RÍO DE JANEIRO, 1 de julio.- Arjen Robben bromea en el entrenamiento de Holanda el día posterior al polémico penal que le diera el pase a los cuartos de final. Sonríe. Toda la atención está en él.

Desde el domingo, Robben es odiado en México. No le importa. “Lo único que sé es que estamos en cuartos de final. No espero volarnos ni poner la cabeza en las nubes, falta mucho por delante”, afirma.

Se dice de Robben que es un experto simulador de faltas al que le encanta tirarse apenas ve la oportunidad. Al terminar el partido contra México, sus declaraciones de que simuló una caída causaron un revuelo que para FIFA es menor.

Instamos a todos los integrantes de este juego a que se apeguen al fair play, pero en el caso de Robben no se puede abrir algún expediente porque el caso no es grave”, dijo la portavoz del organismo, Delia Fischer.

Robben, en cambio defiende su postura, una manera peculiar de ver el juego.

“Cometí una simulación en el primer tiempo en una falta que no influyó en el resultado y es todo, fue una estupidez de mi parte, eso es lo que dije en la entrevista que me hicieron. Después, en el segundo tiempo, sentí un contacto con mi pie y creo que fue un penal.”

A los 30 años, Arjen Robben tiene el récord de una carrera más rápida en la historia de los Mundiales. Llegó a alcanzar 37 kilómetros por hora en el gol que le hizo a España. Contra México entró en combustión en los últimos diez minutos.

Esto es muy claro, hubo dos penales en el partido, uno lo marcaron y el otro no. En el primer tiempo me golpearon el talón y después la espinilla. Si eso no es penal, no sé qué lo sea. En la segunda hay un contacto con mi pie y caigo. Fue falta.”

Periodistas holandeses inquirieron a Robben si fingir una falta era una trampa.

“Espero que sea la última pregunta sobre el penal. Siempre he sido un jugador honesto, no voy a cambiar mi forma de ser, es mi personalidad. Cada quien es libre de expresar sus ideas. Lo que sé es que estamos orgullosos de estar en cuartos.”