Españoles hicieron del DF su refugio

Los descendientes del exilio español se han mimetizado tanto con la ciudad que han abandonado sus tradiciones

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30/03/2014 08:10 Ximena Mejía

CIUDAD DE MÉXICO, 30 de marzo.- Los hijos, nietos y bisnietos de los 20 mil refugiados que arribaron a México por el puerto de Veracruz hace 75 años a bordo de barcos  como el Sinaia o el Mexique,  actualmente ya no pactan encuentros con otros jóvenes de la comunidad en los lugares donde se reunían sus ancestros, sino se han adaptado a los centros chilangos.

La década de los sesenta vivió el mayor esplendor de los centros de reunión españoles cuando la comunidad de exiliados por la Guerra Civil llenaba tardes y noches lugares como  el Orfeó Català,  Casino Español, Salón Covadonga, Centro Castellanos y Centro Gallego  para platicar,  jugar dominó o cartas, beber cerveza, realizar tertulias o practicar bailes como la Sardana catalana.

La presencia de españoles se mantiene en la Ciudad de México como dueños de negocios de peleterías en la calle de Uruguay,   o tiendas de casimires, en Isabel la Católica, cuyo dueño, Antonio Aranda, es uno de los 500 Niños de Morelia rescatados por petición de Amalia Solórzano, esposa del entonces presidente Lázaro Cárdenas. 

En cantinas y restaurantes  como la Transatlántica  y el Mesón del Cid, cafés como el Villarias, en el Eje Central y  hoteles en el Centro Histórico y en las colonias Roma, Polanco y  Condesa, que  eran sitios de reunión de los exiliados para sus tertulias,  ahora es más común ver ahí a mexicanos y otros extranjeros que a los mismos descendientes de los españoles.

Al igual que sus acentos, que  se han alejado al nato de sus antepasados, reconocen sus padres, los jóvenes se han adaptado a los centros chilangos donde conviven tanto capitalinos como estadunidenses, europeos, asiáticos, y latinoamericanos,  en los centros de moda de las colonias Roma, Coyoacán y Polanco.

No asisten sin embargo al Centro Cultural España, en República de Guatemala 18, que tiene un concepto acorde a una generación más joven en la terraza bar, cuyo encargado de la barra explica que  la ausencia se agudizó debido a que se cancelaron las presentaciones de músicos españoles, por la crisis del país de la Península Ibérica.

Las cantinas y restaurantes donde sus padres y abuelos suelen todavía reunirse, conservan el esplendor de cuando  los exiliados esperaban el fin de la Segunda Guerra Mundial con la esperanza de regresar a España, mantienen las recetas tradicionales e incluso los ingredientes que compran en los negocios La Catalana y el Porvenir en el Mercado de San Juan, en el centro, y son los únicos  sitios que suelen ser pisados por los jóvenes únicamente cuando se transmite el clásico de futbol  Barcelona  contra Real Madrid.

El caso del Casino Español, que tiene 152 años  y fue  un espacio de encuentro para los castellanos, gallegos y asturianos exiliados que por las tardes llenaban el mesón para jugar billar, dominó, cartas, tocar la gaita, celebrar las fiestas de Santiago y  la Virgen de la Pilarica, además de realizar los compromisos nupciales en donde las madres elegían al novio para sus hijas no es tan distinto.

Francesc Vinyals, quien llegó de Barcelona en 1971, y Agustín Inguanzo, concesionario de ese restaurante, quien llegó   del pueblo de Llanes en la provincia de Asturias en 1978, consideran que las nuevas generaciones ubican estos puntos de encuentro únicamente por la tradición de sus abuelos y padres.

Ya los nietos de españoles que nacen aquí tienen otros centros con otro tipo de instalaciones, ya no conocen este lugar, sino únicamente de nombre y de que sus abuelos lo frecuentaban”, reconoce Inguanzo, quien comenzó a los 22 años a trabajar en el DF como elevadorista.

Vinyals,  recuerda que en la España franquista México estuvo vetado  por no aceptar el gobierno dictatorial, únicamente se hablaba sobre acontecimientos amarillistas o catástrofes naturales. Sin embargo él deseaba venir a México por las oportunidades laborales
que ofrecía.

La emoción de Vinyals no se esconde al hablar sobre la tradición del Orfeó Català, el centro que  nació en 1906, y que estuvo a punto de desaparecer,  pero se fortaleció tras el arribo del exilio cuando los catalanes se reunían para cantar canciones en la espera de su regreso.

Comensal del Orfeó Català desde hace 43 años,  comparte su mesa con otros catalanes que viajaron a México  en busca de oportunidades. Cuenta  que se casó con una mexicana y que sus hijos son mexicano-catalanes, por lo que hace un esfuerzo en continuar las tradiciones, debido a que los otros centros catalanes  y las tradiciones  están “languideciendo” debido a que los jóvenes no asisten.

