Monumento a las víctimas de la violencia
Antonio Toca
23/03/2013 00:53
Con la palabra memorial, que es una mala adaptación del inglés, se nombró el monumento a las miles de víctimas de la violencia, que la llamada “guerra” al narcotráfico ha dejado en todo el país. Construido con gran rapidez, el monumento debió inaugurarse al final de noviembre pasado. El terreno donde se construyó tiene una superficie de 15 mil 370 m2 y está situado a un costado de Campo Marte, en la esquina de la calle Anatole France y de Paseo de la Reforma.
El proyecto ganador del concurso ha sido cuestionado, entre otras cosas, porque tiene 70 planchas verticales de acero que impiden la necesaria vigilancia y facilitan asaltos o actos violentos. Las bases del concurso señalaban que se deberían evitar grandes muros o elementos que bloquearan la vista de los visitantes. Sin embargo, como ocurre con increíble regularidad, los jurados escogieron un proyecto que no cumplía con esas recomendaciones. De manera inexplicable, pero que se ha hecho costumbre, no se exhibieron al público todos los proyectos; violentando una vez más el derecho mínimo de cada participante a que se conociera su proyecto y el derecho del público a conocerlos también. Desafortunadamente, los participantes de éste y otros concursos sólo tienen obligaciones, porque trabajan gratis y no tienen derecho a que se cumpla con lo que se les exige en las bases. En cambio, el jurado queda en libertad de no acatarlas y a juzgar sin criterios explícitos, y sin tener que justificar sus acciones.
Las razones para proteger esas irregularidades son obvias; el temor a que proteste algún participante o haga público su desacuerdo con el fallo del jurado, y la prisa con la que se realizó, tanto el concurso como la construcción de la obra.
A pesar del cuidado por controlar el proceso y el resultado del concurso, tres de las organizaciones civiles que representan a las víctimas de la violencia expresaron su desacuerdo con el monumento. Un argumento, entre otros, fue que no se cuenta con un registro confiable del nombre y número de las víctimas que ha producido esa guerra absurda y que —al no identificarlos— el monumento no sería entonces: el lugar que convoque nuestros recuerdos, nuestras historias ni nuestro llanto. Otros, más radicales, lo han calificado como: un monumento a la ignominia… o una fosa común. Aunque estas descalificaciones parezcan exageradas, no hay que olvidar que fueron hechas por grupos de personas directamente afectadas por la muerte violenta de seres queridos. Un monumento a víctimas a las que no se identifica es una construcción sin sentido, un ejercicio formal mudo y sin significado. Como contraste, hay que mencionar el extraordinario monumento a las víctimas de la guerra de Vietnam —en la ciudad de Washington— que tiene grabados en sus muros los nombres de cada uno de los miles de muertos. En México quizá sea imposible tener el nombre de cada víctima de esta guerra. Más difícil sería identificar a los inocentes, a los policías y soldados, para separarlos de los ejecutados en las luchas internas de los grupos de narcotraficantes, pero un acto de justicia es que se conserve una lista de las víctimas, a la que se pueda añadir las que aún está causando esta guerra que parece no tener fin. Esa absurda omisión puede ser atendida por los autores del proyecto, que tiene talento para resolverla.
El monumento es un espacio público que debe ser inaugurado, pero lo que no se puede ignorar es que hay miles de víctimas que deben ser recordadas por su nombre y no por muros sin memoria.
