CIUDAD DE MÉXICO, 13 de mayo.- Una noche antes de jugar los octavos de final del Mundial de México 86, la selección de Argentina se reunió en el lobby de su hotel de concentración para charlar sobre la importancia del juego contra Inglaterra.

Jorge Valdano prendió el televisor en espera de que alguno de los programas mexicanos recordara la Guerra de las Malvinas y explicara la importancia que tenía el encuentro para ambos representativos.

Los jugadores de la albiceleste querían escuchar que su nación no olvidaba a los 746 soldados que murieron en la lucha por recobrar la soberanía de las islas que se encuentran en el sur del Atlántico y la afrenta que significó tener que rendirse el 14 de junio de 1982, al reconocer que el éxito era casi imposible.

Ninguna de las señales mexicanas recordó el hecho. Valdano habló con algunos periodistas reconocidos y preguntó por qué no habían mencionado el suceso. La respuesta fue que se tenían programados los especiales para después del partido.

Inglaterra, a su vez, puso poco énfasis en el conflicto que había finalizado cuatro años antes. Es verdad, ninguno de los jugadores de ambos equipos habían estado en la guerra, aunque Diego Armando Maradona y sus secuaces aspiraban a lograr un homenaje a los jóvenes que combatieron en las Malvinas.

Al mando de ese equipo estaba Carlos Salvador Bilardo. El técnico de Argentina, dos días antes del juego, pidió a sus utileros que le consiguieran playeras nuevas para sus futbolistas.

Los organizadores decidieron que la albiceleste debía jugar con la playera de color azul y el entrenador consideró que se necesitaban playeras más cómodas y menos pesadas para jugar a la una de la tarde, en el Estadio Azteca. Los utileros encontraron las casacas, de la marca Le Coq Sportif, en una tienda del Distrito Federal y contrataron a un grupo de mexicanas para que bordaran a mano el escudo de la Federación Argentina de Futbol, además de que hicieran los números con pequeñas lentejuelas.

“Como en el sorteo que se hizo antes del duelo con Inglaterra se determinó que, otra vez, debíamos vestir la camiseta azul, hablé para tratar de confeccionar un equipo nuevo que no sofocara tanto a los jugadores”, rememoró Bilardo, en su  autobiografía Doctor y campeón.

En Inglaterra, la prensa festejaba que su representativo volvía a los cuartos de final después  de tres Mundiales sin conseguirlo. Con las playeras hechas minutos antes de iniciar el partido, los jugadores albicelestes se presentaron en el Estadio Azteca para vencer a Inglaterra.

El entrenador Robert Robson presumía de tener en sus filas al goleador del certamen, Gary Lineker, y sólo el representativo de Portugal los había vencido durante el Mundial de México 86.

Argentina, aún criticada por las dificultades que tuvo para clasificar al Mundial, llegó a los cuartos de final sin perder ningún partido y con  Maradona como su gran estelar.

Ante los más de cien mil espectadores que asistieron al Azteca, Inglaterra dominó el primer tiempo del juego contra Argentina. Nery Pumpido, arquero de la albiceleste, evitó que el entonces delantero del Everton, Gary Lineker, anotara algún tanto.

Diego Armando Maradona cambió el sentido del encuentro. Al minuto 51, Peter Shilton saltó por el balón y el Pelusa hizo lo mismo, pero en el último instante Maradona golpeó el esférico con el puño y provocó que el balón se colara al arco.

El portador de la casaca número diez de la albiceleste festejó con sus compañeros el tanto, mientras que Terry Fenwick, en ese entonces jugador del Queens Park Rangers, era el primero de los ingleses en correr a reclamar la anotación con la mano.

“Fue la mano de Dios”, dijo Maradona cuando le cuestionaron los periodistas sobre el primer gol contra Inglaterra.

No hubo tregua contra los ingleses después del primer tanto. Los elementos de Argentina se animaron con el tanto de Maradona y cuatro minutos después surgió uno de los mejores goles de toda la historia.

Inglaterra todavía no se reponía del 1-0, cuando Maradona destrozó a la mitad de los futbolistas de la isla.

El Negro Héctor Enrique le pasó la pelota a Maradona en el mediocampo. “Con el pase que le di a Maradona, si no hacía gol era para matarlo”, dijo Enrique años después.

Tras recibir el esférico, Maradona emprendió la carrera, de menos de 12 segundos, que ninguno de sus rivales supo frenar.

