Retrato hablado: Richard Meier, el armonizador de la luz

El ganador del Premio Pritzker 1984, llegará a los 80 años de edad con una serie de construcciones en curso, como la Torre Cuarzo y las Torres de Reforma, ambas en el DF

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16/02/2014 02:35 Sonia Ávila
Ilustración: Julio Grimaldo

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de febrero.- Anteojos circulares que cubren su juguetona mirada de ojos verdes. Cabellera grisácea que poco a poco adopta su color preferido: blanco. Rostro surcado por facciones de casi ocho décadas de vida. Porte firme como sus diseños urbanos. Es Richard Meier (Newark, Nueva Jersey, 1934), el arquitecto de la luz y la línea recta.

El arquitecto que no construye edificios, sino crea espacios; el que contiene todos los colores de la naturaleza en muros blancos, quien simboliza pureza y claridad de un modernismo fiel a la forma clásica e  induce los sentidos del hombre a reaccionar frente a la simpleza de la perfección, representa en sí mismo la armonía de la luz, de las formas geométricas con volúmenes, de la fusión de belleza con funcionalidad.

Es uno de los proyectistas modernos más reconocidos a nivel internacional quien cumplirá en octubre próximo 80 años de edad con una serie de construcciones en curso, como la Torre Cuarzo y las Torres de Reforma, ambas en Paseo de la Reforma, en la Ciudad de México.

También el Club Surf, su primera obra en Miami, Estados Unidos; las torres Vitrum, un proyecto habitacional en Bogotá, Colombia, y un edificio para uso mixto en Hamburgo, Alemania, por mencionar algunos.

De origen judío, el ganador del Premio Pritzker 1984 estudió arquitectura en la Universidad Cornell, donde se graduó en 1957. Recién terminó sus estudios, viajó por Europa, y en París  siguió a Le Corbusier quien influyó de manera determinante en su obra. Antes de consolidar su firma en 1963, trabajó en varios despachos entre ellos Skidmore, Owings and Merrill y Marcel Breuer.

Desde entonces el trabajo de Meier, ganador de la medalla de oro del American Institute of Architects, ha marcado una tendencia en la construcción que más allá de la monumentalidad o la grandilocuencia en su diseño, apela a un diálogo entre la naturaleza y quien habita el espacio a partir de tres elementos siempre presentes: luz, color y ambiente.

“Cada edificio es una experiencia de sensaciones antes de ser un objeto. Es una exploración de lo fuerte y lo vacío, y un ensayo en composición. Cada edificio es visualmente complejo, y de una belleza profunda”, afirma el arquitecto, en su página web, sobre sus propios diseños.

En las más de cinco décadas de trayectoria, si bien es perceptible un desarrollo en el concepto de su arquitectura, en realidad la constante, que ahora lo define, es el uso del color blanco; de la luminosidad de este tono neutro con el que consigue juegos de sombras, magnificar espacios y provocar emociones.

En reiteradas ocasiones él mismo ha descrito al blanco como su color favorito porque en éste encuentra el reflejo del resto de la paleta de tonalidades de la naturaleza.

“A diferencia de otros colores que dependen del contexto, el blanco mantiene siempre su integridad”, explicó hace 30 años en su discurso de aceptación del Premio Pritzker.

Desde entonces ha defendido el muro blanco
–en casas, museos, iglesias u oficinas– como un punto de fuga para crear obras de arte, pues asegura que la arquitectura es la “madre” de todas las artes, y la de mayor contacto con la gente. Y su función, dice, es mejorar el entorno físico.

Tal vez en este sentido estético se entienda que los edificios de Meier gocen de cierta esencia de fantasía, de un juego de misterio y aventura dado por la geometría del diseño con lo que consigue que un edificio se convierta en un objeto independiente.

Tras de Le Corbusier

Recién obtuvo el título de arquitecto en la Cornell University, en Nueva York, Meier viajó a París y tocó en varias ocasiones la puerta del despacho de Le Corbusier, el mayor exponente del movimiento moderno en la arquitectura, para ofrecer su trabajo como pasante. Todas esas veces  fue rechazado. Aun así el diseñador, ingeniero y arquitecto suizo naturalizado francés encabeza la lista de quienes influyeron en su obra. Le siguen Marcel Breuer, Frank Lloyd Wright.

Pronto Meier se convirtió en un icono a seguir por estudiantes, pues en la década de los 70 integró el New York Five, un grupo de cinco proyectistas jóvenes que alcanazaron el mayor
reconocimiento.

Peter Eisenman, Johan Hejduk, Michael Greaves y Charles Gwathmey impulsaron el movimiento que defendía los conceptos del modernismo en el diseño; su mayor distinción pública fue a partir de una exposición de proyectos que tuvieron en el Museo de Arte Moderno de Nueva York en la década de los 70.

De villas, museos y complejos públicos

Quien fuera profesor de la Universidad de Yale suma hoy decenas de construcciones en su currículo desde Nueva York, Roma, Barcelona, París, Luxemburgo hasta Bogotá, Sao Paulo y la Ciudad de México, donde ha dejado su huella “blanca”.

Vale mencionar el complejo Twin Parks Northeast Housing (1969-1974) en Nueva York, el Ateneo (1975-1979), un centro turístico en New Harmony, a un costado del río Wabash en Indiana; el Museo de Arte Contemporáneo, de Barcelona (1988-1995), la iglesia del Jubileo en Roma, Italia (2003) y el Museum Frieder Burda (2004), en Alemania.

La Casa Smith, construida entre rocas en la costa de Connecticut en 1965; la Biblioteca Nacional de Francia de 1989, un complejo de edificios separados por un río; el Museo del Ara Pacis en Roma terminado en 2006 en la ribera del Tíber; y el hotel Kanai Retreat en la Riviera Maya, revelan la manera en que la luz define sus diseños.

Pero sin duda una de sus obras emblemáticas, reconocidas por él mismo, es el Paul Getty Center (1984-1997), compuesto de seis edificios ubicados en dos riscos naturales.

La construcción se identifica por la serie de terrazas, balcones, rampas, galerías, escaleras que siguen una a otra en un efecto cascada.

“El Getty probablemente es el proyecto más importante para el que he trabajado. Lo importante fue crear un lugar público que no existía en Los Ángeles, donde la gente pueda tener una experiencia y ser parte.

“La arquitectura no es hacer un monumento del autor, se trata de hacer un lugar en relación con la gente”, dijo en 2011 al presentar su retrospectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Monterrey.

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