RÍO DE JANEIRO.- El sitio es bello. Está en Flamengo, una de las zonas de clase media en el sur de Río. En una plaza que casi siempre está desierta, sobre todo en un día en el que juega Brasil, una estatua de un indio que sostiene una lanza “mira” al horizonte, pero nadie le hace mucho caso.

Hay una similar en el cruce de Insurgentes y Reforma, en la Ciudad de México. El caso es que la estatua de Cuauhtémoc, la de Flamengo, fue un regalo de México a Brasil en 1922 con motivo del centenario de su independencia. Dos países hermanos que se unieron como quería por aquel entonces José Vasconcelos y que lo dejó plasmado así en su libro La raza cósmica (1925).

Fue en este sitio donde Vasconcelos pronunció un emotivo discurso para alargar los puentes latinoamericanos, pues, decía, estos habitantes tienen tres tipos de raza: la blanca de los colonizadores, la amarilla de los indios y la negra de los africanos.

La estatua de Flamengo muestra a Cuauhtémoc con el brazo derecho sosteniendo la lanza y el otro en el aire en una posición como de guardia. Se lee en el redondel de la calle la placa con el nombre de la avenida que reza la historia de que fue el último emperador azteca que encabezó la resistencia contra los españoles.

Cuauhtémoc es un símbolo de unidad entre brasileños y mexicanos, que por cuarta ocasión se enfrentan en un Mundial de futbol. El partido será en Fortaleza, a más de dos mil kilómetros de Río de Janeiro, pero despertará expectación.

La plaza donde está la estatua de Cuauhtémoc es un poco extraña. La policía civil pasa con la patrulla, pero, en efecto, sin uniforme a la vista. Se conoce este lugar como un sitio de venta de droga por menudeo, así que los peatones prefieren rodear o evitan pasar mucho por en medio.

La inscripción en el pilar solamente reza: “De México a Brasil”, y muestra el año de 1922 en números romanos.

“No conozco nada de este rey. Paso a diario por aquí, vivo a dos cuadras de la glorieta, pero la verdad es que no sé quién es, sólo he visto que tiene algo que ver con México”, comenta Ana Silva, que regresa del supermercado y pasa junto a la estatua del último emperador azteca.