Los tacones que sobran

Anna Bolena Meléndez

Es bien sabido en la historia que son más las hembras que los machos. 19/03/2013 00:30

Los tacones que sobran

¿Ya vieron la última de los chinos? Me cae que este mundo está loco, loco, y mientras unos nos rompemos la cabeza intentando evolucionar, otros se la rompen desevolucionando –y sí, el término desevolucionar no existe y estoy segura que es por algo.

Resulta que en el 2007 nació una etiqueta en los medios de comunicación oficialistas para tachar a las mujeres cuando pasados sus 28 años aún no contraen matrimonio: Shengnu, que se traduce mujer sobrante. Esto como coincidencia con una publicación gubernamental que alertaba sobre el desequilibrio poblacional entre hombres y mujeres causado por la política del hijo único y los abortos selectivos.

Es bien sabido en la historia de la humanidad que son más las hembras que los machos. En algún momento hubo una estadística que por cada siete mujeres existía un hombre, y lo que probablemente lleva, de una manera casi como selección natural, a que una hembra tenga varios hijos buscando el varón.

A los chinos, gracias a su sobrepolación, les dio por sacar una ley en la que las mujeres solamente pueden tener un solo hijo, ahora esa ley les viene a morder el trasero cuando el desequilibrio poblacional deja una resma de 20 millones de hombres más que mujeres, lo que debería arrojar a más hombres solteros. Irónicamente no es así.

Resulta que las mujeres chinas, al igual que la mayoría de mujeres en el mundo tienen problemas al encontrar su media naranja porque ellos no cumplen sus expectativas. Ahora, las mujeres más preparadas, exitosas, brillantes, educadas y con cargos importantes, prefieren no contraer matrimonio con cualquiera. Lo que ha llevado a los chinos a intentar amedrentarlas con ese adjetivo de mujer sobrante.

Las familias presionan a sus hijas para que consigan un hombre con quien casarse y con quien procrear un hijo, mientras ellas se acercan a los 28 años, algunas importándoles un bledo y otras irremediablemente desesperadas por no terminar siendo una Shengnu.

En un mundo en el que intentamos avanzar para ser sociedades más equitativas, evolucionar hacia la perfección de nuestra raza y hasta procrear nuevas generaciones con mejores ADN, existen culturas como la China que bajo la cavernícola opresión chantajean a mujeres para que su género no sobrepase al masculino.

¿Y qué hay de un término para los hombres que no se han casado? Seguramente ellas son Shengnu y ellos son Shingón. Porque nada se dice sobre los hombres que ya no cumplen las expectativas femeninas, sobre un género que ahora debe crecer para poder alcanzar a las féminas que vamos a paso de elefante conquistando las diversas esferas profesionales del mundo.

Cada vez hay más mujeres poderosas, mujeres que figuran entre los tops de millonarios internacionales y no exactamente por haberse casado con Bill Gates, sino por haber hecho su fortuna a punta de trabajo, esfuerzo y lucha en contra de los estereotipos machistas que siguen oprimiendo a nuestro género.

Lo bueno es que no hay mejor historia que la que tiene los más grandes obstáculos, no hay mayor triunfo que el precedido por un cúmulo de fracasos.

Shengnu no es una mujer sobrante, es una mujer tan grande que ningún hombre ha podido acceder a ella.

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