Repitiendo los tacones

Anna Bolena Meléndez

Así somos las mujeres, un tanto repetitivas, pero al final es lo que nos sirve de terapia. 08/03/2013 00:10

Repitiendo los tacones

Llevo unos cuantos días medio existencializada porque a veces siento que me repito, que como diría el dicho: es la misma gata, pero diferentemente revolcada. Una lectora, de nombre muy bonito, me hizo caer en cuenta de algo y es que así somos las mujeres, un tanto repetitivas, pero al final es lo que nos sirve de terapia.

Entonces, no sólo la reflexión hacia la que me llevaron sus palabras fue un bálsamo. Escribir todos los días no es tarea sencilla, y aunque el oficio ya es parte de mi ADN, siempre he procurado hacer de este espacio algo especial y prometo seguirlo haciendo hasta que las palabras se me agoten y la repetidera me asfixie.

Es verdad, las mujeres necesitamos repetirnos para expulsar lo que tiene nuestra alma. Cuando sufrimos por un hombre, nos juntamos con nuestro círculo de amigas a contarles una y otra vez lo mismo, a formularnos las mismas preguntas que ellas, siendo tan mujeres y pacientes como son, nos responden tantas veces como sea necesario para que nuestra diosa interna descanse.

El amor es así, repetitivo, cada relación, aunque única en su forma, en esencia nos presiona los mismos botones, aunque reaccionemos de diferentes maneras en cada una, al final es nuestro amor repitiéndose dentro de nuestro pecho, pero estimulado por diversos factores que lo vuelven único en cada repetición.

Ahora me siento mejor, porque amo este espacio, porque no me imagino el día que tenga que despertar y no deba escribir la página y media que debo hacer de lunes a viernes. Porque no se me ocurre la sensación de desapego tan fuerte que experimentaré cuando ya no deba de estar poniendo atención a todo para pescar un tema, que aunque sea repetido durante estos casi cinco años escribiendo diariamente, procure agarrarlo desde otra óptica para decir más acerca de ello.

Y aunque a veces siento que he crecido de la mano de ustedes, queridas Cirilas y Cirilos que no se aburren de mi repetidera, por momentos también me pregunto si la madurez llegó repleta de cambios para este espacio. Brincos descomunales de una repetidera hacia otra, en la que hoy me identifico con otro perfil de chicas de lo que antes era, aunque sin olvidar mi bello pasado que me hizo quien soy.

Por eso me sigue alimentando cuando me escriben, cuando me piden consejos que me halagan por su bella confianza depositada en ellos. Así funcionamos las mujeres, a punta de comunicación entre nosotras mismas que nos conecta de una forma especial y no nos hace sentirnos solas en cualquiera que sea la situación que enfrentamos.

Saber que hay otra Cirila allá afuera que se repite de las mismas maneras que yo me he repetido: que sufre, llora y se vuelve a levantar. Que encuentra el amor, que lo pierde, que lo vuelve a encontrar.

Hoy me doy cuenta de que este espacio no es solamente repetirme y compartirme con ustedes sino mi terapia personal; después de todo la terapeuta también necesita su propia terapia y dejarme de repetir sería como tirar a la basura esos tacones negros que se ven distintos según el vestido con que los use. A veces me han funcionado para ir a bailar, otras para ir a un evento elegante y otras para salir a caminar en un día de sol. Al final siempre serán los mismos tacones mutando según los colores con los que dependiendo el día, decida combinar.

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