LEÓN, 17 de mayo.- Entre pescadores y mercaderes de madera, en una de las  provincias de Ecuador, Walter Ayoví desarrolló la pericia suficiente para escalar en el futbol y convertirse en uno de los capitanes de la selección de su patria. El futbolista, el último de diez hermanos, es la carta más  importante del Pachuca para el juego de definitivo de la final del Clausura 2014 contra  el León.

Crecí en una ciudad muy chica, Esmeraldas, donde la gente se dedica siempre a la pesca, a sacar madera, por ahí otros ingresos. Hay muchos jugadores que no tienen la oportunidad de tener un pasaje para subirse al camión para irse a entrenar. Son sacrificios que uno tiene que hacerlos para salir adelante. Mi mamá fue papá y mamá para mí, fui mimado por ser el último, pero sí fue un entorno difícil”,  comenta Walter  Ayoví, mediocampista del Pachuca.

La  provincia de  Esmeraldas se conoce por su altos índices delictivos y por ser uno de los  semilleros más prolíficos del futbol de aquel país. Cuando Walter Ayoví  vivía ahí, todavía no era uno de los jugadores más importantes de la zona, pero se le conocía por ser  el menor de sus diez hermanos y era famoso por las veces que escapaba del colegio  para jugar con sus amigos del barrio. Cada vez que regresaba a casa su mamá  lo recibía con  regaños por descuidar los estudios.

A mí me toca que me digan que me vaya a estudiar, pero siempre fui malo para el estudio. Me enfoqué en algo que siempre me gustó y empecé a ir a jugar. Mi mamá siempre me regañó por dedicarme al futbol hasta que un día alguien le dijo que su hijo tenía mucho talento para patear la pelota”, recuerda.

Los regaños para el capitán del Pachuca cesaron hasta que  un  día un visor se acercó a su  familia para explicarles que Walter tenía buenas hechuras para el futbol. Su estatura  y corpulencia le permitía desempeñarse en el mediocampo  y su talento con el balón le ayudaba a acomodarse en la lateral izquierda. Su  madre, ante el árido panorama que lo rodeaba, dudó en permitirle  a su hijo dedicarse por completo al balompié. 

Una de las  hermanas de Ayoví fue la que convenció a su madre de  permitirle enrolarse en algún equipo de futbol. El resto de sus hermanos ayudaron a que el  mediocampista ecuatoriano se alejara de los vicios de su provincia y a los 19 años debutó en la Primera División.

Mi hermana empezó a convencerla de que me metiera a un equipo de futbol. Mi mamá tenía miedo que me fuera por otro camino, mi barrio era un poco pesado y todos se iban a las fiestas, a otras cosas, pero a mí ni las fiestas me gustaban”, relata Ayoví. 

El ecuatoriano llegó en 2009  a México y con el Monterrey conquistó dos veces el título de liga. El pasado semestre fue contratado por el Pachuca y tras ser expulsado en el juego de semifinales, tuvo que ver la final de ida contra el León desde la grada. En el juego definitivo contra los esmeraldas, Ayoví es la carta más importante de Enrique Meza.

Soy un afortunado en la vida. Imagínate, de diez hermanos soy el último de todos y el que tuvo la fortuna de tener un don para el futbol. A otro de mis hermanos le gustaba el futbol, pero debía trabajar antes de jugar. Tenía cinco años cuando mi mamá se separó y, pues, no tuve mucho, mis hermanos se van a trabajar. Ahora estoy aquí, en la final”, señala Walter Ayoví, capitán del  Pachuca.