CIUDAD DE MÉXICO, 21 de mayo.- Aquel Atlético de Madrid, el de los hombres más que de los campeones, exigía en cada partido que los jugadores se arremangaran las camisas para tratar de disminuir el sufrimiento. Eran los años 70 y el eje del club rojiblanco era un argentino con melena rockera de suburbio al que le apodaban Ratón y lo bautizaron en Avellaneda como Rubén Ayala.

Siempre ha sido el Atlético un equipo que se hace a méritos porque su historia es la del dolor. Hace 40 años llegaron a su última final de Champions League y la perdieron desastrosamente en un segundo juego en Bruselas ante el Bayern Múnich, porque el primero lo habían empatado.

Fue el partido importante que se perdió Rubén Ayala, quien vive desde hace más de 18 años en Pachuca. No pudo estar porque lo expulsaron en el campo del Celtic en semifinales, en lo que se denominó la batalla de Glasgow, por una fuerte entrada a McNeill que le acarreó un castigo de tres juegos de suspensión.

Sabía que me había excedido, era para llevarme preso por esa entrada. Esa noche nos echaron a tres del equipo y sacamos el empate en Celtic Park.”

Fue una doble amonestación, la primera se la ganó al taparle el despeje al portero con las manos.

Te queda una sensación grave por no jugar la final, pero ese equipo era increíble, toda la institución. Recuerdo una vez que entré con el presidente Vicente Calderón a pedirle para un auto, quería un Mercedes y me dijo que no había dinero. Días después le pedí para comprarme un departamento y me lo dio, es decir, te mostraban la responsabilidad que tenían de hacerte hombre, antes que fubolista”.

El Ratón llegó a los 22 años y nunca tuvo problemas de adaptación. A Hugo Sánchez en más de una ocasión desde la tribuna llegaba un grito racista de ¡indio, indio!, “pero eso realmente pasaba en Bilbao. En Madrid siempre trataban muy bien a la gente, más si era futbolista.”

Para ser jugador del Atleti se tiene que estar dispuesto a todo con tal de defender un puesto en la élite. Ayala fue parte de un equipo intenso que no mostraba grietas y que era dirigido artísticamente por Juan Carlos Lorenzo y con jugadores como el capitán Adelardo Rodríguez, José Luis Capón, Luis Aragonés y Ramón Heredia que llegó de Argentina con Ayala.

Ganamos la Liga de forma imponente, pero perdimos la Champions con el Bayern Múnich. El partido jugado en Bruselas nos lo sacaron de último minuto del tiempo extra cuando Goerg Schwarzenbeck pateó a la desesperada y le hizo el gol a Miguel Reina. El duelo se repitió a las 48 horas y el Bayern nos metió cuatro goles.”

Una semana antes de la final, la peña futbolística que siempre ha acompañado al Atlético de Madrid, reunió a los hombres que consiguieron llegar hasta la última instancia en Champions como lo han hecho ahora los chicos de Diego Simeone.

Fue un homenaje espectacular, recordando todo y cantando el himno del Atlético un poco a la gitana”.

El Atlético siempre se abre paso a codazos entre propios y extraños. Tiende a formar equipos familiares y únicos y acostumbra a su afición al dolor antes que a la caricia. Es un equipo que sale desde las venas para llegar al corazón.

Del que fui parte era un equipazo, más que el Real Madrid y el Barcelona juntos, los goleamos en esos años. Teníamos a Reina, Francisco Melo, José Gárate, Jose Capón y Javier Irureta que eran seleccionados españoles; Ramón Heredia, el panadero Díaz, Heraldo Becerra y yo estabamos con Argentina, todos eramos jugadores de selección.”

Con los años, el Atlético jugaría una Intercontinental que ganaría a Independiente, curiosamente el rival odiado del equipo que vio nacer a Rubén Ayala en el futbol, Racing. “Las copas no son cosa de todos los días en el Atlético, pero se quedan para siempre”.