CIUDAD DE MÉXICO.- Los directivos y asesores de Jorge Vergara, dueño de las Chivas, le duran alrededor de un año en sus puestos.

Sin margen de maniobra y con el agua al cuello, todos contribuyen de alguna forma con su esfuerzo a buscar soluciones, pero cada que se van dejan más hundido al equipo.

Las Chivas ha tocado fondo como nunca antes en la historia. Ubicado en el antepenúltimo lugar de la tabla del descenso y con un equipo a la deriva, no han podido soportar los despidos y el movimiento constante de personal.

Ninguna empresa o club deportivo puede aguantar sin agrietarse por el hecho de que la cabeza sea cambiada cada año. La situación ha llegado a tocar a los jugadores.

El último presidente en irse fue Juan Manuel Herrero, que duró un año. Renunció cuando le pusieron a un costado a un director operativo, Rafael Puente del Río.

“Desconozco los motivos personales que lo orillaron a irse y le agradecemos lo que laboró en la empresa, pero su partida no causó mayor inconveniente. No quiero decir que hayan mejorado las cosas, pero cada quien aquí sabe las cosas que debe hacer”, señala Rafael Puente del Río.

El hecho es que el Guadalajara sigue hasta la fecha sin presidente a casi un mes de la renuncia de Juan Manuel Herrero. Nadie puede dar una explicación a lo que sucede en el Rebaño Sagrado, siendo que han pasado personalidades que  triunfaron en equipos internacionales basados en un modelo de trabajo pero que en las Chivas ha fracasado rotundamente.

El director de CID, cosultoría  integral en negocios para el deporte, Héctor Quispe, asume que el problema es la demagogia del dueño Jorge Vergara.

“A todas luces el organigrama de Chivas es apócrifo. Es una pantalla donde el dueño es el único que toma las decisiones, pero para establecer una supuesta imagen democrática nombra a presidentes que no tienen peso en la empresa y esto, por ende, crea confusión en todos los niveles”, relata Quispe.

Por si fuera poco, en Chivas parece ser que nadie conoce los límites de sus responsabilidades ni hasta dónde debe llegar, a pesar de que Rafael Puente del Río busque respuestas inmediatas.

Ni él ni Francisco Palencia, director deportivo del Rebaño, tienen a quien rendirle cuentas tras la salida de Herrero. Y cada vez las cosas se ponen más delicadas, porque Puente intenta obtener respuestas del cuerpo técnico encabezado por Carlos Bustos, situación que no tiene tranquilo a Palencia.

Rogelio Roa ha tenido experiencia en la gestión deportiva de clubes de Primera División y de la Liga de Ascenso. Es director general de Dreammatch, empresa  especializada en sportmarketing y entiende que el golpe de tener un presidente distinto cada año perjudica mucho al primer equipo.

“No es como una empresa de agua, por ejemplo, que ya conoce su funcionamiento y tiene una fórmula para vender el producto, el futbol es diferente, dice Roa, quien apunta que la confusión ha sido contundente en los jugadores que al notar tanto ajetreo directivo, se quedan con muchas interrogantes.

“Cuando hay tantos cambios estructurales en una empresa como Chivas, es que de origen las cosas no están bien. Se dicen muchas cosas, como el rompimiento entre directivos, pero no lo pudo asegurar; sin bien es cierto que lo que se ve no se juzga, si en tres años has tenido tal cantidad de presidentes y asesores deportivos, es que tu parte interna está hecha un desastre.”

La salida de Juan Manuel Herrero es el más reciente temblor del Guadalajara. Ahora hay dos vertientes, la de Puente y la de Palencia, y una silla en la presidencia de Chivas... que está vacía.

 

“Este ambiente es de tiburones”: Rafael Puente del Río, director operativo

Empleados del Club Chivas cuentan que cuando llegó el director operativo Rafael Puente del Río (DF, 1979), varios se sorprendieron por la energía que pone en el trabajo.

Las Chivas están en crisis. Nunca antes estuvieron tan cerca del fuego del descenso, síntoma del momento apático que vive la institución. En ese sentido, la llegada de Puente del Río, conocido por su trabajo como analista de futbol para la televisión, arrojó el despido de más de 25 personas de puestos estratégicos en la formación de fuerzas básicas, entre ellos el del técnico José Luis Real, un hombre muy querido en la institución rojiblanca.

Usted es novato en la dirigencia deportiva, ¿qué tanto le ha costado?

Es mi primera experiencia y hay rubros que desconozco. Sin embargo, desde chico he estado inmerso en el mundo del futbol y aunque este ambiente es de tiburones, ha sido una grata etapa hasta ahora. Mis valores no son negociables.

¿Cuánto influye su presencia en el equipo?

Tengo que hacer las cosas junto a Juan Francisco Palencia. La consecuencia es que si le va bien a Chivas, le va bien a Palencia y me va bien a mí. Lo único que puedo hacer es transmitir que las formas importan. Se puede ganar o perder, pero con identidad.

¿De verdad los deja trabajar Jorge Vergara?

Hay cosas fundamentales como el trabajo a mediano y largo plazo, él lo sabe. La necesidad primaria es salir del problema con el primer equipo y Vergara está encima de nosotros simplemente por ser el propietario. En todo caso, delega y confía en nosotros.

Su llegada trajo despidos masivos. José Luis Real se fue y para muchos resultó injusto.

Son conclusiones que se tomaron con base en unos análisis y obedece solamente a eso. No hablé con Real, porque a mí no me correspondía hacerlo. Propuse una reestructura que se centró en el bien común de la institución, en donde nunca puse nombres ni apellidos y la decisión no fue mía, evidentemente.

¿En términos generales, qué se busca con el proyecto que presentó?

Las fuerzas básicas es el asunto primordial del proyecto, para eso hay que trabajar a largo plazo. Hemos hecho un gasto importante y no es motivo de presunción, presumiremos cuando el 90 por ciento del plantel sea salido de nuestras fuerzas inferiores. Ahora bien, para llevar a buen puerto el proyecto, Chivas trajo a Albert Benaiges, el principal productor de talentos en el Barcelona y le hizo un contrato por tres años en lugar de firmar a Ángel Coca González, que fue la primera opción.