CIUDAD DE MÉXICO, 19 de mayo.- Escribir o hablar de España y México es un placer especial que me permite evocar muchas cosas que nos unen. Una de ellas es la pasión por el deporte en general y por el futbol en particular. Confieso que disfruto con los éxitos del deporte español. No puedo ocultar mi alegría por ver cada día a más deportistas mexicanos en la élite del deporte mundial. Igual alegría me produce ver cómo los españoles desean los éxitos del Tri y cómo los mexicanos animan a la Roja. El partido que hace cuatro años jugó la selección española en el Azteca después de ganar su primer Mundial, fue una fiesta difícil de olvidar.

Entre México y España existe una profunda relación y unos intensos vínculos culturales, familiares, políticos, comerciales y, por supuesto, futbolísticos. La primera imagen que recuerdo del futbol mexicano fue cuando, allá por la década de los años 70, dos famosos futbolistas españoles, Pirri y Asensi, cruzaron el Atlántico para jugar en el Puebla. Aquello que empezaron los pioneros Pirri y Asensi, y que luego continuaron Michel y Butragueño  en el Celaya, o Guardiola en los Dorados de Culiacán, se ha convertido en algo habitual. Hoy nadie se extraña de ver futbolistas mexicanos en la liga española ni españoles jugando en México. Luis García o Tamudo son algunos ejemplos de los últimos españoles que han desembarcado en México.

 No puedo dejar de citar a Hugo Sánchez, un mexicano sin el cual no se entiende el Real Madrid de su época, aunque comenzó su carrera en España en el Atlético de Madrid. Un deportista que se integró y quiso como propio al club que lo recibía. Lo mismo que Rafa Márquez años después en el FC Barcelona. Aunque si alguien simboliza la unión del futbol mexicano y español hoy por hoy ese es el Vasco Aguirre. Probablemente la persona que mejor entiende la idiosincrasia de dos escuelas futbolísticas al mismo tiempo tan diferentes y tan cercanas.

 Pero ya no se trata sólo del Real Madrid o el Barcelona. Guardado, Vela, Héctor Moreno o Giovanni dos Santos han demostrado que los jugadores  mexicanos están entre las grandes estrellas que pisan los campos españoles. Gracias a todos ellos, los mexicanos siguen con fervor la liga española. Si a un mexicano le preguntas “¿a quién le vas?”, escucharemos cualquier equipo de Primera o Segunda División como Celta de Vigo, Sevilla, Racing de Santander, Osasuna, Deportivo, Málaga, Villarreal, Real Sociedad, Mallorca, Valencia o Sporting de Gijón, entre otros muchos. Es la mejor prueba de la maravillosa consolidación de lazos familiares, culturales, históricos, sociales, que nuestra memoria colectiva ha ido tejiendo en torno a lo hispano-mexicano. Además la riqueza hispana está perfectamente reflejada en la diversidad futbolística a través de la que también se expresa la pluralidad del gusto mexicano por el futbol español.

 No hay nada más reconfortante que seguir un partido de la Liga de Campeones en México. Es como estar en España. El futbol y su pasión se comparten. Se vive entre amigos, en familia. Los mexicanos entienden de futbol, les gusta y aman el buen futbol. Siguen a sus jugadores mexicanos por Europa y quieren que triunfen.

 Este año, la final de la Liga de Campeones la jugarán por primera vez en su historia dos equipos de la misma ciudad: Real Madrid y Atlético de Madrid. En Lisboa habrá mexicanos animando a uno y otro equipo. Seguro que disfrutarán con el partido tanto o más que cualquier español. Dicho esto, felicito a todos los aficionados del Sevilla F. C., allá donde se encuentren, por su reciente triunfo en Turín, campeones de la UEFA Europa League, nada menos.

Estamos en año de Mundial, un año especial para españoles y mexicanos. Todos hemos hecho ya nuestros planes para ver los partidos y los más afortunados, para viajar a Brasil. Precisamente México es uno de los países que más entradas ha comprado para el Mundial, lo que supone un gran protagonismo del público mexicano. Al hablar de Mundial y de México me viene a la cabeza el inolvidable Mundial del México ‘86. Las imágenes que guardo de aquel Mundial son muchas. Cómo olvidar aquella noche mágica del cinco a uno de España contra Dinamarca en el estadio La Corregidora de Querétaro con cuatro goles de Butragueño. Recuerdo también una imagen de televisión antes de empezar el partido de cuartos de final entre España y Bélgica en el estadio Cuauhtémoc de Puebla cuando una cámara se paró ante una enorme pancarta donde se leía: “Puebla con España”. Sentí cómo México apoya a España y cómo el estadio estaba volcado con la selección española, fue un privilegio contemplar aquella pancarta tan sincera.

Este año el Mundial vuelve a América Latina donde el futbol es pasión. España es una de las candidatas al título dada su condición de vigente campeona del mundo y doble campeona de Europa. Ningún país había logrado ser campeón del mundo y dos veces de su continente de forma consecutiva.

 El exitoso futbol español de los últimos años, pilotado por Luis Aragonés y su continuador, Vicente del Bosque, se ha convertido en el exponente de un cambio en la mentalidad de los españoles. En nuestra conciencia colectiva se había  inoculado artificialmente la idea de que en ese deporte nos distinguía la “furia”. En realidad era una implícita apelación a la fuerza como sustitutivo de las carencias técnicas del futbol de nuestra selección. La metáfora de este cambio revolucionario, que ha desembocado en un futbol elegante bautizado como el “tiqui-taca”, se reconoce perfectamente en la imagen del mítico gol de Zarra a Inglaterra en el Mundial de Brasil de 1950 (España se clasificaba por primera vez en su historia como uno de los cuatro mejores equipos del mundo) frente al gol de Iniesta en el mundial de Sudáfrica de 2010 que nos hizo campeones del mundo gracias a un futbol de alta escuela que, esperamos, se repita en Brasil.

 Muchos mexicanos volarán a Brasil para ver el campeonato y para seguir a su querido México. Los españoles estamos sin duda con la selección mexicana y los mexicanos lo estarán con la selección española. Yo apoyaré a España en el Mundial con todas mis fuerzas y animaré a México de todo corazón. Auguro un apasionante  Mundial en el que todos disfrutaremos del mejor futbol y donde deseo que gane el mejor, y que los mejores sean España y México.

 

*Embajador de España en México