SAO PAULO, 8 de julio.- Lejos de los estadios y de las multitudes que se desbordan en las calles cada vez que juega su selección, algunos aficionados siguen manías, muchas hasta excéntricas, pero para ellos "fundamentales" para ayudar al seleccionado "canarinho" a vencer en sus partidos.

La semifinal de hoy ante Alemania no será diferente y algunos brasileños alertan sobre lo que puede dar mala surte: "no se puede cantar el gol antes del balón llegar al área rival", "no se puede vanagloriar la afición contraria porque se pone adelante en el marcador" y "es prohibida la palabra 'no', sólo cosas positivas".

Además de las creencias, muchos apuestan a algunas manías que pueden ayudar, como usar siempre la misma camiseta de la selección -sin lavar- para ver los partidos, cruzar los dedos en las faltas y otras actitudes por ese estilo.

Laurinda França, que tiene 84 años de edad, literalmente congela desde el Mundial de Corea del Sur-Japón 2002, el último conquistado por Brasil, los nombres de los jugadores rivales.

"Le pido a mis nietos que escriban el nombre de los jugadores en filetes de papel y los pongo un día antes dentro de los moldes de hielo para que el día del partido estén paralizados", comentó la jubilada, quien lamentó la lesión y ausencia de Neymar para el partido ante los alemanes, en Belo Horizonte, por las semifinales.

Además de congelar los nombres, otra aficionada, Juliana Spinardi, dice que aprendió a "congelar" la camiseta de los adversarios.

"Eso le da un frío a los jugadores (rivales)", señaló Spinardi.

La profesora Carolina Fogaça, en tanto, prefiere rezar al santo de su devoción: "San Expedito es el santo de las causas urgentes y rezamos para que él ilumine a los jugadores brasileños", mientras que para la abogada Flavia Santos la "diferencia" es el lugar en donde se ve el partido.

En mi familia, todos se sientan en los mismos lugares para todos los partidos y algunos usan siempre la misma ropa", relató Santos.

Para el estudiante Mateus Leite: "no se puede lavar la camiseta de la selección, a no ser de que la selección juegue mal. Ahí sí se puede lavar, pero tiene que ser puesta a secar al lado de la bandera de Brasil".

Otro estudiante, Leonardo Ortiz en vez de congelar a los rivales prefiere "quemarlos", poniendo sus nombre en el microondas y, si es necesario, en el horno convencional hasta "tostarlos".

Igualmente, el también estudiante Guilherme Teixeira consideró que no se puede cambiar la camiseta, pues la único vez que lo hizo fue en los octavos de final ante Chile y la "canarinha" sólo pudo clasificar en la definición desde el punto penalti.

"Gane o pierda Brasil yo uso la misma camiseta de Brasil, la de Ronaldinho Gaúcho del Mundial de 2006, en todos los partidos. No sé si eso va ayudar o no, pero tampoco hace mal", afirmó Teixeira.

El sincretismo cultural brasileño ha caracterizado siempre el clima local ante un Mundial y además de las creencias y manías tradicionales, la Copa de 2014 ha tendido otro ritual más: las decoraciones "obligatorias" en casas y automóviles y para muchos prender una vela verde y amarilla para la selección.

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