día.

En esta tragedia aparecieron todo tipo de personajes, no para esclarecer qué fue lo que realmente sucedió para llevar a Dimitrichenko a perder su carrera profesional como bailarín, su libertad y hasta la dignidad al ser presentado frente al jurado dentro de una jaula.

Todos culpables

Según la agencia AFP, al principio del dramón se señaló al espectacular bailarín Nikolai Tsiskaridze, de 39 años y estrella de la compañía como “sospechoso”. Todo mundo sabía que el artista, ganador de múltiples premios en todo el mundo, tenía rencillas personales con Filin a causa de las reformas estructurales al edificio del teatro Bolshoi durante su remodelación, que mantuvo cerrado al teatro durante varios años.

Interrogado como si fuese un criminal, Tsiskaridze salió al paso para a su vez acusar a los directivos del teatro de hacerle una persecución criminal como venganza porque algunos artistas rusos de gran renombre habían pedido en noviembre de 2012 la cabeza de Filin y lo habían propuesto a él como la mejor opción para dirigir la compañía.

Por su parte, Filin, de 42 años, habría firmado un contrato por seis años como director artístico en 2011. Para inicio de 2013 había sido víctima de amenazas anónimas e incluso de daños a su propiedad privada: su carro había sido rayado y las llantas perforadas y tasajeadas, su correo electrónico hackeado y sus teléfonos celulares destruidos de forma misteriosa.

Por lo mismo el artista se había quejado en 2011 ante el Ministerio de Cultura de temer por el bienestar de su familia, pero a pesar de que se le ofreció seguridad, se negó porque jamás imaginó que atentarían contra su integridad física.

Su llegada al Bolshoi fue intempestiva y se debió a que el antiguo director, Gennady Yanin, fue parte de un terrible escándalo después de que fotografías suyas teniendo sexo en forma explícita habían recorrido la internet. Yanin había sufrido múltiples amenazas antes de ser acusado de ser parte de una red de pornografía.

Según algunos diarios rusos, la mano dura de Yuri Grigorovich, artista del pueblo durante la Unión Soviética y autor del ballet Espartaco, estaba de por medio, pero nada se comprobó. Grigorovich, a su vez, había sido también víctima de múltiples amenazas y en su momento una buena parte de los integrantes del Bolshoi  solicitó su salida para llenar con nuevos aires a la compañía a la cual renunció a mediados de los años noventa.

El jueves anterior a su atentado, según la versión que dio la secretaria personal de Filin, éste había discutido agriamente con el director del teatro, porque ciertos documentos oficiales un tanto comprometedores habían sido divulgados en internet.

Pobre angelito

De 28 años,  cierto aire de inocencia, mirada lánguida azul clara, blanco como leche, Pável se había destacado como solista. Lo suyo eran los personajes fuertes, como villanos y magos. Iván el Terrible, Rothbart el hechicero que convierte a Odette en cisne e Iván Grozni.

Durante el desahogo de las pruebas en su contra, el joven dio explicaciones tan inverosímiles como el atentado mismo:

 Estaba molesto porque Filin había vetado a la bailarina Anzhelika Vorontsova —pareja del ahora convicto—. Desencajado y lúgubre, frente a las cámaras, Pável aceptó su responsabilidad y afirmó que si bien había encargado “el trabajo”  de arrojar ácido a los ojos de Filin, “los hechos habían sido desproporcionados y fueron demasiado lejos”.

Según un canal de televisión ruso, Filin conocía a Vorontsova de cuando él dirigió el Ballet del Teatro Stanislavsky. Trabajó con ella arduamente para convertirla en una estrella; entonces la joven recibió la oferta para integrarse al Bolshoi y lo dejó con un palmo de narices.

 Según la agencia Ría-Novosti, al poco tiempo Filin fue seleccionado para dirigir el Bolshoi, la reencontró ahí y la vetó. Ella entonces se hizo alumna de Tsiskaridze, enemigo abierto de Filin y considerado como sospechoso y cómplice del atentado.

 Con lo que no contó Pável fue que la policía rusa investigó los números de celular que se marcaron desde la zona del atentado. Dimitrichenko había recibido varias llamadas a su celular desde una zona cercana a la casa de Filin. Lo demás fue seguirlos y aprehenderlos. Los mismos tres aceptaron ser responsables.

Bajo la sentencia de “agresión premeditada con objeto de causar daños corporales graves”, los tres condenados pasarán entre seis y diez años en prisión. Serguei Filin se encuentra prácticamente ciego hasta el momento y el director general del Bolshoi fue removido de su puesto.

Hace unas semanas, en su presentación pública para hacerle saber su condena, Pável era otro: parecía feliz de que sus compañeros hubiesen pedido clemencia para él por ser “un extraordinario compañero”.

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