CIUDAD DE MÉXICO, 23 de junio.- Jean Louis Bingna, frecuentemente, relata la historia de un joven príncipe que rogó a su padre para que perdonara a un condenado a 200 latigazos, acusado de no llevar la piel de una pantera a palacio. El hijo del culpado, años después, se convirtió en secretario de la presidencia y una noche viajó 400 kilómetros para avisar al Príncipe que el gobierno de Camerún se disponía a matarlo. Él mismo es ese Príncipe que salvó a uno de sus súbditos, y desde entonces (2011) escapó hacia México para salvar la vida.

Louis Bingna nació como Príncipe en el Palacio de Bamoun, en Camerún. Mide 1.95 metros, admira a Muamar Gadafi, calza del 12, y en su dedo anular porta dos anillos.

El primero sobresale por la joya que tiene en el centro, representa poder y es la herencia de su abuelo, Ruben Um Nyombe, autor intelectual en la independencia de los países africanos, incluida la lucha racista en la Sudáfrica de Nelson Mandela. El segundo es dorado y  tiene un grabado que significa su conversión de musulmán a cristiano: “Larga vida, sólo con Cristo”.

Bingna integraba uno de los cinco partidos políticos, entre 300, que se oponían a la reelección del presidente Paul Biya, quien está en el poder desde 1982. Debido a su arrastre, el gobierno lo consideró una amenaza y lo puso en el primer lugar de la lista para ser asesinado.

Jean Louis y la mesa directiva de su partido decidieron salir del país. Francia, Estados Unidos, Canadá y Alemania les ofrecieron asilo político.

La madre del Príncipe, tras un sueño, le recomendó no refugiarse con gobiernos que tuvieran relaciones cercanas con Camerún. Hoy, de los siete que escaparon, Bingna es el único que llegó a México (se dedica a enseñar francés) y aún sigue con vida; los demás aceptaron asilo de esos países y ya están muertos.

Antes que Príncipe, Bingna se considera revolucionario, recuerda que se escapaba de la guardia real para jugar de defensa central y acepta que la selección es un símil a la realidad de su patria; aunque el equipo liderado por Samuel Eto’o es el único motivo de unión en su país.

Camerún es un pueblo de futbol, pero la gente del poder hace todo para que su sobrino o su hijo vaya a un Mundial. La selección no es de la gente porque la gente no es rica. En Camerún, la lista la manda el ministro de educación”, comenta.

Explica que la demora que tuvieron los Leones Indomables en su arribo a Brasil fue porque el gobierno de Camerún no repartía el dinero que FIFA dio por participar en la Copa del Mundo. “Un jugador de mi selección gana la cuarta parte que un mexicano por jugar el Mundial”, dice.

Los problemas internos que exhibieron en el Mundial los Leones Indomables no representan nada extraordinario. “No se puede unir la selección. Es lo mismo que ocurre en el país, somos 27 millones de población, tenemos 300 etnias y cada una habla su idioma y busca sus intereses; a veces no se entienden nada entre sí. Parece que somos distintos países porque para sentir que somos uno mismo todos debemos hablar igual.”