TURÍN, 15 de mayo.- El Sevilla, como hace siete años en Glasgow, cuando logró su segunda Europa League (entonces Copa UEFA) ante el Espanyol, volvió a tener de cara la tanda de penales y se llevó su tercer título de campeón de este torneo y además prolongó la maldición del Benfica, que perdió su octava final.

El equipo español tuvo peor nivel que el Benfica, que no supo transformar en gol las numerosas ocasiones que tuvo y que lo pagó muy caro en la tanda de penales.

Los pronósticos daban como favorito al equipo que dirige Jorge Jesús, que se presentó en la final después de eliminar a rivales de peso como el Tottenham o la Juventus, además llegaba como campeón de la Liga lusa, de la Copa de la Liga y clasificado para jugar también la final de la Copa de Portugal.

No obstante, existía la duda del rendimiento con ausencias destacadas por lesión, como la del defensa luso Silvio y del mediocampista serbio Ljubomir Fejsa, así como la de los sancionados, el argentino Enzo Pérez, su habitual organizador, el también argentino Eduardo Salvio, hombre importante en misiones de ataque, y del media punta serbio Lazar Markovic.

Aún así, el equipo lisboeta tomó el mando del partido y exigió mucho al conjunto que entrena Unai Emery, que pronto vio cómo dos jugadores se cargaron con tarjetas amarillas: Federico Fazio y Alberto Moreno.

La segunda parte empezó como terminó la primera, con el agobio de los españoles en la defensa ante el empuje de los portugueses, que no supieron anotar.

El tiempo corrió a favor del Sevilla con el 0-0 en la misma medida que las ansias de ganar del Benfica, lo que produjo algunos huecos.

Los tiempos extra presentaron lo mismo, por lo que se dio paso a los penales en la portería donde estaban los seguidores españoles. El Sevilla entonces hizo un pleno de cuatro transformaciones, con la definitiva del francés Kevin Gameiro y el Benfica logró dos y tuvo los fallos de Rodrigo y el paraguayo Óscar Cardozo ante la buena respuesta de Beto, con lo que el trofeo se lo adjudicó el equipo español.