FORTALEZA, Brasil, 29 de junio.- Quizá nunca en la historia de esta ciudad una selección de futbol había convocado a tantos aficionados desde su país, ya que miles de mexicanos literalmente invadieron el estado de Ceará, con la fe puesta en ser testigos de la obtención de un quinto partido en un Mundial para el Tricolor.

Como si la avenida Aboliçao y la misma costera fuera la mismísima calzada de Tlalpan, era posible ver a cientos y cientos de mexicanos que buscaban la manera más rápida, barata y eficaz para llegar al Estadio Castelao.

La necesidad era mucha y las opciones muy pocas, ya que los taxis querían cobrar más de lo habitual y muchos ya no estaban dispuestos a gastar más dinero tras casi 20 días en Brasil.

Además, el hecho de tomar uno no garantizaba que los dejara cerca del estadio, sino a una distancia no menor de tres kilómetros, los cuales tenían que ser recorridos a pie o en su caso en una bicicleta colectiva, en la cual, además de pagar cuatro reales, tenían que pedalearle.

Los autobuses del servicio transporté público tampoco eran la mejor opción, sí más barato, sólo que la parada más cercana al inmueble tampoco no era nada cercana, aunado a que se exponían a los carteristas.

El anhelo y deseo por llegar era tanto que incluso se escucharon voces de añoranza respecto a los tan criticados microbuses y el metro, que combinado con el tren ligero, dejan al aficionado enfrente del Estadio Azteca, casa del Tri.

Muchos sufrieron pero ya están en el Castelao, donde no sólo quieren ser testigos de la historia futbolística del Tri, sino ser parte fundamental con su respaldo incondicional.

fdr