CIUDAD DE MÉXICO, 15 de mayo.- El 9 de julio de 1994, 20 años y seis días después de que Brasil cayera derrotado ante Holanda en el Mundial de 1974, los brasileños se cobraron la revancha.

Romario, Bebeto, Dunga, Branco, Aldair, Jorginho, Mauro Silva, Taffarel y Branco pusieron la música para hacer bailar a los holandeses. 

El partido fue electrizante: cuando se pensaba que el Scratch du Oro se impondría con facilidad, después de lograr una ventaja de dos goles gracias a Romario (53’) y Bebeto (63’), quien meció imaginariamente una cuna en el clímax de su festejo,  vino la reacción de los europeos.

Dennis Bergkamp marcó al minuto siguiente (64’) y, mientras los cariocas trataban de reaccionar,  tan sólo 12 minutos después, llegó el empate por medio de Aron Winter.

El primer tiempo se emparejó por todos los lados del campo. Brasil proponía, quería marcar la pauta de un ritmo propio, aunque la incomodidad provocaba que los caminos se hicieran más cortos y terminara relegando la posesión de la pelota.

Romario y Bebeto hacían de guías en la exploración de ataque: por más obstáculos que encontraban, decidían tomar la decisión de burlar y encarar a todo holandés que apareciera.

En la mitad de la cancha la lucha se dividió en dos grupos. Por un lado estaban Frank Rijkaard y Wim Jonk, impidiendo que Holanda perdiera estabilidad tanto con el balón como sin él.

Como rivales constantes tuvieron a Mauro Silva y Dunga, dos futbolistas por demás temperamentales que, con una mezcla de clase y vértigo,  aceleraban los contragolpes hasta llegar al arco contrario.

Pocas veces se vio a los brasileños correr detrás de la pelota, acaso sólo después de los dos goles, porque después fueron ellos los principales ejecutores de las jugadas.

Apenas arrancó la parte complementaria, Brasil volvió a hacer paredes, engaños y toda clase de combinaciones geniales.

Aldair recuperó un pase y mandó un pelotazo a Bebeto, quien entró por la banda izquierda y metió la pelota en el área holandesa. Ahí llegó Romario, definiendo con clase el 1-0 que brindaba un respiro de tranquilidad para los cariocas.

El acoso empleado por el equipo de Carlos Alberto Parreira provocó un nerviosismo mayor en el desempeño de su rival. Fue precisamente tras un desacierto defensivo que Bebeto robó la redonda, eludió a Wouters con un movimiento y burló con facilidad al portero De Goey para el 2-0.

Ese día nació una de las celebraciones que más se recuerdan en la historia de los mundiales: Bebeto corrió jubiloso a concelebrar el gol con sus compañeros de equipo, juntó los brazos y de un lado a otro los movió como cargando al pequeño Mattheus, su hijo, quien había nacido un día antes.

Sus cualidades fueron fundamentales para catapultarlo a la cima del futbol mundial: especial regate, disparo potente con ambas piernas y, sobre todo, una gran inteligencia para conducir las jugadas. Además, poseía un carisma infranqueable.

Holanda empató, pero no fue suficiente. De no haber sido por el tiro libre de Branco, que ingresó casi al raz del césped en el arco holandés faltando nueve minutos para el final, otro final habría tenido la historia entre ambos.

Hoy demostré a todos los que me criticaban que no estoy acabado y que aún puedo ayudar mucho a la selección brasileña”, dijo Branco, con la misma fuerza que denota el nombre. “Este ha sido el partido más importante de mi carrera y de mi vida”.

No faltaron las inconformidades en el cuadro holandés, sobre todo de su técnico, Dick Advocaat, quien alegó algunas decisiones arbitrales que terminaron pesando en el resultado.

En el segundo gol de Brasil, todo el mundo vio que Romario estaba adelantado. Esto no debería suceder en este nivel de partidos”, remarcó.

La selección brasileña conquistaría pocos días después su cuarta Copa del Mundo, acabando con 24 años de sequía. Sin embargo, Parreira recordaría aquel partido ante Holanda como una de las piedras filosofales de su camino al éxito.

Han habido muchas críticas de personas que no entienden nuestra propuesta, pero quiero aclarar que nunca hemos intentado jugar a la europea. No entiendo esa falta para conceptualizar nuestro futbol. Lo único que hemos hecho es darle organización al equipo cuando no tienen el balón, porque sólo con ese orden y una mejor defensiva podemos aspirar al campeonato”, apuntó.

