CIUDAD DE MÉXICO, 25 de junio.- El domingo 22 de junio fue el último día que Emmanuel estuvo en Tlanepantla, Estado de México. Él nació en Puerto Cortés, Honduras, le gusta el futbol, aprendió el oficio de la pesca y lleva más de un mes tratando de cruzar territorio mexicano para llegar a California, Estados Unidos. La escala en el estado vecino al Distrito Federal fue para reunir provisiones, juntar dinero y volver a trepar a la Bestia, un tren que parte de Chiapas y en su lomo lleva cientos de migrantes que arriesgan todo para alcanzar el sueño americano.

Emmanuel usa el pelo a rastas, desde hace dos semanas lleva el mismo pantalón de mezclilla, el tiempo que demoró su escala en el Estado de México, y dice que aquí pudo ver dos de los tres partidos que su selección jugó en el Mundial de Brasil 2014.

Le llaman la atención unas estampas  del álbum  del Mundial Panini. Se le permiten escoger las que quiera y elige en su mayoría a jugadores de piel negra, entre ellos a Yaya Touré, atacante de Costa de Marfil. Rechaza la de Rafael Márquez porque dice que “los mexicanos casi no son buenos para la pelota” y recuerda que “a veces, cuando bajamos del tren, en la casa del migrante, nos ponemos a jugar futbol”. 

En su relato, narra que para llegar a Estados Unidos sólo hay dos formas: “con un pollero que te cobra tres mil 500 dólares o siguiendo a la manada desde lejos. Ninguna es segura”.

Antes de subir a la Bestia, también conocida como La devoramigrantes, invirtió tres días en camiones para llegar al estado de Chiapas: “ahí, por Palenque, es donde empieza el recorrido”. El primer obstáculo para los que se atreven a subir el tren que cruza México de sur a norte es la Mara Salvatrucha. “Ellos se suben en Chiapas, ves como se aferran para subirse al tren y algunos acaban abajo de los vagones. Son bien cabrones y se aprovechan cuando va lleno”.

La pandilla delictiva que surgió en Centroamérica atraca a los migrantes que van sobre el tren, los despoja de sus pertenencia, avienta a algunos hacia las vías y “vimos como hincaron a un muchacho, le apuntaron con el cuerno (de chivo) en la cabeza e hicieron que viera cómo violaban a su esposa”.

Según las estadísticas, de cada diez migrantes, tres desaparecen o mueren, tres más serán detenidos  por la autoridades y sólo cuatro cumplirán la meta. 

¿Le tiene miedo a la  muerte?, se le pregunta a Emmanuel. “No. En mi  país ganó 60 lempiras (37  pesos mexicanos) al día,  mi familia es grande y  no alcanza para la comida. Es más fácil que me muera de hambre que en la Bestia.  Lo que  sí me  da miedo es que se descarrile el tren y así ya no llego”.

En Coatzacoalcos,Veracruz, el tren se detiene y Los Zetas aparecen para  cobrarle  a los  migrantes 100 dólares si quieren seguir con su camino por el corredor más peligroso del mundo. “A mí  me apuntaron en el pecho con un rifle,  les rogué que no me mataran y les di todas las cosas que  tenía,  sólo me quedé  algo de plata”, comenta Emmanuel. “También te piden dinero las autoridades, ellos nada más quitan y  no  hacen nada”.

La gente nos tiene miedo, cuando nos ve camina más rápido, esconde sus  cosas y  a veces nos amenazan con que nos van a aventar a la migra, les  digo que espero los acompañe Dios Padre.”

En algunas ciudades “hay señoras que te cobran 30 pesos y  te dan una comida completa, o si no compramos atún, fruta o maruchan, esa sopa está  buena”. 

También “tenemos que conseguir cobijas o chamarras porque cuando el tren va por la montaña, pasa por túneles  y el frío no se aguanta o la lluvia  hace resbaloso el techo”.  Del  Mundial,  Emmanuel dice que los que  más recuerda “es que  le ganamos a México en el  estadio  Azteca”.

Hace cuatro días, él siguió su camino y  volvió a trepar a la Bestia.