CIUDAD DE MÉXICO, 30 de agosto.- Es la filosofía deportiva estadunidense: uno contra el otro; este momento será tuyo o será mío. Así se mantiene sin importar si se trata o no de un deporte de conjunto. En la NBA existe, por ejemplo, la marcación de defensa ilegal, que se aplica cuando no se respeta el marcaje individual y se opta por la zona.

En la NFL actual, también ya se ponderan los enfrentamientos directos, el hombre a hombre. Cada vez más equipos recurren con mayor frecuencia a formaciones de varios receptores, mientras que la posición de fullback está desapareciendo y la del corredor se ha minimizado.

Cuando los Patriotas abrieron su ofensiva sistemáticamente, rompieron un racimo de récords en su temporada regular perfecta de 2007. Con el brazo de Tom Brady en su mejor momento, el coach Bill Belichick y el coordinador ofensivo Josh McDaniels rodearon a su muchacho de talento y lo hicieron al estilo de la llamada spread ofense con Randy Moss, Wes Welker, Donté Stallworth y Jabar Gaffney.

El objetivo de este esquema es forzar a la defensiva a que se preocupe por cada centímetro del terreno; hace obsoleta la tradicional formación defensiva a ultranza (inclusive en zona de gol). En teoría, al obligar a la defensiva a expandirse, automáticamente se crearán espacios, carriles desde una óptica horizontal, pero también, naturalmente, éstos se presentan en el transcurso de la jugada hacia lo profundo. Al final, todo esto hace que proliferen los duelos uno a uno, lo que beneficia, sobre todo, a los receptores atléticos: rápidos, altos y con resistencia al choque.

Para explotar todas las opciones del terreno abierto, aquellos Pats de 2007 tenían para el largo yardaje a Stallworth y Gaffney, en lo profundo a Moss y en el slot a Welker. La maquinaria era prácticamente infalible con tiempo en la bolsa para que Brady se decidiera por un blanco, lo cual, hay que decir, no ocurrió en el Super Bowl XLII ante los Gigantes, que lograban ejercer presión sólo con su frontal.  

Aaron Rodgers lo hace con éxito en Green Bay, dado que es un pasador que, como muy pocos, sabe eludir la presión y lanzar con precisión sobre la carrera, extendiendo las jugadas: sus armas para ello son Randall Cobb y Jordy Nelson, dos receptores que en el 1-1 buscan en balón como aves rapaces (recordar el primer TD del Super Bowl XLV, un pase de Rodgers para Nelson).

Concretamente, se trata de mandar a tu receptor a que venza a un solo hombre, a su rival directo. Y para ello, pocos en la NFL como Calvin Johnson, que este año estará acompañado por Golden Tate y Kris Durham; Megatron tiene 9,328 yardas en siete temporadas, con 572 recepciones y 66 touchdowns. Es acaso la peor amenaza para un defensivo profundo en la actualidad.

Matt Stafford, que brazo le sobra, en ocasiones lo único que tiene que hacer es poner el balón en alto para que Megatron haga lo suyo y el defensivo, ya sea el esquinero o el safety, quede exhibido. Pero, en general, esto ocurre cada vez más en la NFL actual.

 

Leones de Detroit

Es irónico que el rey de la selva no sea capaz de acestar el golpe mortal, sin embargo, ésa es la historia que mejor resume la temporada 2013 de los Leones de Detroit.

Llegando a una campaña de enormes expectativas, los Leones se quedaron cortos una vez más y no pueden culpar a nadie de sus dolencias más que a ellos mismos.

Al fin de cuentas, su registro de 7-9 pudo haber sido diametralmente opuesto de no haber perdido seis partidos por cuatro puntos o menos, cinco de ellos ante equipos que no consiguieron boleto a playoffs.

Eso habla de que los Leones están cerca, terriblemente cerca de ser protagonistas. Pero cerca no es suficiente en esta Liga. No cuando se cuenta con el mejor receptor del planeta (Calvin Johnson) y un arsenal que es la envidia de muchos.

Detroit debe madurar y pronto. El cambio más importante en Detroit vino en la banca con la llegada del coach Jim Caldwell y una filosofía mucho más relajada y menos altanera que la de su predecesor.

Ahora es momento de explotar el talento de Matthew Stafford, Reggie Bush y Calvin Johnson. Que, a la defensiva, Ndamukong Suh, Ziggy Ansah y DeAndre Levy respondan con más jugadas grandes que pañuelos en el emparrillado.

Estos Leones necesitan disciplina y enfoque, y eso sólo llega con un cambio en las laterales. Ahora es tarea de Caldwell encaminarlos. Por talento no se puede quejar.

De hecho, hay muy pocos pretextos en Detroit para no ser un equipo protagonista, muchas de sus dolencias han sido auto- inflingidas, algo inadmisible si quieren jugar en enero.

