RÍO DE JANEIRO, 13 de junio.- Brasil entró en un momento idílico. El punto neurálgico del país, Río de Janeiro, se estremeció con la marea de gente que se entregó a un frenesí de futbol y cervezas en el Fan Fest.

En marzo el sambódromo abre sus puertas para el Carnaval, pero en esta ocasión la fiesta ardió con una pasión extrema por el debut de Brasil en su copa ante Croacia, y muchos aprovecharon para darle un toque diferente al día de los enamorados que se celebra aquí.

Tumbados en el suelo suave de la playa vieron el triunfo de su selección para sonreír entre besos repartidos.

El apoyo para la verdeamarela es universal. Cientos de aficionados de otras selecciones desfilaron con la camiseta brasileña. Muchos alemanes, japoneses, franceses y holandeses, entre otros, quisieron pisar la arena de la playa en Coapacabana para ver el inicio del Mundial.

Y este no fue del todo halagador. Un autogol de Marcelo puso las manos en las cabezas de casi todos los aficionados. En ese momento, la música empezó a sonar más fuerte. Unas 20 mil personas siguieron las incidencias en las pantallas gigantes mientras una luna llena jugaba a reposarse cerca de la superficie del mar.

Las calles cariocas también estaban sobrepobladas pero la preocupación era mucha. Brasil no jugaba bien y la fiesta comenzaba a enfangarse.

Cada vez que Neymar aparecía en la televisión, la gente coreaba su nombre pidiendo magia. Ésta llegó de un momento a otro pero de igual forma la ayuda arbitral. “Para nosotros fue un penal claro. Lo importante es ganar. Somos el mejor equipo del mundo”, dijo un aficionado que bailaba en la arena por la victoria.

También celebraban con entusiasmo unos argentinos. ¿Por qué uno de la albiceleste festeja un logro brasileño? Su filosofía es sencilla. “Nos vamos a encontrar en la final y para eso necesitamos que pasen la primera fase. Mejor que gane Brasil desde ahora porque después no pararán a Messi. Por cierto, qué duró se ve Croacia. México no la tiene nada sencillo”, comentó un aficionado de Buenos Aires que llegó a Brasil con su hija en brazos.

Poco antes del inicio del partido, una huelga de trabajadores del aeropuerto paralizó parte de Río de Janeiro. Lo mismo pasó en Sao Paulo y Curitiba.

A pesar de los inconvenientes, el carnaval del futbol siguió y el baile en las calles cerradas comenzó a tope.

Como si un hechizo las moviera, las caderas se contonearon al ritmo de la victoria. Río no durmió y espera de un momento a otro entrar en escena con el Maracaná.