RÍO DE JANEIRO, 18 de junio.- La calle es la más colorida de Río de Janeiro. Se llama Alzira Brandao y es famosa porque en cada Mundial, desde 1978, se reúnen los aficionados para presenciar los partidos de Brasil. Es tanta la expectativa en esta ocasión que se juntaron más de 15 mil personas.

Ricardo Freitas es el organizador del evento. Hay calor, humedad, mujeres y hombres bailando, una batucada, serpentinas amarillas y verdes, la bandera de Brasil saliendo de cada una de las ventanas de los departamentos en los alrededores y mucha confianza.

“Empezó todo en el Mundial de Argentina. Mi padre puso una televisión de 12 pulgadas para ver el duelo e invitó a los vecinos. A partir de ahí comenzó la tradición que sigue hasta ahora. Cada Copa del Mundo se hace la fiesta y es grato que cada año se junten más personas”, dice Freitas que como presidente de colonos tiene un lugar especial en un palco.

En medio de la marea amarilla que son las camisetas de Brasil hay un desafío. Una mancha verde se mueve en el centro del hormiguero con una botella de tequila. Se llama Óscar, oriundo de Cancún y tapa su personalidad con una máscara del luchador, Doctor Wagner. Festeja con un júbilo propio del mexicano. Se ha puesto un bigote postizo y su esposa que es brasileña, se abraza a su cuerpo bailador.

“No tengo miedo. La gente en Brasil es muy educada, no corro ningún peligro”, dice jocoso y le regala un trago directo de la botella a algunos brasileños. “Me enteré que en esta calle se hace la fiesta cuando juega Brasil y me vine para acá. No me importa ser el único con camiseta verde aquí.”

Pasan muchos aficionados y varios de ellos preguntan, quién ese ese tal Guillermo Ochoa, dónde juega, por qué es tan bueno y uno más conocedor, que no tiene desmemoria con la camiseta del Flamengo, interrumpe para recordar: “yo sé quién es. Vino con el América al Maracaná en una Copa Libertadores y nos ganaron 0-3 para eliminarnos. Desde ahí sé que es bueno, eso pasó hace unos cuatro años”.