Yogur

Dore Ferriz

10/02/2013 00:30

Yogur

El nombre del yogur tiene su origen en una palabra búlgara: jaurt. Es precisamente de la zona de los Balcanes y Asia Menor de donde procede este manjar lácteo. Las tribus nómadas notaron que la leche se convertía en una masa semisólida al transportarla en sacos de piel de cabra. El calor y el contacto de la leche con la piel de cabra fomentaban la acción de bacterias ácidas que derivaron en su fermentación. Al volverse un alimento de conservación se popularizó entre estos pueblos. Al ser nómadas lo llevaron a distintas partes del mundo. Pronto se incorporó a la cocina de numerosas civilizaciones. No tardaron en encontrar sus propiedades, con las cuales Grecia curó afecciones estomacales e intestinales. La India lo atribuyó a los dioses bajo el nombre de dahi.

A raíz de los descubrimientos de Iliá Metchnikoff, microbiólogo ucraniano Premio Nobel en 1908, el yogur se convirtió en el alimento más popular del siglo XX. La longevidad de los pueblos balcánicos llamó mucho su atención. Metchnikoff, logró demostrar en sus estudios los efectos que las bacterias del yogur tienen sobre la flora intestinal.

Los organismos vivos que habitan este alimento transforman la lactosa en ácido láctico. Un componente que impide el desarrollo de bacterias dañinas en el intestino, derivadas de la descomposición de los alimentos. Igualmente encontró una interesante cantidad de vitaminas del grupo B en su composición.

La acción que el yogur tiene sobre el sistema digestivo lo convierte en una barrera natural contra todo tipo de infecciones y enfermedades. Reduce el colesterol porque permite absorber las grasas con más facilidad. El equilibrio intestinal que deriva tras su ingesta regula tanto la diarrea como el estreñimiento. Del mismo modo minimiza los efectos secundarios de los antibióticos y protege el estómago de la erosión que producen ciertos medicamentos.

Hoy existen muchas variedades de yogur. La cuidadosa elaboración mediante tanques de leche pasteurizada y homogeneizada permite darle a la leche las condiciones necesarias para generar bacterias. Así, los ingredientes y el modo de elaboración determinan los tipos de yogur: líquidos, cremosos, desnatados, con frutas.

Evidentemente, su mayor cualidad es su contenido en calcio. Aliado en el fortalecimiento de huesos y dientes sanos. Sus proteínas, grasas e hidratos de carbono —con predominio de la lactosa— suministran la energía suficiente para afrontar una jornada ardua. Lo mejor es que no engorda. Cien ml de yogur contienen 86 calorías. Uno desnatado, sólo 34, por lo que es el más recomendado en todas las dietas. Las vitaminas del tipo A y B, el ácido fólico, fósforo, potasio, magnesio, cinc y yodo complementan idealmente su contenido nutricional.

 

Para todos los gustos y necesidades.

Yogures desnatados o “bajo contenido de grasa”:

Por cada 100 gr hay menos de 3 gr de grasa. Entonces contiene menos de 40 Kcal.

Yogur sin azúcar:

Si los azúcares están presentes de forma natural en el producto, debe indicarse en la etiqueta de la siguiente manera: “contiene azúcares naturalmente presentes”. Estos son apropiados para personas que sufren de diabetes o aquellos  que desean reducir los azúcares de su dieta.

Yogures con más calcio:

El aporte de calcio en los yogures normales oscila entre 150 y 170 mg por unidad (125 g), mientras un yogur enriquecido en calcio puede tener 400 mg por unidad (125 g), el doble. Recomendables para quienes necesitan fortalecer su consumo en este mineral.

Yogures con trozos de fruta.

Con el fin de garantizar un contenido mínimo de yogur en el producto final, que evite el fraude, los yogures con frutas, zumos y/u otros productos naturales, deben contener 70% de yogur en el producto terminado.

Por todas estas razones, el yogur es un alimento muy recomendable para todas las personas de cualquier edad y condición.

                @DoreFerriz

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