CIUDAD DE MÉXICO, 30 de abril.- Seis deportistas recuerdan sus travesuras e ilusiones: Chelís quería ser sacerdote y Luis Rivera futbolista. El Travieso se soñaba en la lomita y el Diablo Lozoya se llenaba el cuerpo de tierra. El Chapulín Díaz ponía pegamento en los asientos, y Brailovsky quería conocer al Chavo del Ocho.

 

José Luis Sánchez Solá, DT del Veracruz

 

“Era muy aplicado, hasta tercero de secundaria era un niño modelo, ya después me descarrié. Me cambiaron el horario de clases y nunca me acomodé ni volví a ser un buen estudiante. En esos tiempos no se acostumbraba mucho a tener novia. Me dedicaba más a estudiar y a jugar futbol todo el día. ¿Mis héroes? Me acuerdo mucho del papa Paulo VI y de Pelé. Por sobre todas las cosas soñaba con ser sacerdote, siempre fui a colegios católicos, aunque ya cuando tuve un poco de libertad me salí de la jugada. Después quise ser ingeniero hasta que llegué al futbol. Recuerdo que siempre fui líder, llevaba el balón a las retas y era quien escogía primero. En la clase me dieron el grado militar más alto y eso me daba la responsabilidad de pasar lista en el salón. Lo que nunca se me dio fue estar en la escolta. Afortunadamente nunca tuve alguna bronca, siempre fui protegido por los niños más rudos.”

 

Luis Rivera, Saltador

“Desde niño me distinguí por ser muy rápido con las piernas. En Agua Prieta, Sonora. me divertía con las retas entre mis hermanos y amigos. Mi juguete preferido era el balón de futbol, hacíamos las retas dos contra dos y siempre ganaba el equipo donde estaba yo. Era un  extremo veloz y llegué a formar parte de la selección estatal. Era un crack del futbol, pero nunca recibí una oportunidad en el balompié. ¿La pasión por el futbol?, ésa la mantengo y más ahora que, tras ganar dos medallas en la Universiada Nacional que se realiza en Puebla, una televisora me obsequió la playera del Tri y me pidió que grabe un mensaje. También recuerdo que mis padres hacían un esfuerzo para que sus hijos pudiéramos practicar el atletismo. También teníamos videojiuegos como el super nintendo en ese entonces, el game kiu, todo eso era lo que a nosotros nos llenaba como niños.”

 

Jorge Travieso Arce, boxeador

“Yo tuve una infancia dura, pero muy bonita. De niño fui muy trabajador, trabajaba de paquetero aquí en Ley (centro comercial) junto con el Cochulito (Fernando Montiel) trabajamos ahí empacando. Cuando tenía 12 años mi papá tuvo un accidente muy feo, era soldador y se quemó todo el cuerpo y yo me acuerdo que cuando estaba en terapia intensiva le dije que si se salvaba yo iba a ser campeón mundial y gracias a Dios se lo pudimos cumplir. Me acuerdo que nos íbamos a bañar al canal y jugábamos a la roña. Ahora en la actualidad los niños usan mucha tecnología, y en mis tiempos no había nada de eso. Antes jugábamos al trompo, a las canicas, a los hoyitos. Yo jugué mucho beisbol de niño, pero siempre quería ser el mejor, y cuando me di cuenta que para el beisbol yo no podía por la altura porque se ocupan ciertos parámetros a nivel profesional, lo dejé y fue cuando llegué al boxeo.”

 

Yair Lozoya, pitcher de Diablos Rojos

 

“Desde siempre estuve en el beisbol. A los tres años ya jugaba y ya me gustaba mucho, me gustaba jugarlo y ver los juegos de los profesionales, siempre lo fue lo que me gustó.

De chiquito me decían el Niño de la tierra, porque llegaba al campo bien, muy limpio. Mi mamá me lavaba muy bien el uniforme y a los 10 minutos ya estaba lleno de tierra todo, todo el uniforme y la cabeza llena de tierra también.

Cuando jugaba me ponía a hacer montoncitos con tierra y a veces hacía bolitas de lodo y les tiraba a los compañeros.

Una vez estábamos ahí en el campo y le prendí lumbre a un bote de basura, lo bueno es que rápido lo vieron y lo apagaron porque ya se estaba quemando ahí y estaban en riesgo todos los campos de la liga. Me regañaron y me dejaron sin ver televisión ni salir.

Me gustaba mucho ver películas y jugar en la casa. Mi Pobre Angelito fue mi película favorita y yo creo que yo era así de travieso.”

 

Luis Chapulín Díaz, piloto de autos

“Desde niño quería ser piloto. En vez de ver las caricaturas yo ponía las carreras y tenía una especial admiración por Ayrton Senna. No era un niño complicado, pero sí hice travesuras. Recuerdo una en especial y es que en una carrera de enduro le colocamos pegamento al asiento de un compañero piloto. Estas carreras eran de resistencia y a los 30 minutos debíamos hacer cambio de piloto. Cuando pasó ese tiempo, el pegamento se secó y cuando se trató de bajar del coche no podía porque estaba atorado por el pegamento.  Reímos mucho esa ocasión. En otra, cuando era más pequeño, recuerdo que había comprado una paleta de hielo que mi hermana también quería comerse. Para evitar esto, yo la saqué del congelador y la coloqué debajo de la almohada, según yo en un plan muy astuto para evitar que ella me la quitara. Cuando regresé sólo encontré la madera de la paleta y pensé que ella se la había comido, pero no, se había derretido.”

 

Daniel Brailovsky, exfutbolista del América

 

“Era travieso y no aplicado, un caradura, aunque a muchos ese término no les gusta. A los 14 años ya había hecho mi novia a la que hoy es mi esposa. Entre los dos jugábamos a ver quién hacía enojar más a los maestros. No me gustaba callarme las cosas. En la escuela me aguantaba las bromas, pero luego me las cobraba. Alguna vez puse tachuelas en los asientos de mis compañeros y aventaba aviones cada que la maestra se volteaba... hasta que una vez se dio cuenta y tuve que decir que era yo. Si a alguien tenía ganas de conocer desde pequeño era al Chavo del ocho. Sin imaginármelo, cuando me tocó jugar en el América hicimos una gira por Europa en el 83. ¿Sabes quién estaba en el aeropuerto? ¡Roberto Gómez Bolaños! Lo único que pude decirle fue: ‘yo no puedo creer lo que estoy viendo’. Nos tomamos una foto y es de las pocas que tengo guardadas en mi cajón. Fue el personaje que siempre vi cuando niño.”