TORONTO, 21 de abril.- Rubin Huracán Carter, el boxeador cuya injusta condena por asesinato se convirtió en un símbolo internacional de la injusticia racial, murió ayer a los 76 años.

Carter estuvo enfermo de cáncer de próstata en Toronto, hogar adoptivo del nativo de Nueva Jersey. Su amigo, John Artis, dijo que Carter murió mientras dormía.

Huracán Carter pasó 19 años en prisión por tres asesinatos en una taberna en Paterson, Nueva Jersey, en 1966. Fue declarado culpable junto a Artis en 1967, y otra vez en un nuevo juicio en 1976.

Carter fue liberado en noviembre de 1985, cuando sus condenas fueron desestimadas después de años de apelaciones y activismo público.

Su calvario y las presuntas motivaciones raciales detrás de él se dieron a conocer en 1975 en la canción de Bob Dylan Hurricane, así como varios libros.

Dylan se reunió con Carter y coescribieron Hurricane, que termina con estas líneas: Esa es la historia del Huracán/Pero no habrá terminado hasta que limpien su nombre/y le devuelvan el tiempo que ha cumplido/Lo pusieron en una celda de prisión pero él pudo haber sido/el campeón del mundo.

Las condenas por homicidio de Carter abruptamente pusieron fin a la carrera en el boxeo de un exdelincuente de poca monta que se convirtió en un contendiente de peso mediano en gran medida gracias a la ferocidad y la potencia de sus golpes.

Aunque nunca se coronó campeón del mundo, Carter tuvo foja de 27-12-1 con 19 nocauts, y en una pelea memorable derribó al campeón Emile Griffith en el primer asaltó en 1963. También combatió por el título mediano en 1964, pero perdió por decisión unánime ante Joey Giardello.

En junio de 1966 tres personas de raza blanca fueron baleadas por dos hombres negros en el Lafayette Bar and Grill en Paterson. Carter y Artis fueron declarados culpables por un jurado blanco, en gran parte por el testimonio de dos ladrones que más tarde se retractaron de sus historias.

A Carter se le concedió un nuevo juicio y estuvo brevemente en libertad en 1976, pero volvió a prisión para cumplir otros nueve años después de ser condenado en un segundo juicio.

Thom Kidrin, quien se hizo amigo de Carter después de visitarlo varias veces en prisión, dijo que el boxeador “no tenía ningún resentimiento o enojo, de algún modo se puso por encima de todo. Esa fue su gran fortaleza”.

No me iba a dar por vencido”, dijo Carter en 2011. “Sólo porque un jurado de 12 personas desinformadas me halló culpable eso no me hacía culpable. Y como era inocente, me negué a actuar como un culpable.”

Con una red de amigos y voluntarios, que también abogaban por él, Carter salió libre con un fallo del juez de distrito H. Lee Sarokin, quien dijo que el enjuiciamiento había sido “declarado sobre una apelación al racismo en lugar de la razón, y el encubrimiento en lugar de la revelación”.