 

Osos de Chicago

En 2013, los Monstruos de Midway se tomaron vacaciones, generando miedo únicamente entre sus aficionados, luego de que la defensiva de Chicago pasó de ser temeraria para convertirse en el hazmerreír de la NFL.

Por fortuna para los Osos, su ofensiva alcanzó niveles insospechados de la mano del dueto de receptores más productivo en la historia de la franquicia. Asimismo tienen a Jay Cutler, quien ya ha sido nombrado por Brandon Marshall como el principal candidato a Jugador Más Valioso de la nueva campaña.

De la mano de Cutler, Marshall, Alshon Jeffery, Matt Forte y, en menor medida, Josh McCown, los Osos tuvieron una de las ofensivas más dinámicas de la Liga, trabajo que se fue al traste gracias al pobre desempeño de  la que fue la antepenúltima peor defensiva de la NFL.

Sin embargo, la ansiada solución a esos pesares llegó en la forma de Lamarr Houston y Jared Allen, dos expertos en la presión al pasador, que le facilitarán el trabajo a un perímetro oportuno.

Con las nuevas adquisiciones y las piezas en su lugar, las exigencias son mayores en Chicago. El coach Marc Trestman, que llegó el año anterior procedente del futbol americano de Canadá, y sus huestes parecen listos para el desafío. Un reto no sólo de vencerse a sí mismos, sino de superar a los odiados, y talentosos Empacadores, mismos que en 2013 marcaron la campaña de los Osos al lesionar a Cutler.

Este 2014 puede ser el momento de cobrar facturas pendientes.

 

Empacadores de Green Bay

Cuando se cuenta con Aaron Rodgers detrás del centro, el cielo es el límite. Sin embargo, cuando también se cuenta con la defensiva  25 de la NFL, ese cielo parece estar un poco lejos.

Ésa fue la situación de los Empacadores en 2013. Rodgers, Jordy Nelson y el tremendo corredor novato Eddie Lacy hicieron el trabajo. La defensiva, que sufrió la lesión de Clay Matthews durante gran parte del año, no.

Nelson entregó cuentas de 1,314 yardas en 85 recepciones y ocho touchdowns, mientras que Lacy terminó con 1,178 yardas y 11 TD’s.

Pero la realidad es que no hay muchos indicativos para pensar que habrá un cambio radical estadístico en Green Bay en la nueva temporada. A fin de cuentas, sus adquisiciones fueron pocas y con la excepción del veterano cazador de cabezas Julius Peppers, todas fueron de relativo bajo perfil.

Pero la apuesta del gerente Ted Thompson y del coach Mike McCarthy es clara. Anotar más que el rival y rezar por que la defensa sea capaz de limitar, contener jamás, al equipo rival.

Dadas las circunstancias, no es un plan muy malo. El único problema es que eso sólo los lleva hasta cierto nivel. En algún momento de postemporada, especialmente en la NFC, encontrarán a un equipo capaz de contener a Rodgers y será entonces que el panorama se nuble para los Empacadores.

La defensiva necesita estar mucho más cerca del nivel de su ofensiva, o de lo contrario, los días en que las palabras Super Bowl y Green Bay iban de la mano, encontrarán un final prematuro, mas no inesperado en una NFC por demás competitiva.

 

Vikingos de Minnesota

Adrian Peterson ha demostrado ser capaz de muchas cosas. Lo que nunca ha podido hacer el estelar corredor es cargar con todo un equipo... y no debería.

Para aminorar la carga de Peterson, Minnesota ha hecho varios cambios en la ofensiva, ninguno más importante que la llegada del coordinador Norv Turner, laureado mucho más como asistente que como entrenador en jefe.

Además de la llegada de Turner, Minnesota tiene una nueva apuesta en la inestable posición de quarterback en el novato Teddy Bridgewater. Aunque, de inicio, el equipo se decidió ya por el veterano Matt Cassel; Bridgewater luce como una solución más a largo plazo que al corto.

Con receptores interesantes como Greg Jennings y el explosivo Cordarrelle Patterson, junto a Peterson, el ataque parece estar en buen lugar. Los números de 2013 dan para la esperanza.

Por tierra, con Peterson, fueron el octavo mejor ataque, pese a lo predecible que llegó a ser.

Desafortunadamente, eso no es suficiente. Es más, está lejos de serlo. Al fin de cuentas, su defensiva es de las peores de la NFL, y más aún cuando el equipo tuvo un margen de menos 12 en intercambios de balón.

Minnesota necesita mucha ayuda y la primera entrega de asistencia llegó en la figura del coach Mike Zimmer, especialista defensivo.

Pero él, al igual que Peterson, no pueden solos. Necesitan talento, disciplina y mucho, mucho trabajo.

Pensar en los Vikingos de 2014 será pensar en un equipo  aún mediocre.