CIUDAD DE MÉXICO, 28 de agosto.- Bora Milutinovic tiene su residencia en Qatar, donde es consejero del comité de organización del Mundial de 2022. Hasta  ese país movedizo, donde el gas y el petróleo son las principales fuentes de riqueza, llegan noticias de Pumas y de sus 60 años. Su memoria es fantástica: enumera fechas, rivales, jugadores y directivos de su época. Responde en tiempo presente, como si una parte suya permaneciera todavía atada al club, y evade los elogios personales, para adjudicárselos a quienes lo respaldaron dentro y fuera del campo.

“Fue el destino quien me llevó a Pumas.  Tuve la suerte de ser parte de una generación con líderes extraordinarios y es difícil olvidar alguno. En mi memoria están todos”, menciona con algo de ruido externo, desde el otro lado de la bocina.

  Bora ganó todo lo que pudo como futbolista (Copa México 1974-75 y Campeón de Campeones 1975) y también como técnico (campeón de Liga en la Temporada 1980-81, Copa de Campeones de la Concacaf 1980 y Copa Interamericana 1981).

“Pero ser campeón no es tan importante”, corrige. “Lo importante es generar una identificación con la gente. Tuvimos el talento para hacerlo y ganamos todo lo que se podía ganar, sobre todo con equipos goleadores y jugadores espectaculares. Fue un sueño, porque todas las cosas coincidieron”.

Una computadora controla las luces de su cuarto. Los recuerdos le emocionan, sobre todo cuando aparecen los nombres de Hugo Sánchez y Evanivaldo Castro Cabinho, dos de los genios que le tocó dirigir.

“Sólo puedo hablar de las actitudes bellas que ellos tuvieron conmigo. Hugo y Cabinho eran grandes jugadores, pero sobre todo grandes personas. Siempre tuvieron una entrega total, no sólo en los partidos sino también en los entrenamientos”, agrega.

Bora terminó su carrera como futbolista en 1976 y al año siguiente tomó el cargo como entrenador: “Tuve a muchos fuera de serie. En el campo no era tan capaz, pero cuando me tocó llegar a la banca mis jugadores supieron interpretar mis pensamientos, jugando un futbol pocas veces visto en el club”.

¿Ese habrá sido el secreto?  Esos jugadores tenían un gran espíritu universitario. La gente recuerda al equipo de los 80 por su manera de jugar. Cada día había más aficionados. Fue uno de los más importantes equipos en la historia del club. Uno no puede olvidarse de los rivales que había: Cruz Azul, América, Tigres, Monterrey, la misma U de G. Siempre quisimos ser dignos representantes de la máxima casa de estudios.

¿Su mayor satisfacción?

Ver a los jugadores que triunfaron y que tuve suerte de dirigirlos. Llegamos a aportarle ocho jugadores de Pumas a la Selección Nacional y siete habían debutado con nosotros, todos titulares. Fue un legado.

¿Y el momento más especial?

Ocurrió en las finales de la Temporada 77-78, cuando perdimos contra Tigres. Después del partido el público nos pidio salir para aplaudirnos. Esa vez jugamos sin cinco jugadores que estaban en el Mundial de Argentina 78: Cuéllar, Hugo, López Zarza, Vázquez Ayala y Muñante. Fue una lección de vida.