RÍO DE JANEIRO.- El día que enterraron a Mané Garrincha, ondeaba una pancarta que decía, “hiciste reír al mundo, ahora lo haces llorar”. Río de Janeiro se resiste a olvidar su máximo ídolo, el hombre al que muchos consideran por encima de Pelé y que sólo pudo ser domado por el alcohol. Murió de cirrosis a los 49 años. La disciplina siempre le fue un estorbo. La vida lo vivía a él a la velocidad de un tren expresso.

Nació en Pau Grande, en el Estado de Río de Janeiro, ahí también moriría cuando era un mendigo famoso que para subsistir hacía comerciales de un café que ni conocía, ni había probado en su vida.

Aquí en Río de Janeiro lo queremos más que a Pelé, si usted hubiera visto lo que era al jugar. Nadie en la historia ha regateado como él ni dejado tantos rivales atrás. Era maravilloso. Su forma de jugar lo hacía ser querido. Lo amamos', cuenta Helenio, un hombre negro de pelo cano solamente en la parte baja de la cabeza. Está a las afueras del Club Botafogo, el hogar de Garrincha y come un sándwich en papel aluminio.

Por las calles se ven los grafittis del ídolo. Mané Garrincha era conocido como el Ángel de las piernas torcidas. Su pierna izquierda era seis centímetros más grande. De niño le dijeron que nunca jugaría futbol y se convirtió en el mejor de todos los tiempos para muchos brasileños. Su hermana le puso Garrincha, inspirada en un pájaro mitológico llamado Cucupira, cuyos pies miraban hacia atrás, aunque su verdadero nombre era Manuel Francisco Dos Santos.

Aquí en Botafogo es de quién más tenemos fotografías e información. Vienen muchos turistas a saber de él. Le gustaba la vida bohemia y no controló el alcohol ni las mujeres, a pesar de todo es un ejemplo para todos por su forma de jugar al futbol y el que escribió la historia del Botafogo y el futbol brasileño. Sin él, el bicampeonato del 58 y 62 no hubieran existido', cuenta Guillerme, guía de turistas del museo y de la sala de trofeos del Club Botafogo.

Garrincha salió de la pobreza para regresar a ella. Su vida fue autodestructiva como sus piernas arqueadas. En el Mundial de Suecia 1958, cuando Pelé era un chamaco al que apenas le salía el bigote, Garrincha mantenía relaciones sexuales con varias rubias hipnotizadas por su color de piel. Era un consumado cazador de amores. Con el paso de los años se reconoció a un hijo que tuvo en una de estas aventuras y que visitó su tumba en el cementerio de Raiz da Serra en Pau Grande. Nunca pudo superar el éxito que voló junto a todo su dinero.

Nació en una favela y según creemos nunca le importó tanto el futbol como la diversión”, relata Helenio, “algunas vez jugando futbol aquí se recuerda que dejó el balón a propósito en una carrera y el defensa seguía persiguiéndolo sin darse cuenta que la pelota se quedó muchos metros atrás. Nunca se enteraba de cómo quedaban los partidos o cuántos goles había metido'.

Con el Botafogo hizo 243 anotaciones, muchos de ellos dedicados para enamorar a la cantante de samba Elza Soares que se casó con él a los 12 años. Se le presumen a Garrincha 14 hijos regados en Brasil y otro en Suecia, con cinco mujeres distintas. Su padre fue alcohólico también y nunca lo atendió, como tampoco hizo nada por sus 25 hermanos. Garrincha a pesar de sus piernas y su mala cabeza salió adelante pero regresó a la pobreza y la perdición aunque ahora vive en el corazón de todos.

fdr