Reúnen 500 años de arte en libro de James Oles

La obra titulada “Art and Architecture in Mexico”, repasa desde el arte plumario hasta Gabriel Orozco.

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16/11/2013 03:41 Sonia Ávila

CIUDAD DE MÉXICO, 16 de noviembre.- Si algo caracteriza a la historia, y en particular la del arte, es su estado siempre mutante, considera James Oles, por lo que vio oportuno hacer una pausa en la cronología de la estética mexicana para recapitular la producción de los últimos 500 años, desde el arte plumario hasta el contemporáneo; desde la imagen de la Virgen de Guadalupe hasta la Caja de zapatos vacía de Gabriel Orozco.

Entonces el doctor en Estudios de Arte Latinoamericano por la Universidad de Yale escribió Art and Architecture in Mexico (Thames & Hudson), un libro a manera de enciclopedia del arte mexicano que transita por los diferentes medios y géneros para ofrecer nuevas lecturas de edificios, murales, pinturas, esculturas, grabados y fotografías.

La obra de Oles se aleja de ideas preconcebidas para ser un registro lo más objetivo posible de lo ocurrido en cada siglo; para el historiador es más bien el resumen de los estudios y descubrimientos de sus colegas sobre la estética nacional que se identifica por carecer de un común denominador.

Cuando vemos cinco siglos de arte en México hay una diversidad tan enorme de obras, desde el  arte plumario del siglo XVI, arte de los mexicas y cuadros de Frida Kahlo, hasta la caja de zapatos de Gabriel Orozco. Es en su diversidad que vemos la riqueza, y pensar que hay un solo concepto que une el arte mexicano, sería reducir su complejidad y densidad”, dice del libro que presentará la próxima semana en el Palacio de Bellas Artes.

“En la introducción al libro digo que México es uno de los pocos países en el mundo que en cualquier momento, en cualquier siglo, encuentras una cultura tan rica en las artes plásticas o la arquitectura, incluso en los momentos de crisis hay cosas pasando, y eso habla de la importancia mundial del arte mexicano”, agrega.

El ejemplar, editado en Estados Unidos con un tiraje de diez mil ejemplares en inglés, hace evidente esta diversidad al señalar que en los 500 años no existe una continuidad; por el contrario, la escena ha estado matizada de rupturas, cambios y choques que con el tiempo se convierten en influencias.

“Es más bien una red, no una línea, sino una red donde hay algunas cosas que se relacionan directo pero muchas otras no. En lo único que coinciden estas obras es que fueron hechas por mexicanos o en México”, señala del ejemplar que integra la serie Arte del mundo.

La revisión compendiada en 432 páginas ofrece pistas de lo que representó el arte en las diferentes épocas, y siguiendo una línea cronológica la investigación se secciona en once capítulos que comprenden desde los tiempos de la conquista española, atraviesa los años de Independencia y Revolución, hasta la época de la aparente modernidad del país.

En este trayecto, el autor enfatizó dos aspectos: primero la construcción de la identidad nacional a través de imágenes como los retablos que los caciques indígenas mandaron a pintar para las iglesias novohispanas o las representaciones de la Virgen de Guadalupe que con en el tiempo se convirtieron en símbolo nacional.

Segundo, el poder de las instituciones como la Iglesia, la Corona, la Academia de San Carlos como única casa de estudio durante el siglo XIX, la Secretaría de Educación Pública como promotora del muralismo.

A partir de esos ejes, la revisión de Oles es también un vistazo por la historia sociocultural y política del país, pues explica que en México el entorno ha determinado en gran medida la tendencia de la escena artística.

“Es imposible contar la historia del arte sin hablar de la historia en cuestiones de cultura, urbanismo, política, economía; es imposible separar el arte, y mi libro no trata de separar el arte del contexto que lo rodeó. Pero también la historia del arte en México es principalmente la historia de lo que pasó en la Ciudad de México, pues es un país centralista en muchos sentidos”, añade.

Así el estudio hace mención de la Capilla de posa, en Puebla, construida en 1555; los murales del monasterio de Actopan, Hidalgo, hechos en 1574; del dibujo Tlachiquero, de Claudio Linati, y el óleo Los alucinados, de Pedro Coronel. También comenta la foografía del Jardín Escultórico de Edward James El palacio de bambú, tomada por Amanda Holmes, y la intervención lumínica Xipe Totec, de Thomas Glassford en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco.

Explica que la primera mitad del libro abarca hasta 1850 y enfatiza en el arte inmediato a la conquista española; lo mismo revisa cómo los indígenas jugaron un rol importante como artistas y patronos de obras, y relata el trabajo de los caciques para llenar de retablos las iglesias con pintura novohispana.

La segunda parte revisa los últimos 80 años de producción artística, donde las mujeres comienzan a tener injerencia; también recupera obra de menor reconocimiento, como las caricaturas publicadas en revistas o fotografías anónimas.

A decir del autor de Lola Álvarez Bravo y la fotografía de una época, tras hacer este recorrido sería erróneo pensar que la globalización del arte mexicano es reciente; asegura que desde la llegada de la Nao de China la cultura nacional ha cruzado fronteras, como la exportación de cuadros de la Virgen de Guadalupe hacia España, hasta la llegada de los surrealistas al país.

“México siempre ha formado parte de estas redes internacionales y los artistas mexicanos casi nunca han trabajado ciegamente, nunca han trabajado de manera local. En la Colonia los grabadores mandaron su trabajo a Venezuela; Diego Rivera trabajó en Estados Unidos, y Tamayo en París, y los artistas contemporáneos forman parte de estos circuitos globales”, dice.

Oles sabe que en este trazo histórico habrá obras y autores que en opinión de otros historiadores deberían incluirse, pero aclara que es la revisión desde una sola perspectiva a manera de puerta de entrada a un universo histórico.

“Cuando empecé a estudiar mi doctorado en 1988 era posible leer todos los libros de arte mexicano en un año académico, hoy sería imposible porque el boom es enorme en cuanto estudios, artículos, catálogos, exposiciones, que han cambiado muchísimo el escenario”, concluye.

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