RÍO DE JANEIRO, 2 de julio.- Bora Milutinovic (Serbia, 1944) es experto en futbol. Tiene su residencia en México, pero viaja al menos 200 días al año. Gracias a este deporte conoce el mundo y su última parada ha sido Brasil, aunque antes estuvo en Hong Kong y Miami. “Soy ciudadano del futbol”, bromea.

Bora conoce casi todos los países. Nació en la extinta Yugoslavia, pasó por México, China, Irak, Honduras, Suiza, Francia, Argentina, Italia, Costa Rica, Estados Unidos, Nigeria, Jamaica y Catar, en donde tiene su residencia actualmente porque ayuda en el comité de organización del Mundial de 2022. Todo se lo debe al futbol. “Uno tiene que estar siempre informado de lo que hacen las selecciones”.

Bora, un apasionado del ajedrez, fue el creador de equipos casi artesanales. Su logró más emotivo fue Costa Rica en Italia 1990, “pero no me apropio de nada. Me dio mucho gusto ver que vencieron. En cada lugar que voy sólo hago mi trabajo. Si la gente quiere reconocer algo mío, está bien”.

Fue el último entrenador en meter a México a una fase de cuartos de final, en casa, en México 86. Ahora, en Brasil, el Tricolor estuvo en la antesala de los cuartos de final, pero sucumbió ante la habitualmente poderosa Holanda. Pasado el trago agridulce quedan las frías estadísticas. Y el cobijo de Bora.

“Me gustó que el equipo sea osado, pero el quinto partido se ha metido como un cuchillo y no tiene que ser así. Fíjate en Costa Rica, nadie daba algo por ellos y ahora el mundo habla de esa selección.”

Todos conocen a Bora. Algunos le dicen señor Milutinovic. Otros, Bora. Algunos asiáticos, Milu, porque esa acotación significa “suerte”, y varios más le sentencian frugalmente como amigo, porque el futbol le ha hecho conocer a toda la gente.

Dice que hace más de 20 años no paga una entrada para un estadio.

“He visto los Mundiales desde la banca y en los palcos. Me tratan muy bien, pero no me dejan pagar nada, entonces yo pido un refresco o algo de comer y me lo sirven con abundancia. Debo reconocer que soy el técnico que más mundiales tiene con cinco y que me hubiera gustado vivir uno como jugador, pero el futbol me correspondió con la dirección técnica. Mi problema siempre fue Brasil”, dice, porque sabe que los del comité organizador brasileño lo escuchan. “Me los encontré tres veces en los Mundiales. Con Estados Unidos me eliminaron”, afirma.

Precisamente, Bora tomó las riendas como seleccionador del USA Soccer Team gracias a Franz Beckenbauer, que lo recomendó a Henry Kissinger, quien una vez que concluyó su polémico servicio como secretario de Estado del país de las barras y las estrellas, en los setenta, se incorporó de lleno en el rol de chairman del futbol de Estados Unidos. La obra de Kissinger culminó con el Mundial de 1994.

Bora Milutinovic llegó a los Pumas en 1973 para jugar la recta final de su carrera, casi toda hecha en Yugoslavia. Con los años se ganó la categoría para dirigir a la selección mexicana. Después vino el desfile de clubes y selecciones, de norte a sur, de un continente a otro: Costa Rica en Italia 90, Estados Unidos como anfitrión en 1994, Nigeria para el Mundial de Francia 98, China en el campeonato conjunto de Corea-Japón 2002 y sendas experiencias con los equipos nacionales de Honduras, Jamaica e Irak. 

Sin embargo, Bora, más allá de que regresó por a una nueva etapa con el Tricolor de 1995 a 1997, y de que prácticamente pasa más horas en vuelo que en tierra firme, nunca oculta que en México está su corazón. Y su futbol.

Tener a Giovani dos Santos, Rafael Márquez y Oribe Peralta, entre otros, dice, ayuda mucho. “Creo que el futbol mexicano es agradable para el que comprende la forma de ser de este país.”