Retrasar el apetito
Dore Ferriz
17/03/2013 00:34
Cuando se comen alimentos ricos en azúcares refinados, hay un incremento abrupto de la glucosa en sangre. Y se metaboliza superrápido. Al poco tiempo ya no hay glucosa. Básicamente hay un descenso que termina despertando de nuevo el apetito, en especial por el azúcar. Lo bueno es saber que existe una alimentación que controla estas variaciones en la glucosa y que, por lo tanto, logra contrarrestar el hambre.
La consistencia de los alimentos (sólidos, líquidos), el modo de cocinarlos, su densidad nutritiva, la combinación alimentaria o la cantidad ingerida, son elementos que afectan el grado de saciedad. Porque definitivamente no es lo mismo tomar un jugo de naranja (que lleva hasta cuatro cítricos) que comerlas. De hecho no creo que haya quien se las coma. De ser así, aguantaríamos tres horas sin comer. Cosa que con el jugo no pasa.
El tipo de carbohidrato, proteína, grasa y agua en los alimentos, influye directamente en el índice de saciedad.
La fibra es el carbohidrato ideal. Esta sustancia se encuentra en las plantas, frutas, verduras, leguminosas y granos. Su ingesta le agrega volumen a la dieta. Esto provoca un efecto saciante rápido y puede ayudar a controlar el peso. Igualmente ayuda a la digestión, a prevenir el estreñimiento y algunas veces se utiliza para el tratamiento de diverticulosis, diabetes y cardiopatía.
La elección proteica en nuestra dieta es primordial. Las fuentes animales (carne, pollo, cerdo, pescado, lácteos) contienen colesterol. Es cierto que se trata de proteínas completas. Sin embargo, también las encontramos en las verduras, frutas, granos y leguminosas. Si bien es cierto, se trata de aminoácidos o “proteínas incompletas” que logran el conjunto proteico tras una dieta variada. Este tipo de alimentación vegetal ha sido relacionada, en varios estudios, a la prevención y cura de varias enfermedades. La más famosa es la soya, pues contiene 33 gr. de proteína por cada 100 gr. Pero los cacahuates no se quedan atrás con 22 gr. por la misma unidad de peso. El frijol tiene 23 gr., ¡no está nada mal!
La grasa, aunque ha sido tachada en las dietas como un elemento de engorda, es necesaria para muchísimos procesos metabólicos, entre ellos el desarrollo neurológico. Su elección debe concentrarse en ácido linoléico y omegas. Encontrarlo es sencillo en verduras, frutas, granos y pescados. Verdolaga, espinaca, piña, almendras.
La presencia del agua en el organismo es vital. Una célula deshidratada no puede trabajar, punto. Además de los famosísimos dos litros, también la vamos a obtener de nuestros alimentos. Hay agua en las manzanas y hasta en el pan. Y lo importante de destacar es que, entre más agua tenga un alimento, menos calorías. Así la elección de productos bien hidratados nos va a ayudar a sentirnos satisfechos y a bajar de peso.
La industria alimentaria y la farmacéutica centran gran parte de sus esfuerzos de investigación y desarrollo en dar respuesta a esta cuestión de reducir el apetito. Un descubrimiento reciente de un centro de investigación catalán, es la fagomina. Un componente extraído del trigo sarraceno. Los investigadores explican que retrasa la absorción de la glucosa presente en los azúcares refinados y en el almidón, lo que supone una esperanza para muchas personas con obesidad y sobrepeso. Según señalan, la producción de esta sustancia permitirá el desarrollo de alimentos funcionales que sirvan para el control del peso.
No obstante, cabe tener en cuenta las pesquisas derivadas de un estudio realizado por la Facultad de Ciencias Biológicas y Ambientales de la Universidad de Birmingham, en Reino Unido: que muchos complementos dietéticos a la venta carecen de fundamento científico. Este estudio no admite el uso de la hoodia gordonii, el fucus vesiculosus, el nopal o la garcinia cambogia.
Reitero que la dieta más efectiva es la selectiva. Adelgazar es posible si lo que se toman son hábitos y no pastillas. Todos los días comemos y es una necesidad que implica esfuerzo, conciencia y control.
