RECIFE, 26 de junio.- Un empate, sin importar si el partido fue soso o intenso, bastará para afianzar sospechas sobre la comunión de intereses entre las selecciones de Estados Unidos y Alemania por una plaza en los octavos de final, mientras Portugal y Ghana juegan por un milagro en el grupo G.

Los indicios surgen por todos lados, apoyados en asuntos históricos y hasta sentimentales, mientras los señalados se esquivan con argumentos de moral y ambición futbolística. Ambos representativos llegan con cuatro unidades en el bolsillo por lo que les basta el empate para lograr su pase a octavos.

La amistad de Jürgen Klinsmann con el seleccionador germano, Joachim Löw, quien fue su ayudante en el Mundial 2006 en el banquillo de Alemania, echa más leña a las conjeturas que arden en la prensa.

Soy muy amigo de Jogi (Löw), pero él hace su trabajo y yo el mío”, explicó Klinsmann. “No es el momento para hacer llamadas amistosas. Es un asunto de negocios”, abundó.

En la misma línea se ha expresado Löw: “Jürgen y yo hemos tenido una muy buena y cercana relación por mucho tiempo. Hemos intercambiado ideas, aunque eso seguro cambiará antes de enfrentarnos”.

Nacido y criado en Alemania, pero de padre estadunidense, el volante Jermaine Jones también debe encarar el dilema de enfrentar a la selección de su país natal con la camiseta de Estados Unidos.

Crecí en Alemania, mi madre es alemana, pero intentaré ganar y llevar a Estados Unidos a la siguiente fase”, afirmó Jones, autor en el empate ante Portugal de uno de los mejores goles del Mundial.

A Klinsmann le han recordado que el 25 de junio de hace 32 años, en el Mundial de España 1982, Alemania y Austria protagonizaron el partido de la vergüenza, llamado así por el descarado amaño de un resultado para clasificar ambas selecciones europeas y dejar eliminada a la sorprendente Argelia.

“Eso ocurrió hace décadas y es parte de la historia de Alemania y no de Estados Unidos”, respondió Klinsmann, de 49 años.

Un ganador en este encuentro renovará la esperanzas de ghaneses y portugueses, que a la vez necesitan una victoria por goleada para terminar de obrar el milagro.

En la historia común en Mundiales de Estados Unidos y Alemania hay dos partidos y ambos ganados por los germanos con apuros: en Francia 1998 por 2-0 y por 1-0 en cuartos de final de Corea del Sur-Japón 2002.

 

El partido de la infamia

El recuerdo negro del Pacto del Molinón, uno de los eposidios más polémicos de la historia de los Mundiales, sobrevuela el partido que disputarán Estados Unidos y Alemania, donde un empate sirve a ambos para avanzar a octavos de final.

Ningún jugador de los que participaron en aquel partido entre Alemania y Austria en Gijón el 25 de junio de 1982 ha reconocido que hubiera un pacto previo entre selecciones para arreglar un resultado que beneficiaba a ambas y dejaba fuera a Argelia, pero el duelo fue un teatro y llevó a la FIFA a cambiar las reglas.

Cuando el árbitro escocés Bob Valentine ordenó el inicio del partido, tanto alemanes como austríacos ya sabían el resultado del otro duelo del grupo, que se había disputado el día antes entre Chile y Argelia.

La selección africana había derrotado sorprendentemente a Alemania por 2-1, después perdió con Austria por 2-0 y luego venció 3-2 a Chile. Por la diferencia de goles, Argelia necesitaba que Alemania no ganara a Austria al día siguiente o que venciera por más de dos tantos de diferencia. No le servía el 1-0, que fue precisamente el resultado que se dio.

El encuentro de El Molinón comenzó con Alemania dominando y Horst Hrubesch adelantó a su equipo a los 10 minutos con un afortunado gol con el muslo.

Lo que siguió después fue descrito por el comentarista alemán Eberhard Stanjek como una “vergüenza”, con los jugadores de los dos equipos llevando el balón de lado a lado del campo con monotonía y aburrimiento en un “no partido” y renunciando a pisar el área contraria. El relator de la emisión austriaca invitó incluso a los espectadores a que apagaran sus aparatos.

Los 41 mil espectadores que llenaron el campo de El Molinón sólo tardaron unos minutos en descubrir la farsa. Los abucheos fueron en aumento y pronto comenzaron los primeros gritos: “¡Argelia, Argelia, Argelia!”. Y luego: “¡Que se besen, que se besen!”.

Los jugadores insisten en que no hubo un acuerdo previo. “Cuando íbamos 1-0 hubo algo así como un pacto de no agresión. Fue como una especie de pacto silencioso en algún momento del juego. Pero no me consta que hubiera conversaciones previas al respecto”, dijo Hans-Peter Briegel.

Ese partido tuvo consecuencias:  a partir de entonces la última jornada de grupo en todos los campeonatos se juega el mismo día y a la misma hora. Ocho años después se prohibió el pase al portero (recibiendo éste con las manos) para evitar la pérdida de tiempo.

-DPA