BELO HORIZONTE, 10 de julio.- ¿Es hora de volver al histórico jogo bonito de Brasil, ese de Pelé, Garrincha, Zico, Romario, Ronaldo y tantos otros?

Luiz Felipe Scolari supuso que un sólido esquema defensivo iba a llevar a Brasil a su sexto título y el primero en casa, pero ese catenaccio se hizo trizas con siete goles ante Alemania en la semifinal.

Ahora estos jugadores están tatuados con la palabra Mineirazo en la frente.

Este Brasil, formado con base al que se coronó campeón en la Copa Confederaciones de 2013, mostró poco futbol, sudó cada una de sus tres victorias -contra Croacia, Camerún y Colombia-, empató con México y Chile, y perdió, y de qué forma, contra Alemania.

Ayer, la prensa deportiva le dio a los jugadores notas entre 1.3 y 2.3 de 10 a los jugadores. Y al entrenador, que apostó por Bernard (un atacante sin experiencia que juega en Ucrania) para mantener su esquema táctico que empleaba con Neymar en el campo, consiguió 0.7.

Brasil se tornó previsible con su juego de mucha presión y excesivas faltas, mientras Alemania apostaba en la creatividad y posesión del balón. Los laterales abrieron los espacios y la zaga, sin Thiago Silva, tendía la alfombra roja a los alemanes para que hicieran goles. Pudo fácilmente ser un partido con un marcador más abultado, pero la Mannschaft decidió mojar la mecha.

Fue una masacre. ¿Y ahora? A pensar en el futuro.

Dani Alves, una de las grandes decepciones del torneo, lo dijo: “El futbol brasileño necesita evolucionar en un contexto general”.

Los problemas comienzan en las bases, donde los técnicos prefieren incentivar un futbol físico, sin espacio para la creatividad para buscar resultados en el corto plazo en vez de valorizar las riquezas del futbol brasileño: talento natural, improvisación e imprevisibilidad.

Fue Scolari de los verdugos de ese llamado “futbol arte”. Y la filosofía de rechazo al “futbol arte” fue adoptada por los jugadores, comenzando por Neymar, que dijo que no quería ofrecer un espectáculo en su último juego contra Colombia.

Aunque sin quererlo, el atacante, único crack de Brasil, consigue los aplausos con su técnica insolente, que desequilibra y sorprende a cualquier zaguero con goles.

“Necesitamos rediscutir la formación de los jugadores y la educación, no sólo de la vida, sino del deporte. La base necesita ser revisada. Los jugadores no pueden ser vistos apenas como un objeto de negocio”, dijo al diario O Estado de Sao Paulo el director de futbol del club Vasco, Ricardo Caetano.

Por su historia, Brasil continuará siendo el país del futbol, pero para muchos el “futbol arte” murió en 1982, cuando Sócrates, Zico, Falcao, Cerezo y compañía fueron vencidos 3-2 por una Italia pragmática e implacable.

Después del fiasco de 2010, Brasil llamó a Mano Menezes para hacer una “reforma”. El entrenador apostó en una joven generación, pero una serie de malos resultados forzaron su salida.

Era hora de llamar a los “especialistas”: Luiz Felipe Scolari y Carlos Alberto Parreira, los artífices de los títulos de 1994 y 2002 con un estilo efectivo, pero poco vistoso. Lo que importaba era ganar el título en casa, a cualquier costo.

Comienza ahora una nueva etapa y de este equipo masacrado “12 o 13 jugadores” disputarán la próxima Copa en 2018”, según Scolari. ¿Jogo bonito, catenaccio, o alguna otra cosa? Ahora hay que descubrirlo.