Excélsior en la Historia: Se cumplen doscientos años del ocaso de Morelos

Agustín de Iturbide derrotó en la Batalla de las Lomas de Santa María al caudillo insurgente, quien intentaba tomar la ciudad que hoy se llama Morelia

COMPARTIR 
22/12/2013 02:51 Juan Pablo Reyes

CIUDAD DE MÉXICO, 22 de diciembre.- La historia de México está llena de paradojas y una de ellas fue cuando el futuro Libertador de México, Agustín de Iturbide, venció en plena batalla nocturna al líder insurgente y Siervo de la Nación José María Morelos, en la Batalla de las Lomas de Santa María, durante la guerra de Independencia.

El historiador y periodista Luis Reed Torres afirma que el 24 de diciembre de 1813 fue un día curioso para la historia mexicana pues dos protagonistas de la historia de México, ambos oriundos de Valladolid, hoy Morelia, se enfrentaron marcando el futuro de la lucha por la Independencia mexicana.

Un día como hoy, pero de hace dos centurias, Morelos se presentó con todas sus tropas en las Lomas de Santa María con el objetivo de tomar la ciudad de Valladolid. Al día siguiente exigió la rendición de la plaza al comandante Domingo Landázuri y escribió un misiva al obispo de Michoacán, Manuel Abad y Queipo en la que le pedía, tras acusarlo de incendiar la guerra con las excomuniones para los dirigentes de la insurgencia, influir en el comandante para que rindiera la plaza a discreción.

José María Morelos y Pavón trató de ejecutar el plan que tenía en mente desde meses atrás para apoderarse de Valladolid, donde buscaría instalar la sede del Congreso y una base de operaciones con el objetivo de invadir las provincias de Guanajuato, Jalisco y San Luis, según se presentara la oportunidad”, relató el historiador Reed Torres.

Para el también escritor, el Siervo de la Nación tenía la firme esperanza de efectuar la toma de Valladolid de forma fácil pues poseía información de que no había más de 800 hombres de guarnición en la plaza, es por ello que sin revelar sus planes ordenó la movilización de las fuerzas que operaban en Veracruz y Puebla bajo el mando de Nicolás Bravo y Mariano Matamoros.

“Muy astutamente combinó sus acciones el generalísimo (Morelos), de modo que el enemigo no sospechase su verdadero intento, Pero el alerta de (Félix María) Calleja, que estaba bien informado de los movimientos del jefe insurgente, advirtió su propósito y ordenó al general Ciriaco del Llano que marchase a defender la plaza, previniendo a Iturbide que con las tropas del Bajío se uniese a Llano en Acámbaro”, detalló el historiador Alfonso Trueba, autor del libro Iturbide. Un destino trágico.

El ataque a Valladolid inició el 23 de diciembre cuando Galeana y Bravo se apoderaron del fortín de la garita del Zapote. Al día siguiente  el general Del Llano y el coronel Agustín de Iturbide entraron en Valladolid con la duda sobre si Morelos pensaba atacar la plaza durante la noche o no.

Por ello dispuso que, quien consumaría la guerra de Independencia ocho años después, practicara, al mando de 360 hombres un reconocimiento de la zona.

Se acercaba la noche del 24 de diciembre de 1813, cuando Agustín de Iturbide decidió no realizar el reconocimiento e inició la acción militar contra la infantería insurgente que se encontraba en las Lomas de Santa María. Así emprendió el asalto contra el campamento en el que se encontraba Morelos, “defendido por 27 cañones”.

Llegó la oscuridad de la noche de navidad, lo que provocó el desconcierto entre las filas insurgentes provocada por el inesperado ataque de Iturbide. En el campamento la confusión imperó y el desorden así como la derrota se hicieron presentes cuando las tropas de Morelos, creyendo que los realistas estaban entre ellos, combatían unos contra otros. Las tropas de Iturbide resultaron ilesas.

Trueba relata que Iturbide, acompañado por Miguel Barragán, quien llegaría a convertirse en Presidente de la República, volvió a Valladolid, apenas unas cuantas horas después de haber iniciado la acción, llevando por trofeo de su victoria cuatro cañones y dos banderas insurgentes. El ejército del Siervo de la Nación se dispersó “en precipitada fuga”. Morelos huyó con su escolta abandonando artillería, municiones y todos los instrumentos necesarios para la guerra recolectados desde su primera campaña.

“La de las Lomas de Santa María más que una función de guerra, se asemeja a las ficciones de los libros de caballería, en que un paladín embestía y desbarataba a una numerosa hueste: En ésta, Iturbide con 360 valientes, acomete en su propio campo a un ejército de 20 mil hombres acostumbrado a vencer, con gran número de cañones, y vuelve triunfante entre los suyos, dejando al enemigo en tal confusión que los insurgentes combaten unos contra otros”, describió el historiador Lucas Alamán en el tomo IV de su libro sobre la Historia de México.

De acuerdo al parte presentado por Agustín de Iturbide a sus superiores realistas, el resultado más importante de la batalla había sido la prueba principal de que José María Morelos y Pavón no era invencible.

Hay quien critica que Iturbide no arrestara a Morelos durante la batalla, sin embargo para el historiador y ahora embajador de México en Ecuador, Jaime del Arenal, no debe considerarse un fracaso de Iturbide no haber capturado al Generalísimo pues simplemente no le correspondió hacerlo.

Tras la derrota sufrida en las Lomas de Santa María, la hasta el momento exitosa campaña militar de Morelos y Pavón comenzó a debilitarse a pesar de sus posteriores logros como la declaración de la Constitución de Apatzingán el 22 de octubre de 1814 y la defensa del Congreso perseguido por las fuerzas realistas lo que después provocó su arresto y fusilamiento.

En tanto, Iturbide se convirtió en un invicto jefe militar, encargado de custodiar la zona del Bajío y, según relatan varios historiadores, comenzaba ya a pensar en concretar la Independencia de la Nueva España pues, dice Alamán, que en una carta por el obispo Abad y Queipo al virrey, éste aseguraba que Iturbide “estaba lleno de ambición y no sería extraño que andando el tiempo él mismo efectuase la Independencia”.

De acuerdo con el historiador José Luis Reyes, durante la Nochebuena de 1813 se definieron dos puntos trascendentales para la historia de nuestro país: El primero fue que la gloria militar de Morelos quedó eclipsada para no volver a brillar, mientras que la del joven coronel Agustín de Iturbide comenzó a resplandecer.

Comparte esta entrada

Relacionadas

Comentarios