CIUDAD DE MÉXICO, 29 de abril.- En los instantes en que Obdulio Bandera corría a festejar con sus compañeros de la selección de Uruguay el título de la Copa del Mundo de 1950, en el otro extremo, el portero Moacir Barbosa se quedaba hincado, con los puños apoyados en el pasto, lamentando los dos goles que evitaron el triunfo de Brasil y escuchando los reclamos de los 160 mil aficionados presentes en el estadio Maracaná.   

Moacir Barbosa fue el primer portero negro en representar a la selección de Brasil en un Mundial y fue considerado el mejor arquero de la  justa. Los goles de Uruguay provocaron que sus logros fueran desestimados. 

El originario de Campinas, Brasil, antes de la final, apenas había recibido cuatro anotaciones. El portero brasileño resistió los disparos de los jugadores de Yugoslavia, Suiza, México, Uruguay, España y Suecia, pero el talento no le alcanzó al final.

Las miradas, al final del juego contra Uruguay, seguían en la portería en la que Alcides Ghiggia había anotado el 2-1 definitivo. El tanto que permitía levantar la Copa del Mundo a la selección charrúa por segunda ocasión en su historia. El segundo país más pequeño de Sudamérica venció al más grande.

Los 160 mil aficionados del estadio Maracaná coincidían que la tristeza que provocó el perder el Mundial era culpa del portero del Vasco de Gama.  Las atajadas que Moacir Barbosa logró durante todo el campeonato fueron ninguneadas y los reclamos los señalaban.

Brasil llegó a la final sin perder ningún partido y con la convicción que la Copa del Mundo se quedaría en casa. Un empate era suficiente para asegurar que  la Jules Rimet se quedara por cuatro años en territorio brasileño. Los organizadores habían estructurado la celebración para el equipo de casa. En los túneles se había colocado una escolta militar que iba a acompañar a los jugadores brasileños durante todo el festejo y hasta el presidente de la FIFA, Jules Rimet, había decidido bajar antes del final del partido para preparar la celebración.

El gol de Friaça, al minuto 47, sólo colaboraba todos los pronósticos. El atacante brasileño anotó el primer tanto del partido, tanto que en las plazas púbicas de Brasil  se festejaba al ser transmitido por la radio.

Por su parte, en esos instantes, los jugadores de Uruguay trataban de recordar el discurso de Obdulio Varela. El capitán del equipo celeste dijo “Los de afuera son de palo y en el campo son once contra once”. 

Todo Brasil pensó que no había forma de perder el campeonato del Mundo. Zizinho, Ademir, Jair y Friaça no perdían la oportunidad para disparar sobre la portería de Roque Máspoli, mientras que los uruguayos se dedicaban a defender para evitar que el local aumentara su ventaja.

La sorpresa inició en el minuto 66. Juan Schiaffino anotó el gol que empataba el marcador. Disparó  el uruguayo y Moacir Barbosa no pudo  detener el intento. Alcides Ghiggia, autor del pase previo, festejó con su compañero la igualada.

Sin importar la anotación de  Uruguay, en los pasillos continuaban la preparación para los festejos de la selección de Brasil. Luces de bengala, globos y papelitos de color verde y azul estaban listos para ser lanzados al final del encuentro.

Además de la entrega de la  Jules Rimet, se preparaba el reconocimiento para Ademir, quien era el goleador del torneo y a las afueras del estadio se arreglaba la logística para el recorrido del campeón.

Al 79, Alcides Ghiggia disparó al primer poste y Moacir Barbosa no alcanzó a tapar. El Maracaná quedó en silencio, los 50 millones de habitantes de Brasil esperaron a que sus seleccionados reaccionaran y ahí empezó la condena del portero de Brasil.

Uruguay defendió la ventaja, Brasil no se volvió a acercar a la portería de Roque Máspoli y el partido finalizó con la victoria de Uruguay sobre Brasil.

El presidente de la FIFA, Jules Rimet, salió de uno de los túneles que daban acceso a la cancha y se enteró del resultado hasta que iba camino al centro del campo.

No hubo estallidos de festejo, los globos no aparecieron y ni siquiera se aventaron los papelitos de color amarillo y verde. La escolta militar abandonó su posición y el presidente de la FIFA sólo atinó a ubicar al capitán de Uruguay y entregarle el trofeo de  campeones.

