CIUDAD DE MÉXICO, 10 de junio.- La portería de una selección en un Mundial no se conforma con un simple guardameta. La responsabilidad sobrepasa las razones y el público normalmente exterioriza que el que está bajo los tres postes necesita más allá de reflejos y seguridad, arte, espectáculo y porte.

Es muy difícil cumplir con todos los parámetros. Miguel Herrera definió su cancerbero tras mucho misterio y dilemas para el juego ante Camerún, dejando hasta el último momento la posición que tal vez tenga mejor resguardada. Difícil complacer a todos.

Le pasó  a Óscar Conejo Pérez en Sudáfrica. Nadie le transmitía la sensación de creer en él. En el último jalón, le ganó la carrera a Guillermo Ochoa, causándole una frustrante herida.

Fue bien complicado. Había muchas críticas por mi edad, pero resulta que la experiencia es la virtud del portero. A nosotros, Javier Aguirre nos avisó hasta un día antes de la inauguración. Recuerdo que entrenábamos sin saber quién sería el titular y en la noche previa al debut enfrente de todo el grupo me dijo que era yo”.

Óscar Pérez es sincero cuando acepta que no fue su mejor experiencia, no por lo que haya hecho en el campo en donde nunca desistió ni tuvo errores, sino por todo el entorno que rodeó su titularidad.

Creo que no lo hice mal. El gol de Tshabalala nadie lo detenía. Conforme pasaron los minutos y los partidos me sentí mejor. Se me quedó grabado que Aguirre me dijo después de darme la titularidad que si no detenía bien, ninguno de los dos, él y yo, regresábamos a México”.

Esa decisión técnica, contrario a lo pensado, no causó conflicto en los porteros del Tri. Guillermo Ochoa, lejos de mostrar una mala actitud, ayudó al Conejo en todo momento, aunque ciertamente se sintió dolido por no quedarse con la portería.

Ochoa se portó como un caballero en todo momento. Nunca hizo un mal gesto o un desplante, conmigo siempre fue buena persona. Me abrazó y deseó suerte. Es importante que esté el equipo unido para que no haya conflictos ni rencillas”.

Todos los jugadores llegan con el corazón como un tambor a un Mundial. Hay nervio, ansiedad y algo de incertidumbre, pero en el caso de la portería la presión abarrota el sistema nervioso.

Son muchas las cualidades que debe tener un portero para ser de selección en un Mundial, aunque también muchas de éstas dependen de lo que quiera el entrenador. Se puede jugar por aire o salir jugando con los pies, es cuestión de gustos. Lo más importante es entrenar a tope, cuidar mucho los reflejos que son sustanciales y salvaguardar la cabeza. Estar bien tranquilo, porque en el momento que los nervios rebasan la tranquilidad, todo sale mal. Deben estar unidos los tres, porque finalmente todo puede pasar y en cualquier momento uno de ellos puede entrar”, finalizó Pérez, tres veces mundialista.