Diego se ganó el calificativo de genio al superar a seis futbolistas británicos y culminar su obra con el 2-0, jugada que, después de 28 años, registra más de 100 mil reproducciones en internet.

“Es para llorar, perdónenme. Maradona, en recorrida memorable, en la jugada de todos los tiempos. Barrilete cósmico. ¿De qué planeta viniste, para dejar en el camino a tanto inglés, para que el país sea un puño apretado gritando por Argentina? ¡Argentina 2, Inglaterra cero! ¡Diegol!. ¡Diegol! Diego Armando Maradona. Gracias Dios, por el futbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2, Inglaterra cero”, narró el cronista uruguayo Víctor Hugo Morales desde un palco de prensa del Estadio Azteca.

Inglaterra respondió a los dos tantos de Argentina hasta el minuto 81. Mark Hateley se escapó por la banda izquierda, envió un centro y Gary Lineker apareció para rematar en el área chica, el 2-1, pero más adelante no pudo generar peligro.

Argentina logró el homenaje a los combatientes de las Malvinas. Cuatro años atrás perdió en los campos de batalla la guerra en las islas del sur del Atlántico, pero en el césped del Azteca vencieron a Inglaterra.

Sólo Maradona fue autoridad

Diego Armando Maradona llevó a la selección de Argentina a una victoria de 2-1 sobre su similar de Inglaterra para avanzar a las semifinales del XII Campeonato Mundial de Futbol. En una escenificación de tango, el sueño del pibe, ante la mirada de 114, 580 aficionados mostró sus cualidades, dignas del más célebre artista, al trazar sobre la grama del coloso de Santa Úrsula uno de los más bellos goles de los que se tenga memoria en esta clase de torneos.

El hambre de triunfo exhibida por Maradona fue determinante para que la escuadra albiceleste mantuviera vivas las esperanzas del continente americano, ahora deberá de enfrentar el miércoles entrante en el Estadio Azteca a Bélgica.

Cuatro minutos en el segundo tiempo le bastaron a Diego Armando Maradona para consolidar la victoria de los sudamericanos con anotaciones que provocaron el alarido de la multitud, sobre todo en el segundo, donde el eje de los argentinos mostró toda la excepcional habilidad con la zurda.

Como si en sus piernas tuviera un cincel esculpió una belleza de gol. Tomó el esférico en su propia cancha y, en su zigzagueante trayectoria dribló a los defensivos británicos, hasta llegar al área. Se abrió hacia la derecha y con hábil finta sacó de la jugada al portero Peter Shilton, al tiempo que se cerraba un defensor británico, pero con un giro de cintura también burló y mandó un tiro rasante y suave que se anidó al fondo de la portería.

Este segundo gol despejó todas las incógnitas que provocó el primer tanto de Maradona, donde con gran maña superó al portero británico, llevándose el balón con la mano para introducirlo en la cabaña inglesa. Las airadas protestas de dos zagueros que siguieron al árbitro tunecino Ali Benaccur fueron inútiles, pues éste lo dio por bueno.

El duelo entre el campeón mundial de 1978 y el del 1966 se inclinó claramente, desde el comienzo, en favor de los argentinos, quienes respondieron a la batuta de Diego. Sólo él fue autoridad en la carpeta verde del Azteca, dominó todos los sectores de la cancha y, con gran maestría, constantemente engañó a su marcador Fenwick.

Los ingleses no encontraron fórmula alguna para neutralizar sus inquietantes avances, sino la sucesión de faltas que el argentino toleró, aunque, en ocasiones, hubo de ser atendido por el cuerpo médico, como cuando recibió un fuerte golpe en la cabeza. Los andinos tomaron el mando de las acciones desde los primeros giros del balón, con las sobresalientes actuaciones de Ruggeri, quien anuló, en la práctica, a Lineker y Cucioffo, que hizo otro tanto con Beardsley.

Se jugaba el minuto 80 cuando los británicos acortaron la diferencia. John Barnes envió el balón al corazón del área para que llegara Lineker y rematara con preciso golpe de cabeza, consiguiendo el tanto de descuentos.

Esperaban revancha los argentinos, quienes habían caído ante sus rivales en 1962, durante el Mundial de Chile por 3-1 y el 2 de junio de 1966, en Wembley, por 1-0, donde fueron criticados fuertemente por los británicos. Los albicelestes realizaron en la grama del Azteca un alarde al virtuosísimo futbolístico, mientras que los ingleses tuvieron que recurrir al juego agresivo, sobre todo contra Maradona.

- Fragmento de la crónica de Vicente Gómez publicada en Excélsior