Doodle sirve de lienzo para la obra de Carlos Mérida

Esta mañana el homenaje que rinde el mayor buscador del mundo, Google, con su Doodle es para Carlos Mérida, pintor y escultor guatemalteco

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02/12/2013 07:23 Redacción / Fotos: Especial

En 1965 recibió la medalla de oro de la Dirección General de Cultura y Bellas Artes de Guatemala, y en 1980 "Orden del Águila Azteca" de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México

CIUDAD DE MÉXICO, 2 de diciembre.- Esta mañana el homenaje que rinde el mayor buscador del mundo, Google, con su Doodle es para Carlos Mérida, pintor y escultor guatemalteco, quien nació el 2 de diciembre de 1891, en la Ciudad de Guatemala, Guatemala y que hoy cumpliría 122 años.

Mérida nació en Quetzaltenango, y se naturalizó mexicano.

De acuerdo con la ficha en Wikipedia, su arte fue cambiante en todas sus etapas, iniciándose en un estilo europeo, y más tarde en un estilo precolombino. Su vida creativa fue desarrollada entre Guatemala y México. Fue padre de la destacada bailarina de ballet y coreógrafa Ana Mérida.

Nacido en el seno de una familia de clase media, su padre era abogado y su madre, de origen español, fue maestra de escuela. En su adolescencia comenzó a estudiar escultura, pero sus profesores le convencieron de cambiar a pintura. Viajó en su juventud a Europa, junto con el también pintor guatemalteco Carlos Valenti.

En 1919 se trasladó a México, donde se destaca en la renovación del muralismo mexicano. En 1922 Mérida trabajó con Diego Rivera para pintar los murales del Anfiteatro Bolívar en la Ciudad de México. Junto con Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros fundó el Sindicato de Obreros, Técnicos, Pintores y Escultores.

Su primera obra personal fue en 1923 cuando pintó la Biblioteca Infantil del Ministerio de Educación Pública de Guatemala ("Caperucita roja y los cuatro elementos").

En 1927 regresó a París, donde estuvo dos años y contactó con Paul Klee, Miró y las nuevas corrientes artísticas; como resultado de ello abandonó la figuración política para desarrollar una etapa marcada por la abstracción en la forma y sus raíces indígenas en los temas. Mérida siempre publicó con orgullo su ascendencia maya-quiché y española. A la vuelta de su viaje a París, en 1929, fue nombrado director de la Galería del Teatro Nacional en México, y tres años más tarde dirigió la Escuela de Danza.

En 1940 participó en la Exposición Internacional Surrealista celebrada en México. Un año más tarde fue nombrado profesor de arte en el North State Teacher College en Denton, Texas, y a partir de 1949 comenzó sus investigaciones sobre integración de las artes, aplicando los resultados en los murales que realizó para la Secretaría de Recursos Hidráulicos (1949), para el centro infantil del multifamiliar "Miguel Alemán", de [Av. Coyoacán] (1950), y para el edificio multifamiliar "Presidente Juárez", en la Ciudad de México (1950-1952) [Av. Cuauhtémoc]; en este último la temática se centró en torno a una serie de leyendas mexicanas acerca del origen del mundo —"El Popol Vuh" (aludiendo al libro antiguo descubierto en Guatemala de los maya-quichés, "Los ocho dioses del olimpo mexicano", "El Ixtlexilt", "Los cuatro soles"—. Los multifamiliares Juárez y los murales fueron severamente dañados por el temblor del 19 de septiembre de 1985.

Desde 1950 su arte experimenta ciertos cambios y su obra ofrece un estilo más próximo al constructivismo, como se observa en el edificio de Reaseguros Alianza de la Ciudad de México, cuyo mural "Estilización de motivos mayas" (1953) está realizado en mosaico de vidrio. Con esta misma técnica, en la década de 1950 realizó diversos murales para empresas comerciales y privadas mexicanas.