Actualmente las cosas ya son distintas porque es un problema que tienen todos los centros españoles y en nuestro caso no es una excepción, porque esas cosas ya las están manejando los hijos y los nietos de los que llegaron, y el grado de integración con México ha hecho que los lugares también se mexicanicen.

 Con el tiempo y la resignación de haber sido abandonados por los aliados, quienes permitieron  que Francisco Franco tomara el poder hasta su muerte en 1975, los padres sembraron en sus hijos el sentimiento de ser mexicanos pero sobre todo capitalinos.

“Mis padres no quisieron que fuéramos extranjeros en nuestra propia patria, y a pesar de que en la casa se hablaba en catalán y la atmósfera fuera republicana, nunca se alimentó el sentimiento de que no pertenecíamos a este país y que teníamos que regresar a Cataluña en cuanto se pudiera.

“Fuimos criados como mexicanos y nos sentimos como mexicanos. Yo soy tenochtla. Soy defeño, soy chilango”, asegura  Marcelino Perelló, ex líder del Movimiento del 68 en México, de donde fue exiliado a Rumania tras la persecución del Estado

Para Vinyalas esta fusión es mayor con los descendientes de catalanes que de otras regiones españolas. Presume: “Soy mexicano. Me siento más mexicano que la gente que haya nacido aquí: yo elegí venir a México y continuo viviendo aquí, somos mexicanos, somos catalanes”.

La Ciudad de México creció con su presencia

A su llegada a la Ciudad de Méxicoa  los españoles afines a la Republica  les pareció atractivo el impulso cardenista en materia industrial, educativa y académica de la UNAM.

Provenientes de grandes urbes como Barcelona y Madrid, los refugiados vieron en el DF un modelo similar a sus ciudades, por lo que  se ubicaron aquí, pese a haber acordado vivir en el campo para desarrollar actividades de agricultura y pesca.

La investigadora Dolores Pla Brugat,  considera que estas razones fueron las que determinaron su  mayor presencia en la Ciudad de México, por lo que hoy son parte de su vida cotidiana.

“Este exilio  no venía del campo y por eso el intento  de distribución fue fallido,  no estaban acostumbrados a vivir en localidades pequeñas, venían de lo más moderno de España tanto en términos culturales como industriales”, explica la autora de El Exilio Español en la Ciudad de México, legado cultural.

Agrega que el crecimiento en México de la industria constructora, química,  comercial  y cultural se debió a “la coincidencia de la necesidad del  gobierno de Cárdenas que ya no podía pagar a Estados Unidos productos y personal industrial, con el exilio de los españoles que estaban calificados”, lo que impulsó el crecimiento del país y el retraso de España.

Reconocen obra de Cándido Mayo

El fruto de la semilla que sembró Cándido Mayo a su llegada a México dio un nuevo retoño, único en el resto del mundo, que permanecerá para disfrute de la capital en los límites de las colonias Obrera y Doctores.

La Plaza Cándido Mayo, única consagrada a la memoria de un reportero gráfico, fue recuperada para albergar el recuerdo de uno de los tantos republicanos españoles que fueron obligados a trasladar su lucha al otro lado del Atlántico.

Un muro pintado de negro que fue grabado con letras blancas anuncia al visitante que el busto de bronce que ahí fue instalado pertenece a la figura del fotógrafo español que llegó a Veracruz el 13 de junio de 1939.

Tras una gafas de pasta se resguarda la mirada del llamado “fotógrafo de lo humano”: ojos que revelan la mezcla dispar del pasar de tiempos convulsos en la España que se tornaría franquista y el recuerdo de la tierra gallega en la que nació el 23 de abril de 1922.

Su infancia terminó pronto, pues los acontecimientos históricos que marcarían a España apuraron su partida de La Coruña, puerto histórico de las Rias Altas, en dirección a Madrid, en donde en 1934 nació como fotorreportero al hombro con su hermano Francisco.

Cándido participó activamente en la Guerra Civil desde la trinchera del periodismo gráfico al colaborar con el Estado Mayor del Ejército Republicano y como corresponsal de guerra para París Match y la agencia TASS de Moscú.

A 75 años del exilio español, su hijo, Francisco de Souza Mayo, presidente de la Fundación Cándido Mayo, recordó la travesía que llevó a su padre de Madrid a Valencia, Barcelona, Francia, Veracruz y finalmente al DF.

La plaza que fue recuperada por el Gobierno del DF recuerda el legado que la Agencia Mayo dejó sobre la vida del México posrevolucionario y su paso a la modernidad; así como de las miles de fotografías que dan cuenta de la historia de la capital, entre 1970 y 2000.

“Este lugar, estaba totalmente abandonado, generaba espacios de convivencia difícil, de algunas situaciones no deseadas y que hoy se dignifica”, destacó Miguel Ángel Mancera, jefe de Gobierno del DF.

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