Tacones para convivir
Anna Bolena Meléndez
Hay una gran diferencia entre ligar por convivir y equivocarte a la hora de ligar. 04/03/2013 00:30
¿Han escuchado el término: “no mientas para convivir”? Pues esto aplica muy bien a la hora de la soltería y se puede traducir en un simple: “no ligues para convivir”.
Para los que están solteros, saben de lo que les hablo y para los que ya están casados les doy dos minutos para recordar la bella soltería y se ubiquen en lo que estoy diciendo. ¿Recuerdan aquella persona que se la ligaron solamente porque se avecinaba el domingo y estaría rico pasarlo acompañado y no como un champiñón en plena primavera?
Eso sí, cabe mencionar que hay una gran diferencia entre ligar por convivir y equivocarte a la hora de ligar. Cuando uno no da con la persona definitiva, tampoco quiere decir que no sea la adecuada para el momento de tu vida que estás viviendo.
Hay veces que ni siquiera nosotros mismos estamos preparados para recibir al amor de la vida y es por eso que tenemos que pasar por determinadas relaciones previas que nos preparen para ello.
El amor es como los estudios: necesitas tu relación primaria, alias “el primer amor”, luego la secundaria y luego la preparatoria, para acceder a la universidad. De ahí se descuelgan todo tipo de masters, Ph. D., especialidades y demás, hasta que por fin encuentras al amor de la vida. Es entonces cuando ya tienes lo mínimamente necesario para ponerle pecho a lo que es realmente una relación estable y segura.
Pero esos ligues que no hacen parte de la educación, sino que son más bien como un “irse de pinta”, luego terminan pasando la factura, porque sin darte cuenta lastimas o te envuelves en relaciones que no te dejan nada bueno, y muchas veces sí mucho de malo.
La soltería es para disfrutarla; las canitas al aire se valen pero lo que no se vale es que conviertas tu colchón en un ventilador de canitas con las que no llegas a nada. Lo rico de estar soltero no solamente es poder salir con quien se te dé la gana y tener relaciones poco significativas que no te roben la energía. La soledad emocional te ayuda a conocerte, a ver la individualidad como algo precioso que no hay que perder, a hacerte amiga de tus pensamientos, a encontrar tus personales pasiones, a reforzar los lazos con tus amigos.
Si brincas de un ligue a otro y, por terror a enfrentar un domingo sola en la cama, prefieres invitar a tu casa a batracios malolientes, lo mejor es tomarte un tiempo para reflexionar y afrontar tus miedos.
Ligar para convivir es puro pánico a estar sola, a no tener nadie que te reafirme constantemente cosas bonitas y a no sentirte capaz de ponerle pecho a tu vida sin que sea necesario un hombre en ella. Te actualizo: uno se puede reafirmar con más honestidad, incluso, cosas bellas. Cuando no estás en una relación con nadie, estás en una relación contigo misma y eso hace parte importante de la educación emocional.
Sí, encontrar a ese amor de la vida es, para casi todas, esencial, pero eso no quiere decir que mientras se presenta entremos en pánico. Porque cuando ese príncipe azul llega, lo que más miedo te da perder es tu soltería —irónico—, y aunque terminas renunciando a ella con tal de tomar su mano y no soltarla, si no disfrutaste al máximo tu soledad, después pueden venir ciertos arrepentimientos.
A la soltería hay que recordarla con una sonrisa pero sin nostalgia y para ello hay que vivirla plena y dignamente.
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