También en 1956 realizó, en el Palacio Municipal de Guatemala, un mosaico de vidrio (La mestiza de Guatemala). Desde entonces, Mérida alternó la realización de murales para México y Guatemala, en los que dominaban motivos abstractos y constructivos. Con el espíritu innovador que le caracterizaba, en 1964 hizo un muro vitral en la sala "Cora Huichol" (Los adoratorios) del Museo Nacional de Antropología de México D.F. y en 1968, otro en el Centro Cívico de San Antonio (Texas) (La confluencia de las civilizaciones en América). En 1965 recibió la medalla de oro de la Dirección General de Cultura y Bellas Artes de Guatemala, y en 1980 "Orden del Águila Azteca" de la Secretaría de Relaciones Exteriores de México.

El 19 de diciembre de 1984 sufre un derrame cerebral y el 21 de diciembre de ese mismo año muere en la Ciudad de México a los 93 años de edad. 

Extractos del libro “El río: novela de caballería” de Luis Cardoza y Aragón

 

Esto escribió sobre Carlos Mérida:

Obra entrañada en artesanías y tradiciones populares guatemaltecas, en la gracia primorosa de los textiles guatemaltecos. Primeramente se advierte la gracia y el talento para olvidarlos y vivir con nostalgia que recordarse lo que no existe. Imaginación al combinar formas con sensualidad matemática; hay musicalidad en su mundo austero.

Acento nativo insertado en modernidad, con factura de orfebre. Maneja con imaginación su repertorio de signos, con buen gusto. Lo del buen gusto es memorable; reconozco en ese don la mejor obra suya.

Motivaciones maduradas con el empeño de vida más que laboriosa, inquieta. Al plantearse la pregunta, ya se intuye la respuesta. Y después de alcanzar una primera respuesta, desbaratémosla para satisfacción de la exigencia íntima.

Aquel que encuentra un molde de pasteles y sigue haciendo pasteles, nada tiene que con el arte; sí con la prostitución o la pastelería. Un artista nunca se encuentra en un artista; los de la familia de Van Gogh me son predilectos. Evoco la vida cortesana de Velázquez, la vida cortesana de Rubens, evoco la obra casi desaparecida de Leonardo, que llevaba consigo el aniquilamiento, el demonio de crear es más hermoso que el hermoso resultado mismo. Un fracaso interesante es superior a un éxito sin interés.

Geometría sabia y elemental, inagotable movida de las piezas de ajedrez de Mérida. Su color jamás carece de precisión. Las telas indígenas de Guatemala se transfiguran; ya no le vienen, y es otra cosa. Un brujo de códice, de estela, le da la mano y lo sube de la oscuridad de la

infancia al mediodía de hoy. ¿A la inversa? 

Veo en su telar cómo sueña su lanzadora finísima, cómo las imágenes van amaneciendo, cómo van despertando en el lienzo que teje. Si en parte alguna del cuerpo el alma se concentra es en el ojo. ¿Es de Hegel dicha exaltación? El ojo músico de Mérida para el color y para el diseño. Si nada vale una línea sola, Mérida dispone de sentidos casi artesanal de la línea complementaria que la iza para que la rigidez devenga ágil ritmo, canto.

Cómo Luis Cardoza y Aragón conoce a Carlos Mérida

“Durante mi alfabetización, conozco en 1927 a Carlos Mérida en su segunda, larga estancia en París. Llegó con la familia, becado por el Gobierno guatemalteco; traía su experiencia mexicana, había ensayado el muralismo y había trabajado como ayudante de Diego Rivera (con Jean Charlot, Xavier Guerrero, Amado de la Cueva y algunos más) en el anfiteatro de la Escuela Nacional Preparatoria y en la Secretaría de Educación Pública... Una serie de óleos, de los cuales aún guarda dos o tres, y algunas acuarelas, fue lo que Mérida nos mostró. Que se ocupara con temas americanos me atraía. El muralismo, mi charla con los compañeros de Hispanoamérica, principalmente con los de México, me hacía suponer que todo continuaba inédito y que revelarlo constituía la petulante tarea inmediata. Los muralistas me impresionaron por su atención a lo precolombino y al mundo indígena de ayer y de hoy”. 

 

pdg

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