“Todo estaba previsto, excepto el triunfo de Uruguay. Preparé mi discurso y me fui a los vestuarios pocos minutos antes de finalizar el partido (estaba 1-1 y el empate hacía campeón a Brasil). Pero cuando caminaba por los pasillos se interrumpió el griterío infernal. A la salida del túnel, un silencio desolador. Ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso, ni entrega solemne. Me encontré solo, con la copa en mis brazos y sin saber qué hacer”, relató Jules Rimet.

Uruguay abandonó el estadio Maracaná a escondidas, como si hubieran robado la copa que habían ganado a Brasil y tomaban un avión para llegar a festejar en su patria.

A su vez, en Brasil, al otro día, los periódicos reportaban los numerosos suicidios de brasileños por la derrota en la Copa del Mundo y señalaban a Moacir Barbosa como el máximo culpable de la desgracia de la selección local.

Tras la derrota, iniciaron los insultos y los gritos que acompañaron por el resto de su vida al arquero brasileño. El escritor mexicano Juan Villoro describió el suceso como “el portero que murió dos veces”, y  Barbosa no concedió entrevistas hasta pocos años antes de su muerte.

“La pena más alta en mi país por cometer un crimen es de 30 años. Yo llevo 45 pagando por un delito que no cometí”, comentó Moacir Barbosa.

 

 

Uruguay venció a Brasil

RÍO DE JANEIRO.- En la forma más sensacional y contra todos los pronósticos, Uruguay venció a Brasil por 2 tantos a 1, llevándose la Copa del Mundo de Futbol de 1950, veinte años después de haber ganado este trofeo por primera vez. El equipo uruguayo jugó como en sus más gloriosos tiempos, nulificando todos los ataques de los peligrosísimos brasileños y sin permitir que la gran delantera carioca apenas llegara a su meta, magníficamente defendido por Máspoli.

En esta forma, todos los esfuerzos realizados por Brasil, sus brillantes victorias sobre Yugoslavia, Suecia y España, se vinieron abajo, quedando en el segundo lugar de la clasificación y perdiendo seguramente la gran oportunidad de su vida.

160 mil aficionados entraron al Maracaná

Es la segunda vez, en efecto, que Uruguay gana la Copa del Mundo, habiendo logrado la primera victoria en 1930. Sólo otro país: Italia, consiguió dos veces llevarse el trofeo en 1934 y 1938. Pero Italia había sido eliminada en este campeonato a raíz de su primer encuentro, cuando los suecos les ganaron por 3-1, en la fase de grupos.

El segundo tiempo del encuentro

Desde el comienzo de la segunda parte, iniciada en medio de una verdadera expectación, todo el equipo brasileño se lanzó al ataque contra la meta de Máspoli. La actuación sostenida por los uruguayos durante el primer tiempo había sido digna de ser muy tenida en cuenta, y este partido tenía que ser ganado por Brasil inmediatamente o por el contrario, sería la selección de Uruguay la que tendría más posibilidades de conquistar el codiciado título.

El primer gol fue de Friaca

Toda la línea delantera carioca se fue sobre el gol en avalancha, como movida por un resorte. Sin embargo, la defensa de Uruguay pudo rechazar con todo éxito la primera embestida de estos cuarenta y cinco primeros minutos decisivos. Más reorganizada, nuevamente la ofensiva, los equiperos brasileños llevaron un avance en línea para mandar a fondo a Friaça, extremo derecho. Éste, una vez que dribló a dos backs uruguayos, se internó sobre Máspoli y disparó cruzadísimo y muy fuerte. La meta uruguaya caía por primera vez, en tanto que la multitud rugía de entusiasmo.

El empate fue logrado por Schiaffino

Corren veinte minutos de la segunda parte, en una de tantas ocasiones que los atacantes de Uruguay mandan el balón sobre la meta de Barbosa. Varela adelanta a un pase a Ghiggia y el ala derecha del Uruguay se va tras el balón. Ghiggia, quien ahora sí encuentra desmarcado a su compañero Juan Pérez. Éste, según recibe la pelota, manda un disparo potentísimo que se anida en el marco brasileño.  

Uruguay vence a Brasil

Un avance de la delantera brasileña es cortado por Tejera, quien cede rápidamente a Gambetta y éste alarga a Míguez. El centro delantero de Uruguay pasa pronto y en muy buenas condiciones a Juan Pérez, quien, acosado por Danilo y Bauer, cede a Ghiggia. Este dribla una vez más a Augusto y en medio de un griterío emocionantísimo, dispara raso y vence. La Copa del Mundo se le fue de las manos a Brasil.

- Fragmento de la crónica publicada en Excélsior el 17 de junio de 1950