Competencia, por favor

Cecilia Soto

11/02/2013 00:19

Competencia, por favor

Una de las anécdotas legendarias que circulan en las escuelas de negocios como ejemplo de pensamiento “fuera de la caja” es la siguiente: recién iniciada la venta de acceso a internet de banda ancha en Teléfonos de México en 2002, el responsable informaba orgullosamente al ingeniero Carlos Slim que ya se habían rebasado los 50 mil suscriptores al servicio. “¿Por qué tan pocos?”, espetó el ingeniero. “La gente no tiene computadoras”, contestó el responsable, seguro de que su razón sería invencible. “Ah, pues tendremos que vender computadoras”, dijo el ingeniero. Y así se gestó una de las innovaciones más fructíferas en la gestión de esa empresa, una que demandaba la transformación de su proveeduría, la evolución de sus locales de contratación de servicios a verdaderas tiendas, el desarrollo de nuevas habilidades en su fuerza de trabajo y la evolución del recibo telefónico de ser apenas un instrumento de cobranza  a uno de administración de financiamiento. Un hito en la gestión empresarial.

Se ha anunciado en repetidas ocasiones que está por llegar al Congreso la iniciativa de ley sobre telecomunicaciones en la que el gobierno del presidente Peña Nieto recogerá las propuestas del Pacto por México. Y me pregunto si los legisladores podrán sustraerse a la percepción creada en forma interesada en torno a la competencia como aquella en la que el objetivo es que la autoridad defienda a los competidores “débiles” y que los consumidores se la arreglen como puedan o si podrán alinear los objetivos de la nueva legislación con el objetivo de beneficiar antes que nada al consumidor sin dañar la sustentabilidad de las empresas. ¿La nueva ley incentivará verdaderamente la competencia —y por tanto promoverá la guerra de ideas e iniciativas creativas a favor del consumidor— o desincentivará la inversión tanto de la empresa incumbente, Telmex, como la de las entrantes, al definir a la competencia como vinculada a no sobrepasar determinados porcentajes del mercado? Modelos ya probados hace años internacionalmente con resultados dudosos.

En el ejemplo mencionado de las ventas al servicio de internet, la superioridad de Telmex en cuanto a número de accesos, ¿se debe a prácticas anticompetitivas o a que se benefició de la iniciativa de la venta y el financiamiento de las computadoras por un tiempo demasiado largo porque sus competidores tardaron en reaccionar?

No pongo en duda la necesidad de la existencia de autoridades eficientes y eficaces que ejerzan con vigor y rigor la regulación antimonopolios y aquella que fortalezca al sector de telecomunicaciones. Tampoco pongo en duda que Telmex o cualquier empresa grande pueda incurrir en prácticas que busquen dificultar la vida de sus competidores. Pero busco llamar la atención sobre el peligro de inhibir la inversión y castigar el éxito derivado de iniciativas extraordinarias generadas precisamente gracias a  un  buen ambiente competitivo. La experiencia internacional indica que los servicios con menores cargas regulatorias son los que más han crecido como el servicio móvil, el de banda ancha para acceso a redes y el de aplicaciones.

En los argumentos que se esgrimen casi como “verdades autoevidentes” propias de un ambiente con baja competencia, está el de que Telmex es un monopolio porque detenta casi 80% de la telefonía fija y Telcel 70% de la telefonía celular. Es cierto que Telmex es —contra su voluntad— un monopolio en la telefonía fija en los sectores de bajos ingresos y en las regiones no urbanas. Las otras empresas no tienen a esos sectores como prioritarios porque, contrario a lo que piensan los gurús de la competencia, las empresas no buscan “poder de mercado”, buscan ganancia y ahí no la hay. Por ello, en el sector de ingresos más alto, Telmex sólo tiene 48% del mercado.

El caso de Telcel es también un ejemplo muy conocido en las escuelas de negocios. No tuvo las ventajas de la incumbencia, pues ingresó a la telefonía celular en segundo lugar, pero introdujo —en ese entonces Telcel era una filial de Telmex— algo genial que modificó no sólo la telefonía celular en México sino en el mundo entero: el prepago. La introducción de la tarjeta prepago empaquetada con un teléfono celular subsidiado y minutos de tiempo libre, es todavía un ejemplo más interesante que el primero porque fue una invención colectiva, un típico caso de trabajo colaborativo que no hubiera sido posible si la cultura laboral de la empresa no hubiera cambiado radicalmente a partir de su privatización en diciembre de 1990. Los abonados —como se llamaba antes de 1990 a los suscriptores de Telmex— pasaron a ser clientes y esto hizo toda la diferencia. Los clientes potenciales para la telefonía celular surgían inesperadamente en regiones y estratos en los que no había bancarización, ¿cómo asegurar el pago sin las herramientas del domicilio que da la línea fija y/o la suspensión de la línea? Del apetito por ganar nuevos clientes y de la dificultad, surgió una solución que nuevamente le dio una ventaja competitiva a Telcel.

La leyenda negra de los precios altos en México puede ser aclarada en dos líneas: ningún tipo de lealtad a una marca hará que un mexicano compre un servicio malo y caro si hay alternativas mejores y más baratas. La OCDE ha alimentado esta leyenda en forma no ética al violar sus propios estándares y utilizar la metodología de PPP (PurchasingPowerParity) para  calcular y comparar los precios de servicios de telecomunicaciones en México, cuando esa misma institución recomienda sólo usar esta metodología para comparaciones globales. La propuesta de la OCDE se centra exclusivamente en la oferta y deja de lado la compleja problemática de la demanda: la falta de cultura digital y de políticas públicas consistentes para promoverla y el crecimiento económico insuficiente. El debate es fundamental en este sector, pero hay que centrarlo en evidencias y no en mitos. (Trabajo en una institución vinculada a Telmex, pero ésta es mi opinión personal: no tengo contacto con sus áreas jurídicas o regulatorias y menos con sus directivos.) Para este debate y reflexión sobre la nueva ley de telecomunicaciones nos vemos en Twitter: @ceciliasotog

                *Analista política

                ceciliasotog@gmail.com

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