TOLUCA, 18 de agosto.- El secreto de este Toluca es la ambición de estar aquí y allá, en todas partes del campo, haciendo una música doble que pone a bailar a sus contrarios. Ayer le tocó al Pachuca, un equipo que pierde el equilibrio sin la pelota y que, sacudido por la velocidad del juego, cayó sin poder reaccionar a tiempo.

Los Diablos siguen sus propias reglas y, aunque en algunas circunstancias practican algo diferente, no dejan pasar el tiempo para atacar y buscar los goles. Ante los Tuzos lo lograron rápido gracias a un cabezazo del paraguayo Paulo Da Silva, apenas al minuto cuatro, que dejó parado al guardameta Óscar Pérez tras un tiro de esquina  de Lucas Lobos.

A su propio ritmo, intentándolo por las bandas y con velocidad también por el centro, los dirigidos por José Saturnino Cardozo generaron otras dos oportunidades de peligro, pero fallaron en la definición final.

En ambas el protagonista fue el propio Da Silva, quien remató los pases de Lobos en el poste (al 35’) y en las manos del Conejo Pérez, a los ocho minutos.

Los hidalguenses, entretanto, con jugadas sin idea, llegaron con disparos desde fuera del área: primero con Rodolfo Pizarro, quien provocó una atajada espectacular del portero Talavera, y luego con Hirving Lozano, en un remate que pasó rozando uno de los ángulos de la portería.

Hasta entonces, ni el argentino Ariel Nahuelpán ni el colombiano Avilés Hurtado habían ayudado a los Tuzos a ser contendientes de peso. Las cosas parecieron cambiar en el segundo tiempo.

Los ingresos de Matías Alustiza y el joven Simón Almeida, campeón en la categoría Sub 20, armonizaron la delantera visitante y provocaron tres ocasiones de gol en menos de cinco minutos. Una la tuvo Almeida, otra Alustiza y finalmente Nahuelpán, sin embargo, así como ocurrió durante todo el partido, los errores siguieron jugándoles en contra.

A diferencia de ellos, el Toluca sentenció el marcador con dos remates del paraguayo Pablo Velázquez, uno de cabeza (61’) y otro de rebote (67’), que acabaron definitivamente con todo.

El castigo pudo ser mayor en los minutos finales, de no ser porque los tiros de Brizuela y Édgar Benítez se fueron por un lado del arco del Pachuca, cuando el Conejo Pérez ya se encontraba vencido.

Alustiza elaboró más que Nahuelpán y Avilés Hurtado, pero fue poco acompañado por Almeida, un futbolista que en el tiempo que estuvo mostró cualidades parecidas a las de Hirving Lozano y Rodolfo Pizarro, también canteranos de las fuerzas básicas hidalguenses.

El baile de los Diablos, un equipo ambicioso, terminó entre aplausos.