MADRID, 30 de agosto.- La estrategia, con dos cabezazos del brasileño Joao Miranda y el croata Mario Mandzukic, transformaron un partido inquietante en victoria para el Atlético de Madrid, un triunfo infinitamente mejor en el marcador que en el juego y con dosis de sufrimiento hasta el final ante un competitivo Eibar.

En un día de fiesta en el Vicente Calderón por la entrega del trofeo de campeón de Liga de la pasada temporada, ganado el 18 de mayo, el encuentro del conjunto rojiblanco transcurrió por debajo de las expectativas, aún sin el funcionamiento del pasado curso y agarrado a las acciones a balón parado para superar al equipo vasco.

A pelota parada, como ya ocurrió la pasada campaña, el Atlético maneja una amplia variedad de recursos y golpea con una eficacia letal, como confirmó en el minuto 11, cuando el partido se limitaba a jugadas irrelevantes en una y otra área, hasta que Koke cobró un saque de esquina perfecto y Joao Miranda cabeceó para el 1-0.

30 minutos jugó Raúl Jiménez

O como ratificó una vez más en el minuto 25, en un lanzamiento de falta de Gabi, tocada con sutileza al borde del área pequeña, donde el croata Mario Mandzukic transformó su segundo gol en cuatro duelos oficiales con el Atlético con una de sus especialidades, la cabeza, sin oposición de la zaga rival.

Los dos primeros remates a portería, dos goles, en ese abanico de jugadas de estrategia que funcionan en el Atlético. Hubo mucho mérito rojiblanco en las dos acciones, pero también despiste del Eibar. En ninguno de los goles, los visitantes incomodaron al rematador.

Todo lo contrario sucede cuando el Atlético defiende el balón parado en contra. Ahí, Mandzukic es un muro que emerge poderoso para alejar cualquier amenaza por alto para Moyá, un portero ágil y seguro, como lo demostró durante todo el verano y cuando el Eibar le probó por primera vez con un potente lanzamiento de Javi Lara.

El delantero mexicano fue silbado al ingresar al campo por ser simpatizar con el Real Madrid en redes sociales

No le alcanzó su estirada en el minuto 34 en una combinación preciosa del Eibar, rápida, con precisión y con una ejecución final formidable con el interior del pie derecho de Abraham a la escuadra, una parábola imposible para Moyá. Un golazo para rearmar al equipo vasco, de nuevo metido en el choque.

El Eibar, campeón de Segunda División el curso pasado, es un conjunto estructurado, que lanza bien el contragolpe y se mueve con intención en ataque; por su parte el Atlético, más allá de un disparo de Raúl García despejado entre el portero Irureta y el larguero, aún busca una conexión ofensiva más fluida hacia Mandzukic y Griezmann.

A la espera de eso, con un juego de ataque por muchos momentos trompicado y con decenas de pérdidas en medio campo, al Atlético contó los minutos hacia la conclusión del choque con una sensación creciente de inquietud por el apretado marcador, las intenciones del Eibar, los centros que sobrevolaron el área y algún remate rival.

Movió el banquillo el argentino Diego Simeone, hoy en el palco por cumplimiento de los ocho partidos de sanción por su expulsión en la Supercopa de España y dio entrada al mexicano Raúl Jiménez, pitado por sus mensajes de simpatía hacia el Real Madrid hace meses en redes sociales.

El Atlético, que terminó los últimos 20 minutos sin sus dos flamantes fichajes Mandzukic y Griezmann, ambos sustituidos en el segundo tiempo, y con Raúl Jiménez y Raúl García como referencias arriba, ya jugaba al filo del empate, sin fútbol, en esa delgada línea de mínimos detalles que separa el triunfo de la igualada, pero que nunca logró atravesar por centímetros un meritorio Eibar.

fdr