Fusión y memoria del músico Javier Álvarez

“Mis primeros recuerdos están relacionados con el sonido y la música”, asegura no sin nostalgia el compositor mexicano, quien fue galardonado este año con el Premio Nacional de Ciencias y Artes en la categoría de Bellas Artes

COMPARTIR 
24/12/2013 05:33 Sonia Ayala
Foto: Eduardo Cervantes / cortesía

“En realidad soy como un relojero porque me interesa el mecanismo, me da curiosidad cómo funciona la máquina que es la música”, confiesa Javier Álvarez (Ciudad de México, 1956) quien desde la infancia descubrió la sonoridad de la vida.

Fue por la curiosidad de entender y replicar los sonidos de su entorno lo que llevó a Álvarez a profesionalizarse en la composición musical; primero en México con maestros como Mario Lavista y, luego, en el Royal College of Music en Londres, hasta convertirse en uno de los musicólogos mexicanos de mayor relevancia actualmente.

“La verdad es que mis primeros recuerdos están relacionados con el sonido y la música; por ejemplo de las primeras memorias que tengo es en casa de mis padres; mi padre era arquitecto y le gustaba que todo el sistema de agua estuviera bien presurizado y había un hidroneumático en la casa que aventaba a presión el agua y también salía aire.

“Entonces yo jugaba con las llaves del agua; abría una y empezaba a salir aire, y luego abría la otra para crear sonidos, y así jugaba. Sigo teniendo esa misma curiosidad por el sonido, la música y lo que sucede con ella”, señala en entrevista quien fue galardonado con el Premio de Ciencias y Artes 2013, en la categoría de Bellas Artes.

Desde sus primeros años de vida, el autor de Temazcal hizo de la música su modo de vida, y mientras realizó sus estudios de educación básica y media superior, también cursó la licenciatura en música en el Conservatorio Nacional; así al finalizar el bachillerato consiguió una beca para estudiar la maestría en la Universidad de Wisconsin.

Pasión mata sacrificio

Tal vez en retrospectiva parezca sencillo, comenta el compositor, pero si algo caracteriza los estudios del músico es el sacrificio; abandonar lo que en el momento es diversión para enfocarse en el aprendizaje.

“En la vida de los artistas, o deportistas, o científicos es común que la pasión te lleve a hacer sacrificios.

“De joven mientras mis amigos andaban en bicicleta yo estaba en casa estudiando, pero no estaba descontento porque la pasión hace que no nos parezca un sacrificio”, afirma.

Su constancia se tradujo en un repertorio musical de más de 60 composiciones, desde piezas para coro y orquesta hasta ópera y melodías para cine; que en su mayoría se caracterizan por la hibridación de herramientas, técnicas y elementos culturales para ofrecer no una canción de concierto o popular, sino una obra poética.

Quien también estudió y trabajó por más de dos décadas en Londres considera que ha sido un trabajo de sumar a su proceso creativo a partir de entender el contexto tecnológico y sociocultural en que vive. “Pertenezco a una generación que le tocó transitar de la cultura analógica a la cultura digital, y de alguna manera eso también cambió la visión sobre cómo podíamos hacer nuevas cosas, y qué materiales valían la pena utilizar”, explica quien lo mismo disfruta del jazz y el rock que la música jarocha.

En obras como Papálotl (1987), Offrande (2000) y Bucles recylce (2002) es clara esa hibridación de elementos como pianos, flautas y clarinetes en paralelo con el sonido que producen sartenes, la voz de un tenor y creaciones electroacústicas.  “En ese afán de estudiar y descubrir nuevas propuestas, pues sí trabajo mucho con la fusión de los elementos, desde la música culta pero con un aspecto rítmico que tiene que ver más con la música popular”.

México potencia musical

A decir de quien fuera rector del Conservatorio de las Rosas y fundador de la Escuela Superior de Artes de Yucatán si en el país existieran programas “constantes y coordinados” en educación musical, México sería el principal exportador de compositores e intérpretes.

“No es que no nos importe la cultura en México, porque aquí hay instancias increíbles de apoyo a la cultura que no existen en otros países, lo que pasa es que la mano izquierda no sabe lo que está haciendo la derecha. No hay una coordinación, las iniciativas no están conjuntadas”, opina quien define a la música como una herramienta de desarrollo personal.

Por ello su insistencia en que se retome la educación artística desde las escuelas primarias para que los niños tengan desde edad temprana un aprendizaje estético, no sólo en el sentido de absorber conocimiento sino de aprehender la esencia del arte.

“La música les forma un espíritu, una personalidad, valores, reconocerse parte de una comunidad, y la belleza del aprendizaje es que es recíproco”, concluye Javier Álvarez.

 

Comparte esta entrada

Relacionadas

Comentarios