CIUDAD DE MÉXICO, 30 de junio.- En la Ciudad de México radican tres mil holandeses, aproximadamente, suficientes para colmar dos bares de la Colonia Condesa y hacer retumbar el grito ¡¡Hup, Holanda, Hup!, tras la victoria del equipo Oranje sobre México.

“México es nuestra casa, pero todos somos de Holanda”, constantemente repiten los holandeses que apoyaron a los suyos desde el Distrito Federal. Por dos horas olvidaron el español y se dedicaron a expresarse en holandés para apoyar a su representativo.

No se intimidaron cuando el equipo de Miguel Herrera dominó al selectivo de los Países Bajos y sólo mostraron impaciencia cuando Giovani anotó en el inicio del segundo tiempo.

Los equipos de Van Gaal prefieren que el rival se desgaste y en el segundo tiempo, en los últimos diez minutos dan el golpe definitivo”, describió uno de los aficionados, al tiempo que se empinaba su vaso de cerveza Heineken, tradicional en Holanda, y regresaba la mirada al monitor.

“¡Het kan niet!” (“¡No puede ser!”), se escuchó cuando Ochoa desvió un cabezazo y el esférico se estrelló en el poste.

Los Oranje comenzaron a murmurar entre sí cuando vieron que el técnico Louis Van Gaal llamó a Robin Van Persie para que saliera, pero acabaron por aplaudir al observar que Huntelaar entraba en su lugar.

En el entretiempo, los presentes comenzaron a tomarse fotos con uno de sus compatriotas que cortó una camisa de México y otra de Holanda a la mitad, para hacer una sola.

Mi suegra hizo los cortes, y comenzó a cocerla para que estuviera lista hoy”, dijo el holandés que se dividía entre dos países.

Desfilaron cientos de waffles holandeses, protegidos por unas servilletas a cuadros con los colores del país, por las mesas, y cuando Wesley Sneijder anotó el tanto del empate, esas servilletas salieron volando por todos lados.

“¡Ochoa, kon!, ¡¡Ochoa, kon!!!”, empezaron a presumir los originarios de los Países Bajos con el 2-1.

La frase significa:“¡Ochoa no pudo!, ¡Ochoa no pudo!”. El apellido del portero mexicano quedó bien grabado en los rivales de México en el Mundial, pero tras el penal que Huntelar convirtió, todo fue alegría naranja.

 

El partido que une a una familia

Mark, Maartje, Peter y Rob, cargan a Paty. Foto: Alberto Aceves

 

Sobre la mesa de madera hay nachos, guacamole y un tazón de salsa picante. Acompañan las cervezas, un poco de comida polaca y algunas margaritas preparadas. Alrededor,  un barco pequeño de tres velas y un reloj de campana tienen su lugar debajo de un timón marinero, todo al borde de una repisa que se desprende casi a la mitad de la pared.

Quien porta la camiseta de Wesley Sneijder es Mark, cuyo hogar se ha convertido en un palco a distancia del partido entre Holanda y México. Maartje, Peter y Rob le hacen compañía. Junto a ellos aparece Paty, la novia de Mark, siendo la única en atreverse a jugar el papel de rival.

“Holanda es un equipo estable, cuenta con una combinación  de jugadores jóvenes y veteranos”, analiza Mark, mientras el juego está en marcha. “Lo que no me gusta es que (Daryl) Janmaat no figure como titular, es un jugador que otorga ese factor extra al equipo”.

Cae el gol de Giovani dos Santos y el nerviosismo se hace notar, al menos entre los naranjas. Paty reconoce saber poco de futbol, pero se alegra de que exista un frente unido. “Ningún otro equipo hizo sufrir tanto a Holanda en esta Copa como lo estamos haciendo nosotros”, agrega.

El medio tiempo sirve para estirar las piernas, comer algo de pastel y sacar bocadillos del refri. Es durante ese lapso que Mark recuerda sus pasadas vacaciones en México.

“Tuve la oportunidad de conocer Acapulco, Avándaro y el DF. Me enamoré de la playa, de lo rústico de Avándaro y las trajineras de Xochimilco. Los mariachis son geniales”, comenta.

Mark es dentista y tiene 26 años. Conoció a Paty por medio de una página de internet de citas (date4love.nl), “platicamos un par de meses  hasta  que se fue de intercambio a Holanda. Ahí  fue cuando pudimos vernos”.

Los holandeses empatan faltando tres minutos y la tensión se descarga. Maartje abraza a Peter y éste a Rob, mientras Mark le sonríe irónicamente a la mexicana. Pasan apenas algunos instantes cuando de repente gritan

“¡Penaaal!”, y la cerveza alcanza a salpicar el piso. Aunque la repetición indica que no hay falta, el gol de Huntelaar acaba con todo. “No es lo mejor ganar así, porque al final ambos jugaron bien. Si México ganaba, lo escucharía de Paty por años”.