Tacones high

Anna Bolena Meléndez

Decir te amo es una lucha personal y cara a cara con la diosa interna. 20/03/2013 00:25

Tacones high

A quién no le ha pasado que durante una faena sexual con el novio se le sale un “te amo”. El problema de esto es cuando es la primera vez que lo dices. Luego, como cruda moral de sábado, te llega el “¡qué dije!, ¡por qué lo dije!, ¡pen---a!” Y no quieres salir del baño mientras te das latigazos imaginarios y desgreñas a tu diosa interna por bocona.

Ya no se azoten tanto mis queridas Cirilas enamoradas inconscientes, ahora pueden echarle la culpa a la oxitocina que es la bendita hormona que nos obliga a hablar de más mientras estamos viendo estrellitas.

Según un estudio realizado por Amanda Denes –autora del ensayo Pillow Talk: Exploring Disclosures After Sexual Activity–, en la Universidad de Connecticut “la oxitocina disminuye la agresión e incrementa la confianza en la pareja, permitiendo que ambos sean más abiertos en su comunicación”.

Ya conocíamos a la oxitocina por ser la culpable de hacernos sentir maripositas en la panza cuando nos enamoramos, pero no teníamos idea que esta cursi hormona nos droga de tal forma que la frase que nos negamos a pronunciar antes que Cirilo, puede salir así no más a la luz en una faena sexual.

Decir “te amo” es una lucha personal y cara a cara con la diosa interna que se niega a decirla sin antes estar completamente segura que la retroalimentación de Cirilo será un “yo también” y no un “gracias”. Es por eso que preferimos amarrar esas palabritas al fondo de nuestra lengua e impedirles la salida hasta que Cirilo tome su riesgo primero.

Conozco a muchas parejas que tras muchos meses de relación no se han dicho el primer “te amo” todo por el miedo y ansiedad que genera la incertidumbre de la respuesta.

Para un Cirilo que no está enamorado, un “te amo” prematuro es como ponerle una almohada encima a la relación y asfixiarla hasta morir. Pocos son los Cirilos que pueden lidiar correctamente con una mujer enamorada sin él estarlo. Hay otros que su gigante ego les hace creer que Cirila está perdidamente enamorada de ellos y luego se llevan sorpresas –pero esa es otra historia de duendes y enanos–.

Cuando es al revés –que seamos honestas son pocos los casos– y Cirilo es el que está perdidamente enamorado de Cirila y recibe muchos “gracias” por respuesta, la vida actúa de simpáticas maneras, haciéndolo encapricharse aún más con su desenamorada Cirilita. Pero teniendo esta información en mano, les aconsejo que le hagan una sobredosis de oxitocina a su Cirila por medio de una increíble faena sexual y la tendrán diciendo “te amo” más rápido que tarde (¡ja!).

Ahora ya lo saben, cuando su bella boquita deje salir las dos palabras más temidas y deseadas a la vez cuando del amor se trata, es porque la oxitocina está haciendo de las suyas y les tiene a su diosa interna completamente high diciendo tonterías –o por lo menos ese es un buen argumento–.

Pero para evitar indiscreciones de la diosa interna drogada en sexo, les aconsejo que se sacudan los miedos y hablen sobre su nivel de enamoramiento –eso sí, no lo vayan a hacer después de una semana de estar saliendo–, así no se llevan sorpresas y pueden gozar del high de su diosa sin mayores remordimientos.

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