El verde y amarillo, los colores brasileños, predominaban en las graderías sobre el naranja holandés. “México está con Brasil”, se leía en los letreros de aficionados mexicanos en apoyo al Scratch.

El Cotton Bowl vibró cuando se juntaron los futbolistas brasileños en medio del campo. Ahí estaban Romario y Bebeto como principales héroes, detrás le seguían Dunga, Mauro Silva Cafú y el portero Taffarel.

Mientras nosotros mantengamos nuestro estilo y personalidad de la cancha, llegaremos hasta donde nos lo propongamos”, avisó Parreira antes de enfrentar a Suecia en las semifinales del Mundial. “El equipo física y mentalmente está listo para esta última semana.”

Los brasileños se impusieron a los suecos por la mínima diferencia y luego tuvieron que enfrentar a Italia, en un partido que se extendió hasta la tanda de penales.

Desde los once pasos falló Marcio Santos, por Brasil, y Baresi, Massaro y Roberto Baggio por la escuadra azzurra. Acertó Albertini y Evani, aunque al final los goles de Romario, Branco y Dunga definieron al campeón del mundo.

 

Branco hace  bailar a Brasil

“Revancha, Holanda los eliminó en ‘74”, así tituló el Periódico de la Vida Nacional la victoria de Brasil sobre el cuadro holandés

Adolfo Cortés V.

DALLAS.- Un disparo de larga distancia de Claudio Ibraim Vaz Leal Branco cuando restaban sólo nueve minutos por jugarse en la segunda mitad, se incrustó en el rincón izquierdo del marco del arquero Ed de Goej para darle así a Brasil un triunfo histórico por 3-2 ante Holanda, que los regresa a una ronda semifinal por primera vez desde 1970.

La tensión en las atiborradas tribunas del Cotton Bowl que registró una entrada de 68 mil 996 aficionados -tercer lleno en seis juegos disputados en esta subsede- se rompió en la segunda mitad, cuando se vivió intensamente este duelo con cinco goles en los últimos 45 minutos luego que la primera mitad con excesos defensivos de ambos cuadros había finalizado empatada a cero goles.

Sin embargo, Brasil en sólo 10 minutos de la parte complementaria con el duo de jugadores que han desequilibrado a diferentes defensivas en este Mundial, Romario y Bebeto, fabrica dos goles cuando apenas se habían jugado 17 minutos.

La respuesta holandesa con un estilo diferente, de torneos largos y fuerza no se hizo esperar y en una de las reacciones más espectaculares necesitaron sólo 10 minutos para igualar la pizarra ante la algarabía de sus seguidores.

Empero, la torcida que esperó ansiosa este duelo para tomar la revancha del Mundial de 1974 donde Holanda ganó a Brasil 2-0 para terminar sus aspiraciones campeoniles, vio fructificado sus cantos y bailes cuando Branco cobró magistralmente un tiro libre y sorprendió al arquero De Goej.

El resultado permite a Brasil regresar a California donde el próximo miércoles, en el Rose Bowl, afrontará en semifinales al vencedor del duelo Suecia-Rumania.

MAL INICIO

Teniendo condiciones ideales para la práctica de este deporte con una temperatura de 27 grados centígrados y 82% de humedad en el ambiente, se inició el duelo que en los primeros 45 minutos se caracterizó por una excelente exhibición defensiva de ambos conjuntos.

Pese a la férrea marca personal que prevaleció, Brasil tuvo las tres mejores oportunidades de anotar en el primer tiempo donde lo mejor sin duda fue el ambiente que se vivió en las tribunas, aunque con el transcurrir del tiempo todo mundo bajó los ánimos debido a lo soso del encuentro.

Romario , sin duda el jugador más peligroso de Brasil, sólo en dos ocasiones se pudo quitar la marca personal de Valckx para disparar desviado sobre el marco defendido por De Goej.

Lo mejor en estos primeros 45 minutos es el ambiente en las tribunas debido a que en el campo el juego se tornó soso, rudo y con mucho nervio de ambos conjuntos.

MEJOR FINAL

Con la más bella jugada ofensiva del partido, Aldair pone en el minuto siete de la parte complementaria un pase perfecto para Bebeto que se lleva a su marcador de toda la tarde (Wouters) para poner un pase perfecto al arribo de Romario, quien rubrica su cuarto gol del Mundial para poner a Brasil en ventaja 1-0.

¡Brasil... Brasil! cantan los torcedores en la tribuna. El scratch du Oro juega armoniosamente y Bebeto y Romario hacen trizas a sus marcadores.