CIUDAD DE MÉXICO, 14 de mayo.- Hablar de futbol es algo delicado para una argentina que lo hace en México. Hablar de futbol en el único país fuera de la Argentina en el que mi selección ganó la Copa en 1986 es aún una aventura arriesgada, que trae recuerdos eternos, tan eternos como el discurrir de Diego Maradona desde el centro del campo, en el Estadio Azteca, esquivando un escarpado mar de piernas para depositar la pelota, sumisa e inalcanzable, junto al palo izquierdo de Peter Shilton. Y todo esto es por la gran pasión que el futbol, y todo lo que lo rodea, genera en las aficiones argentina y mexicana.

Huelga explicar que la pelota no reconoce ni clases sociales ni edades ni prácticamente estados de ánimo, sino que es, me animaría a decirlo, una de los grandes sucesos transversales y abarcativos que disfrutamos y con los que convivimos realmente a diario. Eso no implica que el futbol no genere ideologías ad hoc (a veces más encarnizadas que las políticas) en la Argentina; las disputas en torno al bilardismo y al menottismo a veces han amargado más tardes de café que la política “grande”. Me tocó presenciar en México polémicas análogas.

Por supuesto que la Copa del Mundo multiplica y profundiza estos sentimientos, y, aun más, los vuelve nacionales. “Nuestra selección”, “nuestro equipo”, “nuestros jugadores”, “la Argentina”, “México”, son los conceptos que transitan las conversaciones de las cafeterías, las peluquerías, los tianguis, las mesas de nuestras casas, y los muchachos que cantan nuestros himnos pasan a ser, mal o bien, nuestros héroes, en tanto somos ciudadanos de un país, miembros de una nación, que, además, tiene la fortuna de que su plantel nacional esté entre las 32 selecciones que participan del magno evento. Quedar fuera de un Mundial es una catástrofe inmerecida que debería borrarse del universo de los acontecimientos posibles.

Amo profundamente a los dos países porque uno, la Argentina, me dio la vida y el otro, México, me la devolvió. Y aquí en mi otra  Patria disfruto a diario de la Liga MX, de la Copa MX y de la Concacaf. También sigo a los equipos mexicanos en la Libertadores. Con orgullo veo a muchos futbolistas argentinos en cada torneo mexicano, que se desempeñan con pasión y profesionalismo. Algunos llegando a tener el privilegio de vestir la playera del Tri. Guille Franco o el Chaco Giménez nos despiertan tanto interés jugando para el Tri, como si jugaran para nuestra selección; será porque el Tri también es para muchos Argenmex “nuestra selección”.

Y disfruto del juego de aquí, tanto como del de allá. Voy a ver partidos a los estadios, sigo los programas deportivos (futboleros), acompaño a las delegaciones de futbolistas que representan a la Argentina o una parte de ella, como cuando vienen los clubes, en los diferentes torneos que en estas tierras aztecas se organizan. Presentamos libros de futbol y hacemos charlas. Puedo decirles que la pasión de ambos pueblos por el futbol está absolutamente imbricada, como lo están nuestras sociedades.

El próximo Mundial será el segundo que vivo en México como embajadora y claro que me produce muchos sentimientos encontrados, que he logrado sobrellevar. Ya estamos especulando con posibles resultados, eventuales rondas clasificatorias, equipos titulares, resultados posibles, etc. Y todo me genera un gran entusiasmo porque no deja de ser una fiesta, un momento de encuentro más que de desunión; un Mundial de futbol es lo más parecido a la llegada del hombre a la Luna, por la cantidad de personas viendo un evento al mismo tiempo: media humanidad hermanada en 90 minutos.

Brasil 2014 nos convoca a honrar una de nuestras señas de identidad más entrañables: la cultura del futbol, esa que nos dio días de gloria y de tristeza, ésa que nos hace invertir miles de horas de nuestras vidas con el corazón en la mano, esperando el silbato del final, que nos declare campeones o nos salve del descenso; da igual, en todo caso y como dice el poeta, lo que el árbol tiene de florido, vive de lo que tiene sepultado.

Por todo ello, no puedo dejar de expresarles mi único sentimiento: ¡Que en Brasil gane el mejor futbol y el mejor trabajo en  equipo!

Ojalá la selección argentina  alcance esos  objetivos.

 

*Embajadora de Argentina en México