Tacones de toloache

Anna Bolena Meléndez

¿Me pregunto si alguna vez aquellas pócimas mágicas habrán servido para algo? 06/03/2013 00:09

Tacones de toloache

Me encanta la expresión tan mexicana de: “Le dieron toloache”, cuando se refieren a una persona que está enamorada, sobre todo a un hombre, porque nuestra cultura tan machista asume que es normal que una mujer se vaya de pompas por un Cirilo, pero cuando es Cirilo el que anda cacheteando banquetas es porque “le dieron toloache”.

Independientemente de que el toloache sea una hierba que bien podría hasta matar a una persona, me causa inquietud el hecho de que existan muchas mujeres que son capaces hasta de “dar toloache”, con tal de quedarse con el hombre con el que se encapricharon.

Nos enseñan a esperar pacientemente a ese príncipe azul de cuento, pero algunas no tienen la suficiente paciencia, y recurren a embrujos para convertir, a la fuerza, a ese batracio maloliente en un príncipe descolorido. ¿Me pregunto si alguna vez aquellas pócimas mágicas habrán servido para algo?

No es sino darse una vuelta por el mercado de Jamaica para darse una idea de lo que hablo. Existen embrujos de todo tipo, desde para quitarse un dolor del corazón hasta para hacer caer rendido a tus pies a un Cirilo. Para que tu amorcito deje a la esposa y se decida por ti, hasta para sacudirte una mala racha de amores pendencieros. Mejor dicho, en México, como en muchas partes del mundo, el amor no es cuestión de encontrarlo, sino de embrujarlo y con eso tenemos ganada la mitad de la labor.

Aunque soy un tanto escéptica cuando de embrujos se trata, sí he visto a muchas mujeres hacer lo que sea necesario para mantener o atraer un hombre a su lado. Desde embrujos contemporáneos sencillos como emborrachar a Cirilo y llevarlo arrastrando hasta su cama, hasta aprovechar la borrachera y quedar embarazadas solamente para amarrarlo para siempre. ¿Toloache o locura? Cada quien lo ve como mejor le parezca.

Lo que sí es verdad es que andar buscando embrujos para conseguir a un hombre es bastante patético: el amor no se emborracha ni se embruja ni se pide a la fuerza, se da, y eso sí que no hay embrujo, lo suficientemente fuerte, que lo revierta.

Por eso, mis queridas Cirilas entoloachadoras que leen esta columna, les voy a decir algo que le dije a una amiga hace mucho tiempo: para tapetes, ¡los persas! No se anden arrastrando que arrastrarse se ve muy feo y lo peor de todo es que entre más se arrastren menos funciona su hechizo.

No hay pócima mágica que despierte el amor de quien no te quiere amar, ni brebaje suculento que lo haga cambiar si él no quiere; no hay espanta-suegras ni atrapa-novios ni llama-matrimonios que valga, porque cuando de Cupido se trata son sólo sus flechas las que entoloachan a su alrededor.

Así que déjense de perder su tiempo y su dinero tratando de atrapar bichos paleolíticos que no quieren nada con ustedes, lo mejor es tomarse una pastillita de paciencia y esperar a que el toloache llegue solito y así el amor haga de las suyas sin que ustedes se ensucien su bonito karma.

Y como decía mi abuela “no creo en brujas, pero de que existen, existen…” y por eso es preferible no meterse con hechizos y dejar que el cursi querubín de pañales y flechas entoloachadas, haga su chamba sin nosotras meter las manos.

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