RÍO DE JANEIRO, 20 de junio.- Estar sentado en un autobús que se mueve pocos metros debido al intenso tráfico de la ciudad es una de las peores experiencias tras una agotadora jornada laboral o de estudio. Mucho más ahora con motivo de la fiesta que vive Río de Janeiro con la llegada de miles de turistas, en particular de Argentina y Chile.

La ciudad carioca tiene disponibles 600 bicicletas del programa oficial para evitar la pesadilla que significa quedarse atorado en un embotellamiento de tránsito. Miles más son las que aportan los brasileños por su cuenta y riesgo.

Y es que los usuarios de las bicis, propiedad de la municipalidad, están convencidos que aquí, en Río, está la ruta más bella de todo el continente.

Pero Río de Janeiro, y posiblemente todas las grandes ciudades de Brasil, viven siempre entre dos extremos: el uso indiscriminado de los vehículos, que crea embotellamientos y tensa los nervios, o sumarse a la creciente corriente bicicletera que intenta ganar su espacio en las rutas de la ciudad.

Bike Rio es un sistema de bicicletas compartidas que opera en esta ciudad.

El programa fue abierto al público en octubre de 2011 y es responsabilidad del gobierno municipal con el patrocinio del Banco Itaú.

El sistema cuenta con 600 bicicletas disponibles en 60 estaciones de alquiler distribuidas en 14 barrios por toda la ciudad. Es una vía de escape en una ciudad atormentada por el tráfico. Y no es que en Río de Janeiro, una ciudad de seis millones de habitantes, no haya grandes avenidas, vasos comunicantes o circuitos periféricos.

A diferencia del programa Ecobici, que se utiliza en el Distrito Federal, aquí es posible rentar una bicicleta, por día… o por mes. También para los extranjeros que la visitan.