CIUDAD DE MÉXICO, 30 de agosto.- El América-Pumas es un partido de sensaciones diferentes, un mundo que se cierra sobre sí mismo. Ante una nueva cita, el equipo de Coapa llega invicto en este torneo y Pumas asoma la nariz tras una crisis institucional.

Este juego de salvaje rivalidad inició hace 29 años con tres partidos en una final que se resolvió con polémica y desató todos los demonios en un par de equipos que hoy se tienen descortesía.

Miguel Ángel Zurdo López fue el técnico del América en aquel campeonato que le ganaron a Pumas (4-2) en un tercer partido en Querétaro, en 1985.

Acaba de salir del hospital por isquemia cerebral y atiende tres terapias al día, pero contesta, desde Buenos Aires, la llamada a Excélsior, previo a un juego que le sigue causando un movimiento en las entrañas.

Nosotros iniciamos un clásico. Pumas siempre fue un equipo de respeto, pero el odio empezó cuando les ganamos la final de liga. Creo que me siento bien por estar en la historia como todos los que participamos esa vez. Ahí Pumas y América comenzaron a reconocerse como verdaderos enemigos”, señala.

El Zurdo habla despacio debido al cansancio que le causan las terapias. Se siente reanimado porque Ricardo Peláez, director deportivo de las Águilas y a quien debutara, le ha hablado para preguntarle por su salud.

Pero también recuerda esos partidos contra Pumas.

Es el mejor Pumas que yo vi en la vida, un equipo dinámico, rápido, goleador, el favorito de todos, pero no pudieron con nosotros, no al menos conmigo en el banquillo. Dirigí ante ellos cuatro partidos ese año, tres de la final y uno de liga y empatamos tres y gané uno”, recuerda.

El otro partido de la primera vuelta de ese campeonato lo perdió Carlos Reinoso 1-0, en Ciudad Universitaria.

Miguel Ángel López fue parte como jugador del Rey de Copas, el equipo de Independiente que ganaba todo en los años 70 y, ya como estratega, Panchito Hernández lo trajo para dirigir al América debido a que el equipo, que había salido campeón con  Reinoso, no daba color para el bicampeonato.

Llegó en febrero de 1985 y para mayo tenía el título en las vitrinas de Coapa.

Fue una final durísima. En el Azteca nos hizo gol Alberto García Aspe, un jugador de primer nivel que me gustaba mucho en su estilo, y por fortuna empató Carlos Hermosillo.”

El juego en Ciudad Universitaria el fin de semana siguiente fue para Miguel Ángel López una señal de que el destino estaba a favor del América.

Había una confianza desaforada por parte de ellos, incluso hasta arrogante; y no miento si nosotros estábamos preocupados, pero salimos adelante. Pensamos al final del juego que si en su campo, con el calor y con todo a favor no nos ganaron, entonces en el tercer juego estaba todo de nuestro lado.”

El medio día en Ciudad Universitaria vio además del empate agónico sin goles, la trágica escena de los muertos en el túnel 29. El Estadio Olímpico presentó un sobrecupo de casi 20 mil personas de las cuales murieron diez por asfixia.

El juego en Querétaro fue extraño. Un campeonato en México se resolvería a mitad de semana y por la noche en campo neutral. América ganó 3-1 con las penurias para Pumas que los han perseguido desde hace 29 años en contra del silbante Joaquín Urrea, que dejó de señalar una mano en el área azulcrema.

Lo de Urrea lo han magnificado. Cambiaron  de árbitro antes del juego y a nosotros sólo nos avisaron en el vestidor esa decisión, no supimos más. Decir que ese campeonato nos los dio Urrea es una falta de respeto. Hubo equivocaciones, pero el América le ganó con contundencia a Pumas. ¿Por qué  no dicen que años más tarde Berny Ulloa se equivocó en contra de nosotros en una semifinal?”, cuestiona el Zurdo López.