CIUDAD DE MÉXICO, 27 de abril.- Este Cruz Azul es distinto, no le espantan los fantasmas y muestra tener la sangre fría cuando tiene que darle vuelta a desventajas, como la que tuvo ante Pumas, terminando como líder del Clausura 2014, a pesar de iniciar con un cuadro alternativo.

Lo mejor en los primeros 45 minutos no estuvo en el campo, sino en las tribunas. Las aficiones jugaron un partido aparte: de un lado, en la cabecera visitante, los grupos de animación universitarios atacaron con Goyas y provocaron una reacción inmediata por parte de los locales. Fue una lucha constante y de dominio alterno, totalmente contraria a la pasividad con la que sus equipos llevaron el balón y buscaron obtener la victoria.

Con la ausencia de sus titulares, La Máquina arriesgó menos y conservó un ritmo lento sin pretender cambiarlo. En Christian Giménez y Pablo Barrera recayó la obligación de la creatividad en el mediocampo,  pero ni uno ni otro pudo entenderse con Ismael Valadéz para hacer daño en la portería de Alejandro Palacios.

La única jugada que provocó más ruido que los cantos de la gente apareció hasta el minuto 32, cuando Barrera encontró un espacio cómodo para rematar a pesar de que su disparo saliera por un lado.

Casi enseguida, tras un error en la conducción de David Cabrera, el joven Rafael Baca robó la pelota y asistió a Valadez, quien cruzó demasiado su tiro.

Universidad no llegó tanto, pero su intensidad y disciplina táctica le brindaron mayor posesión y algunos centros peligrosos que retuvo el guardameta Guillermo Allison.

Se notó la ausencia del paraguayo Dante López y Emanuel Ludueña (con molestias físicas), quienes, a falta de Martín Bravo (todavía lesionado), habían llevado un peso mayor en los métodos de ataque del conjunto azul y oro. Ni Javier Cortés ni el propio Ismael Sosa pudieron cumplir las mismas funciones.

Después de tanta monotonía, los ajustes empezaron a surgir en el segundo tiempo. El técnico Luis Fernando Tena ingresó a tres de sus titulares disponibles (Alejandro Castro, Rogelio Chávez y Mauro Formica) y cambió por completo la forma de jugar en su equipo.

La Máquina se fue abajo en el marcador tras un cabezazo de Daniel Ramírez, luego de una jugada colectiva en la que fue asistido por el argentino Diego Lagos. No obstante, la reacción resultó llena de coraje.

Chávez empató con un zurdazo en el área de Pumas y, como ilusionista, Formica despistó a sus rivales para desmarcarse y poner el 2-1 en una jugada por el sector izquierdo.

En nada se pareció el primer tiempo al segundo. Quizá lo único comparable fue el apoyo de ambas aficiones.