CIUDAD DE MÉXICO, 27 de junio.- José Arriaga se quedó sin excusas para justificar ausentarse del trabajo para ver a la selección de Estados Unidos en el Mundial.

El nacimiento de un hijo, el fallecimiento de un pariente y todos esos amistosos previos al torneo se encargaron de agotar sus días personales. Pero, luego de que el equipo avanzó a los octavos de final, pese a perder 1-0 ante Alemania, Arriaga no se quiere perder el próximo partido y está dispuesto a negociar las horas extra necesarias.

“Si hubiésemos perdido y quedado fuera, entonces hubiese dudado en no ir a trabajar”, dijo Arriaga, un aficionado del soccer de 28 años que dejó a un lado su trabajo en hipotecas para ver el partido en una fiesta en Dallas. “Pero avanzamos y no te lo puedes perder.”

Decenas de miles de estadunidenses como Arriaga optaron  ayer por no ir a las oficinas para ver el partido, con o sin el aval de sus jefes. Muchos los vieron por Internet. ESPN informó en Twitter que su aplicación que transmite partidos por la web fijó un récord con 1.4 millones de usuarios durante el primer tiempo, lo que provocó algunos problemas que el canal culpó a una “demanda sin precedentes”.

El partido arrancó al mediodía en la zona este del país, es decir en plena faena laboral, pero eso no impidió que se llenaran los bares y restaurantes desde Orlando hasta Seattle y muchas otras ciudades de por medio.

Los sitios que más público captaron fueron las fiestas en el Grant Park de Chicago, el Dupont Circle de Washington y el Bryant Park en Nueva York.

Después de dos horas, esperando hasta que se asegurara el pase de Estados Unidos gracias a una mejor diferencia de goles y el resultado del otro partido, ganado 2-1 por Portugal ante Ghana.

Es habitual que los empleados busquen excusas para no perderse un gran evento deportivo que coincide con horas laborales. Pero más y más compañías no ponen obstáculos si sus empleados miran los partidos en la oficina en vez de perder el día entero por estar “enfermos”.

Hasta el presidente Barack Obama vio el partido a bordo del avión presidencial, el Air Force One, rumbo a Minnesota.

John Challenger, director ejecutivo de la firma de consultoría Challenger, Gray & Christmas Inc., estimó que el partido pudo costarle 390 millones de dólares en salarios perdidos a las empresas estadunidenses. Pero Challenger explicó que la inversión en algo que aglutina a los empleados no es mala idea.